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Se rompe la idea clásica: un pterosaurio pudo cazar corriendo y no solo desde el aire

Resumen

Las alas dominaban el cielo mucho antes de que cualquier ave moderna existiera, pero no eran de dinosaurios como suele pensarse. La imagen de que esos animales gobernaban el aire simplifica una realidad más compleja, porque los grandes voladores del Mesozoico pertenecían a otro grupo emparentado: los pterosaurios. Estos reptiles voladores desarrollaron estructuras adaptadas al vuelo activo, con membranas y huesos ligeros que les permitían recorrer grandes distancias. Aun así, esa capacidad no los definía por completo, ya que muchas especies también bajaban al suelo y se movían con soltura.

Las alas dominaban el cielo mucho antes de que cualquier ave moderna existiera, pero no eran de dinosaurios como suele pensarse. La imagen de que esos animales gobernaban el aire simplifica una realidad más compleja, porque los grandes voladores del Mesozoico pertenecían a otro grupo emparentado: los pterosaurios. Estos reptiles voladores desarrollaron estructuras adaptadas al vuelo activo, con membranas y huesos ligeros que les permitían recorrer grandes distancias. Aun así, esa capacidad no los definía por completo, ya que muchas especies también bajaban al suelo y se movían con soltura. Esa doble vida, entre aire y tierra, abre preguntas sobre cómo cazaban, cómo se desplazaban fuera del vuelo y qué papel ocupaban en los ecosistemas. La cuestión no es solo quién dominaba el aire, sino qué hacían cuando dejaban de volar. La formación Jinju guardaba trayectorias cruzadas en una roca Un estudio publicado en Scientific Reports describe unas huellas que podrían indicar que un pterosaurio interactuó con otro animal terrestre, según el equipo que lidera Jongyun Jung, investigador de la University of Texas at Austin y del Korea Dinosaur Research Center. El trabajo analiza un rastro fosilizado que sugiere un posible episodio de movimiento coordinado entre dos animales, con cambios en la trayectoria y en la velocidad. El hallazgo no prueba una caza, pero aporta una evidencia que hasta ahora no existía de forma tan clara: no solo muestra que algunos pterosaurios podían moverse por tierra, sino que pudieron hacerlo deprisa y cerca de otros animales. Esa observación permite revisar cómo se interpreta el comportamiento de estos reptiles cuando estaban fuera del aire. Las huellas aparecieron en una roca de 106 millones de años dentro de la formación Jinju. Ese soporte conserva varias marcas en una misma superficie, lo que facilita comparar trayectorias distintas en un mismo momento geológico. Los investigadores encontraron un conjunto de rastros grandes junto a otros más pequeños que pertenecen a un vertebrado terrestre. La proximidad entre ambos no es casual desde el punto de vista geométrico, porque las líneas se cruzan en zonas cercanas y siguen direcciones que se relacionan entre sí. Jinjuichnus procerus pertenecía a un grupo adaptado para caminar El rastro principal se atribuye a una nueva especie llamada Jinjuichnus procerus. Sus marcas presentan dedos alargados y una forma asimétrica que encaja con los pterosaurios del grupo neoazdárquido. Este tipo de animales tenía proporciones corporales que favorecían el movimiento en tierra, con patas adaptadas a caminar y no solo a despegar. La identificación del rastro, por lo tanto, permite vincular esas huellas con un tipo concreto de pterosaurio y no con otro animal. El detalle más llamativo aparece en el patrón de movimiento. El pequeño vertebrado muestra un cambio brusco de dirección junto con un aumento claro en la longitud de la zancada, un indicio de que aceleró en un momento concreto. Al mismo tiempo, el pterosaurio se desplazaba a una velocidad estimada de unos 0,8 metros por segundo, una cifra alta para su tamaño cuando está en tierra. Esa coincidencia sugiere una posible persecución, aunque no puede afirmarse con seguridad porque también podría tratarse de dos trayectorias independientes que coincidieron en el mismo lugar. Algunos reptiles alados ya se asociaban a cacerías terrestres La posibilidad de que estos animales cazaran en tierra no es nueva. Durante años, varios estudios han propuesto que algunos pterosaurios se comportaban como cazadores terrestres, comparables a aves actuales que caminan y capturan presas con movimientos rápidos. Esa interpretación se apoya en la forma del cuerpo, en la estructura de las extremidades y en otros fósiles relacionados con su alimentación. Los neoazdárquidos, en particular, se han asociado a este tipo de comportamiento por su anatomía. El problema siempre ha sido la falta de pruebas claras. Los fósiles de huesos permiten inferir cómo podía moverse un animal, pero no muestran una acción concreta en el momento en que ocurrió. Por eso, las huellas tienen un valor especial, ya que registran un instante de actividad. Aun así, interpretar ese instante no resulta sencillo porque una coincidencia espacial no garantiza que exista interacción real entre los animales implicados. Los pterosaurios ocuparon distintos modos de vida durante millones de años Los pterosaurios formaron parte esencial de los ecosistemas del Mesozoico, desde finales del Triásico hasta el final del Cretácico. Ocupaban distintos nichos y presentaban dietas variadas, lo que indica una gran diversidad de comportamientos. Algunos se especializaron en capturar peces, otros en aprovechar recursos terrestres, y esa variedad complica cualquier intento de generalizar su conducta. El propio equipo advierte de que el hallazgo no cierra el debate. Jongyun Jung explicó en Scientific Reports que “esta asociación proporciona una posible evidencia de interacción entre un pterosaurio y un vertebrado terrestre”. También añadió que “sigue siendo posible una interpretación alternativa, lo que dificulta confirmar una interacción directa”. Esa cautela refleja el límite de lo que pueden decir las huellas, que muestran movimientos pero no permiten ver el resultado final de la acción.