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Expansión ·

El suelo de Sánchez

Resumen

El "que viene Vox" había perdido solidez, quién sabe si porque el momento "Pedro y el Lobo" había dejado expuesto a Pedro demasiado, en especial en sitios en los que se habían convocado elecciones porque Vox había abandonado. La campaña en Andalucía ha mantenido y ha ampliado esos factores. Vox no es algo a lo que temer porque en casi ningún supuesto ha aterrizado qué hacer en el territorio y sólo ha importado cuestiones de competencia nacional para acabar abrazando el multidimensional "sentido común". La otra cuestión es que los pactos como cuestión se han visto desplazados por la de la mayoría absoluta.

El "que viene Vox" había perdido solidez, quién sabe si porque el momento "Pedro y el Lobo" había dejado expuesto a Pedro demasiado, en especial en sitios en los que se habían convocado elecciones porque Vox había abandonado. La campaña en Andalucía ha mantenido y ha ampliado esos factores. Vox no es algo a lo que temer porque en casi ningún supuesto ha aterrizado qué hacer en el territorio y sólo ha importado cuestiones de competencia nacional para acabar abrazando el multidimensional "sentido común". La otra cuestión es que los pactos como cuestión se han visto desplazados por la de la mayoría absoluta. Se ha hablado de pactos cuando se ha forzado la conversación, pero el interés de verdad estaba en si Juanma Moreno iba a conseguir revalidar resultado. Si no lo conseguía, pues ya habría tiempo para hablar de pactos. Juanma Moreno y su equipo han sabido llevar una campaña que podríamos llamar de "prudencia dinámica": empezó con mucha presencia pero poca política mientras sus rivales lanzaban cuestiones como la Sanidad, los servicios sociales o la prioridad nacional. Pero, a medida que pasaban los días, los segundos se estancaban en esos temas mientras que Juanma Moreno ampliaba movilidad, temáticas y sacaba pecho por aquello que ha marcado estos año de mandato, como el empleo, una cuestión no menor cuando el PSOE mueve su mensaje hacia las clases pasivas, tanto si lo eres como si aspiras a serlo. Un gran mérito de esa prudencia dinámica ha estado en reducir los riesgos, lo que ha provocado que el contrario, obligado a presionar, haya cometido errores que hayan sido, como todos sabemos, de alta intensidad. El patinazo de María Jesús Montero al referirse a la muerte de dos Guardia Civiles en acto de servicio como "accidente laboral" evidenció que el PSOE creía que podía llevar su versión de las cosas todo lo lejos que quisiera para convencer a su público, lo que se demostró falso. Además demostró que Pedro Sánchez podía llevar a María Jesús Montero todo lo lejos que quisiera para mantener su narrativa, lo que se demostró cierto. Así que la gran pregunta sería ¿por qué Pedro Sánchez ha puesto como candidatos a dos de sus ministras y a un imputado? Carlos Martínez, en Castilla y León, fue un elemento extraño: fuerte en su tierra, haberlo descabalgado hubiera supuesto más ruido que beneficio. Logró apenas 14.000 votos más que Luís Tudanca en las elecciones de 2022 quién, entonces, había perdido 114.000 votos sobre las elecciones de 2019, en pleno apogeo del Gobierno Bonito. Tudanca, de hecho, ganó esas elecciones pero no le dio la suma de escaños para gobernar. Eran los tiempos en los que Pedro Sánchez aparecía como un negociador paciente, en los que no cambiaba de opinión, en los que la amnistía era un inasequible, en los que una nueva izquierda se había elevado en Europa y hasta en Nueva Zelanda con Jacinda Ardern; era el mejor de los tiempos para una nueva revolución que demostraría a los votantes americanos lo equivocados que estaban por haber elegido a Trump. Hoy Trump está de vuelta y el PSOE lo ha tomado, junto a Israel, como el asidero que les permite sacar la cabeza de su propia ineficiencia, ineficacia, incapacidad, indolencia, incoherencia, indiferencia, irresponsabilidad... hagan su elección y no hay mínimo de opciones que puedan seleccionar. Agarrados a Trump y alimentando cierto antisemitismo, evitan hablar de aquello que les cubre de tal forma que lo único que queda a flote es la cabeza. Estas cuatro elecciones dejan una explicación para indagar en cómo el PSOE se ha dejado arrastrar de esta manera desde el mes de diciembre: ante cuatro elecciones perdidas por el impacto de Pedro Sánchez sobre el electorado, el PSOE ya sabe dónde está su suelo en 22 provincias. Esto se puede completar con las 4 de Galicia y con Madrid y ya tendría un mapa de inasequibles al desaliento en más de la mitad de las provincias en juego para unas generales. Incluyo Madrid porque Óscar López tendría que cambiar mucho para salir de una percepción más cercana a la de María Jesús Montero que la de Pilar Alegría, siendo válida ninguna de las anteriores. Por lo tanto Pedro Sánchez cuenta con una información relevante y es de dónde parte dentro de un sistema de izquierda fragmentada y, por lo tanto, ineficiente. A esto hay que añadir que, como hemos visto también en estas cinco elecciones, si contamos con Galicia, que el candidato que decide poner la izquierda radical al frente de la candidatura importa, lo que nos lleva a plantear si Belarra, Montero (Irene), o Bustinduy son los mejores para suceder a dos líderes fallidos por no haber mantenido cierta coherencia entre la responsabilidad y el personaje a cargo de ella como puedan ser Pablo Iglesias y Yolanda Díaz. ¿Es por esto por lo que necesitan a Gabriel Rufián? Puede ser. El caso es que ahora le queda, a toda esa legión de asesores que habitan el edificio de Semillas en Moncloa estudiar ese suelo, ver si el llamado "efecto Sánchez" les vale para mejorar y entender qué sacar de una izquierda radical fragmentada que les pueda ser útil. Enrique Cocero | Consultor y analista político