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El Mundo ·

Ceuta, el Estado en línea discontinua

Resumen

Google Maps es la aplicación cartográfica más utilizada del mundo. Muchos de sus millones de usuarios se habrán interesado en los últimos 52 días por saber dónde está Ceuta, la ciudad en el norte de África desde la que vuelan las imágenes de inmigrantes descontrolados que afianzan la ansiedad identitaria que recorre las sociedades occidentales. La frontera del enclave español con Marruecos aparece trazada en línea discontinua, lo que significa que la compañía tecnológica global traslada que se trata de un territorio cuya soberanía está "en disputa". Ya lo mostraba así antes del 30 de julio, pero es ahora cuando el planeta lo descubre y visualiza los vídeos virales que erosionan la percepción de Ceuta como ciudad europea viable.

Google Maps es la aplicación cartográfica más utilizada del mundo. Muchos de sus millones de usuarios se habrán interesado en los últimos 52 días por saber dónde está Ceuta, la ciudad en el norte de África desde la que vuelan las imágenes de inmigrantes descontrolados que afianzan la ansiedad identitaria que recorre las sociedades occidentales. La frontera del enclave español con Marruecos aparece trazada en línea discontinua, lo que significa que la compañía tecnológica global traslada que se trata de un territorio cuya soberanía está "en disputa". Ya lo mostraba así antes del 30 de julio, pero es ahora cuando el planeta lo descubre y visualiza los vídeos virales que erosionan la percepción de Ceuta como ciudad europea viable. Ahí está el éxito de la operación de desestabilización: en el fallo funcional multiorgánico del Estado que acreditan los documentos desclasificados, pero sobre todo en la debilidad provocadora de la ausencia de respuesta, en el olor que impregna la atmósfera sin que nadie ofrezca un horizonte, en la desesperación de los padres que acompañan a sus hijos al colegio con escolta policial, en el colapso sanitario y los brotes infecciosos. En la degradación sostenida y el declive económico cuando a pocos kilómetros florece el hub industrial del Tánger Med. En la rumiación de la decisión de irse ante tanto abandono. La tesis del CNI es que la invasión civil fue favorecida por la facción del consejero real Fouad Ali El Himma en el contexto de una lucha de poder en torno a Mohamed VI antes de las elecciones parIamentarias, pero es la inacción posterior del Gobierno de España, su declarada incapacidad para devolver a la ciudad la estabilidad y su forma de vida, la que ha permitido a Rabat colocar su ambición en la agenda internacional y proyectar su ascenso geoestratégico como aliado de Trump y aspirante a controlar en solitario la orilla africana del Estrecho de Gibraltar, un espacio vital para la subsistencia de Europa. Esta es la razón histórica de Ceuta: concede a Occidente la fortaleza de estar a uno y otro lado. Estaba escrito que Ceuta y Melilla acabarían insertadas en el anillo de fuego de guerras y amenazas híbridas que rodea Europa. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se lo espetó en febrero a Sánchez en Múnich: "En cualquier momento veremos cómo se usa la migración como arma" en el flanco sur. Esta semana Europa ha dicho en voz alta lo que el Gobierno español lleva 52 días rebajando: que la crisis en Ceuta merece un diagnóstico equivalente a los desafíos en las fronteras del Este bajo la sombra de Rusia. Es el primer gran golpe de mano europeo de Feijóo. El triunfo de Sánchez es haber arrastrado a las instituciones comunitarias a su laberinto embarrado del conflicto ideológico binario. Y esa es nuestra mayor debilidad en la crisis: la profundísima división interna excavada a conciencia por el presidente que impide articular nuestras capacidades disuasorias. España padece un liderazgo desintegrador que antepone sus personales necesidades contingentes a los intereses permanentes del Estado, desposeído bajo su mandato de su sentido primario de comunidad política. El displicente "eso, a Vivas, pregúntele" con el que despachó la pregunta sobre el vergonzoso desamparo de los menores recupera el "si necesitan más recursos, que los pidan" con el que se quitó de en medio los 224 muertos de las riadas de Valencia. Como si su Gobierno pudiera desentenderse. Como si fuera discutible que cada una de las dimensiones de una crisis de tal magnitud y naturaleza son competencia inherente del Estado, nuevamente ausente de su obligación de asistir a los ciudadanos. La invasión en Ceuta desbarata dos banderas identitarias a las que Sánchez fiaba su futuro y su lugar en el mundo: el discurso dogmático inmigracionista y el antitrumpismo temerario que nos enfrenta a nuestro principal aliado militar, combinado con la fallida política de apaciguamiento hacia Marruecos tras la entrega del Sáhara; alguien en Rabat entendió que la colisión con Washington e Israel alteraba el equilibrio estratégico y creaba otra oportunidad. Una respuesta de Estado exigiría enmendarse, pero para Sánchez equivaldría a escribir su propio epitafio. Eso impide la reacción propia de una crisis de seguridad nacional: militarizar la frontera y poner los medios extraordinarios para la expulsión expeditiva de los ocupantes. No puede hacerlo quien lleva años moralizando la cuestión migratoria y asociando la firmeza fronteriza a la xenofobia y la extrema derecha. Es coherente con su vocación pendenciera que el presidente no haga nada por disipar las sospechas que vinculan su indisimulada subordinación hacia Marruecos con el espionaje a través de Pegasus. Sánchez medra en la confrontación y esto es lo que nos espera al final de la legislatura: polarización, sanchismo y propaganda. Los furibundos ataques contra los jueces y las crudas invectivas hacia la Corona anticipan el choque total contra el Estado, en cuyas manos está: la corrupción estallará y la investigación por la dejación de funciones de la cúpula del Gobierno durante la invasión acaba de empezar. Sánchez se cree capaz de todo, pero su resistencia se traza ya con línea discontinua. Si alguien tan cercano como Óscar Puente empieza a hablar del día después, es porque la sucesión ha dejado de ser un tabú. El futuro ya está en disputa.