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El gravel se está comiendo las bicis de montaña y de carretera… pero eso no significa que sirva para todo

Resumen

A lo largo de la historia, pocas ideas han provocado una revolución tan grande en el universo del ciclismo como el gravel. Lo curioso es que ahora mismo es el segmento que más crece, pero está atrapado en una encrucijada que empieza a distorsionar las auténticas fortalezas del invento. Y eso no es culpa de la bici, sino de lo que estamos haciendo con ella. El gravel no surgió en un laboratorio lleno de ingenieros locos.

A lo largo de la historia, pocas ideas han provocado una revolución tan grande en el universo del ciclismo como el gravel. Lo curioso es que ahora mismo es el segmento que más crece, pero está atrapado en una encrucijada que empieza a distorsionar las auténticas fortalezas del invento. Y eso no es culpa de la bici, sino de lo que estamos haciendo con ella.

El gravel no surgió en un laboratorio lleno de ingenieros locos. Es, básicamente, la evolución natural de una bicicleta que se empezó a usar a principios de siglo en el Medio Oeste de EE. UU.: Kansas, Iowa, Nebraska… donde hay redes enormes de ‘gravel roads’, pistas agrícolas compactas, ideales para moverse dando pedales.

En un momento dado, los propios usuarios empezaron a adaptar sus bicis para que rindieran mejor en ese terreno. Relajaron la geometría, abrieron el paso de rueda, metieron desarrollos más lógicos y buscaron la manera de poder rodar durante horas sin que la máquina o el que la usaba acabaran destrozados. Y así nació el gravel.

El gravel se está comiendo las bicis de montaña y de carretera… pero eso no significa que sirva para todo
Una ciclista se detiene en un puente sobre un río de montaña en Centroeuropa, escenario perfecto para el gravel: pistas compactas, paisajes abiertos y la posibilidad de enlazar kilómetros sin que el terreno deje de acompañar.Anna Mardo

Pero donde llegó su auténtico ‘boom’ fue en Centroeuropa. Alemania, Austria, Países Bajos… El gravel encajó a la perfección con sus pistas interminables en buen estado, su tradición de cicloturismo y su forma de entender la bicicleta como un medio para recorrer muchos kilómetros y durante mucho tiempo, usar alforjas y hacer turismo enlazando asfalto y tierra. Es la bici ideal para viajar cargado con comodidad, para rodar rápido sin complicarse la vida y sin verse limitado por el terreno.

Es decir, exactamente para lo que estaba pensada.

El problema ha venido después, cuando esa idea original ha viajado a otros sitios con otra cultura ciclista y otros terrenos. Países en los que venimos de la montaña, la trialera, la piedra, del “a ver hasta dónde”. Y es ahí donde se ha empezado a empujar el material más allá de su zona natural y han empezado los equívocos. Aquí entran dos factores clave: nuestra tendencia a buscar los límites… y las redes sociales.

Las redes han amplificado la idea de que con una gravel puedes ir por cualquier sitio. Basta abrir Instagram o YouTube para ver a ciclistas metidos en senderos imposibles, bajadas de MTB y terrenos rotos donde la bici parece funcionar como la seda. Son imágenes espectaculares, enganchan, generan clics. Pero también construyen un relato que no es del todo cierto.

El gravel se está comiendo las bicis de montaña y de carretera… pero eso no significa que sirva para todo
Nathan Haas, al frente del grupo en la Serenissima Gravel, una de las carreras que ejemplifican el salto del gravel al ciclismo profesional.NurPhoto

Con una gravel puedes meterte por muchos sitios. Pero eso no significa que sea la herramienta adecuada para ellos. Y ese matiz es el que se está perdiendo.

El diseño y el peso del gravel lo convierte en un cohete subiendo y rodando por caminos en buen estado, pero tiene una limitación evidente: las bajadas. No hace falta que el terreno sea especialmente técnico. Basta con que haya cierta inclinación y algo de irregularidad para que ni la bici ni el que va montado en ella vayan a gusto del todo.

En un camino de montaña hay muchos factores a tener en cuenta. Puedes tocar una piedra de lado, equivocarte en una trazada, entrar en una piscina de arena, comerte una pequeña torrentera... Entonces llega el trallazo, el susto, pero una MTB está hecha para salir airosa de esas situaciones. El balón, la geometría, la posición y la capacidad de absorción juegan a tu favor. No hablo de tramos técnicos, sino de situaciones cotidianas que forman parte del camino.

En gravel, esas mismas circunstancias se pueden volver peligrosas. No porque el ciclista sea peor, sino porque la bici tiene menos herramientas para resolverlas. Neumáticos demasiado finos y con un dibujo mucho menos agresivo, menos absorción, un manillar más estrecho que da menos control incluso con flare y una geometría que no está pensada para eso.

El gravel se está comiendo las bicis de montaña y de carretera… pero eso no significa que sirva para todo
Una bajada al límite en gravel resulta natural, y hasta sencilla, en manos de profesionales, pero puede poner en grandes aprietos al ciclista medio.NurPhoto

Una gravel puede bajar, claro. Pero no con la misma confianza, ni con el mismo margen, ni con la misma seguridad. Y cuando el camino se rompe un poco de verdad, deja de ser una cuestión de ritmo para convertirse en una cuestión incómoda. Se ven brazos tensos, dolor de cervicales, frenadas largas, trazadas defensivas. Se nota que la bici no está en su sitio.

Lo más curioso es que, en la última década, las marcas han evolucionado las bicicletas de montaña justo en sentido contrario: más balón, más estabilidad, más control, manillares cada vez más anchos, geometrías cada vez menos nerviosas.

En medio de todo este maremagnum, la industria tampoco parece tener del todo claro hacia dónde tirar. La carretera está en un punto de madurez evidente. La MTB también. Pero el gravel sigue en plena búsqueda de identidad. Empieza a haber modelos que se acercan peligrosamente a bicis de montaña sin suspensión, con neumáticos cada vez más anchos y geometrías menos lanzadas. Y otros que parecen bicicletas de carretera a las que se les ha añadido un poco de comodidad extra, e incluso suspensiones en la horquilla y tijas con absorción. Es como si se estuviera buscando una máquina total que, simplemente, no existe.

El gravel se está comiendo las bicis de montaña y de carretera… pero eso no significa que sirva para todo
Gravel por el Alt Empordà: caminos de tierra, pueblos medievales y kilómetros de paisaje abierto en el corazón de Cataluña.Artur Debat

Y es curioso, porque el hueco original que vino a llenar el gravel era clarísimo. La bicicleta perfecta para el cicloturismo moderno: cómoda, versátil, rápida en pistas, razonable en asfalto, con desarrollos suaves que permiten subir sin destrozarte y una posición menos agresiva que la de carretera. Una bici para rodar horas, para viajar, para disfrutar del camino sin obsesionarte con ir deprisa.

Y ahí hay otro detalle importante: en carretera hay gente sobre gravel que te llevará con el gancho aunque tú vayas con la flaca más aero. Pero eso dice más del ciclista que de la bici. Ese mismo ciclista te llevaría con el gancho en un triciclo. Para la mayoría, la realidad es otra: no es una bicicleta de carreras.

Me encanta el gravel, igual que me encanta la carretera y el cross country. Y lo increíble del tiempo que vivimos es que hay bicicletas perfectas para disfrutar a tope y sacarle todo el jugo a cada modalidad. No hace falta reinventar la gaseosa… aunque quede muy guay en un vídeo.

AS responde

JJosico (España)

El problema es que la gente quiere todo, y no puede ser, yo me compré una "gravel" (Kross Evado 5.0) hace dos años y medio, con la idea de usarla exactamente para lo que yo creía necesitarla: rutas largas por carreteras secundarias, y algún camino, de los más sencillos, de forma esporádica, a un ritmo aceptable (entre 19 y 22 km/h). Y no puedo estar más contento; evidentemente, no es una bici de alta gama (no me apetecía gastarme tanto, porque la uso pero tampoco muchísimo), y, ni en los caminos puedo competir con una de montaña, ni en carretera con una de carretera, pero acabo mis rutas comodísimo (la postura en la de carretera me mata), si quiero apretar en un llano, o una subida larga, puedo hacerlo sin demasiado esfuerzo (en la de montaña no me daba), y casi siempre podría hacer prácticamente lo mismo al día siguiente, y eso, con ya unos años encima, asma, y una buena colección de lesiones (ninguna en la bici) no graves, pero si molestas (nariz, codo, tobillo,...), a mí me compensa la compra que hice.

autor
Mariano TovarRedactor Jefe

Qué tal, Josico. En realidad, tienes el perfil exacto en el que pensaron las marcas cuando empezaron a comercializar gravel. ¡que la disfrutes muchísimo!

AS responde

JJavierDF (España)

Buenas, pregunta primaria, siempre se habla de si badana o culotte con o sin ropa interior..., ya que es un añadido que puede incomodar o no, ahora en verano calzoncillo + badana + pantalón técnico MTB, se puede hacer horrible?, que opinas?

autor
Mariano TovarRedactor Jefe

El culotte nunca se debe llevar con ropa interior. Nunca. Sobre el tema de los pantalones técnicos de MTB, yo no los llevaría nunca, no ajustan bien y, sinceramente, no les veo utilidad. De todos modos, entiendo que en salidas más lúdicas o turísticas quizá sí puedan ser una opción... con badana y sin calzoncillo. En todo caso, hace algunas semanas escribí un artículo sobre el tema en el que lo explico a fondo. Te dejo el enlace. https://as.com/ciclismo/mas_ciclismo/guia-no-escrita-del-culotte-ajuste-badana-y-los-errores-que-arruinan-la-mejor-ruta-del-mundo-f202605-n/

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