← Volver
AS ·

Título de Luis Enrique, final de Arteta

Resumen

La tentación recurrente en el análisis menosprecia planteamientos de corte más defensivo como el de Arteta. Parece que convencer a tus jugadores de que la armonía y el deber son premisas obligatorias es una conquista menor. Seguro que Luis Enrique no lo piensa así, después de retener el cartel de campeón tras un encuentro que le exigió vivir en el alambre. El título fue del PSG, pero el desarrollo de la final lo dictaminó el Arsenal.

La tentación recurrente en el análisis menosprecia planteamientos de corte más defensivo como el de Arteta. Parece que convencer a tus jugadores de que la armonía y el deber son premisas obligatorias es una conquista menor. Seguro que Luis Enrique no lo piensa así, después de retener el cartel de campeón tras un encuentro que le exigió vivir en el alambre. El título fue del PSG, pero el desarrollo de la final lo dictaminó el Arsenal.

Hay brillantez en la propuesta del Arsenal, aunque algunos no quieran verlo. Defender también es un arte. Arteta ha logrado que sus jugadores lo entiendan así, con un sentido de la responsabilidad fuera de lo común y una cultura táctica de matrícula de honor. Es un equipo que estrecha líneas, protege su portería con adhesión y se mantiene de pie en circunstancias altamente comprometidas.

El inicio fue del Arsenal. Por el tempranero gol de Havertz y por la superioridad de Arteta sobre Luis Enrique. El técnico gunner sorprendió con un 1-4-2-4 en bloque medio bastante activo, que fue matizando por uno más bajo y ordenado alrededor de su propia área. Odegaard se emparejó con Vitinha, cerca de Havertz, y la idea siempre fue que el PSG no pudiera progresar por dentro donde Rice y Lewis-Skelly dominaron los espacios. Bajo el compromiso de Saka y Trossard, el equipo de Luis Enrique tampoco se estiró por las bandas. El PSG fue previsible, controlado en todo momento por una estructura rival que destacó en el plano colectivo y en el individual. Saliba y, sobre todo, Gabriel ofrecieron un recital defensivo de anticipación y saber estar.

Que el Arsenal consiguiera imponer esa sensación sobre el campeón de Europa significa, al menos, un consuelo. Al PSG le faltó su soltura habitual, entre otras cosas, porque no tuvo verticalidad ni capacidad de sorpresa. Apenas dio con sus referencias ofensivas, casi invisible Dembélé y enjaulado Kvaratskhelia, aunque fueran ellos los que inventaran la acción del penalti, a la postre decisiva para lo que vino después. Fue una jugada que escapó del guion del partido y lo revolvió todo.

El Arsenal concedió entonces lo que antes nunca le había permitido al PSG. Con la irrupción de Barcola, el equipo de Luis Enrique disfrutó de transiciones de verdadero peligro. El extremo demostró su endiablada velocidad, pero también quedó corroborada la percepción de que necesita mayor finura en la finalización para multiplicar su potencial. Ante ese peligro, Arteta reordenó a su equipo con los cambios y logró de nuevo que pasaran pocas cosas en su área durante la prórroga. Pese a Neves, otro que dejó una final magnífica. Si alguien amenazó entre la agonía, fue el Arsenal con el juego directo y el balón parado ante el bajonazo físico general. Los penaltis eran la única solución factible.

Bajo el máximo suspense, el PSG guardó su corona. No tuvo la lucidez que le define, despoblado de sus mejores ideas, pero salvar la papeleta que se le presentó como lo hizo también distingue la inercia de un equipo subido al tren del éxito con todos los méritos. Al PSG se le atribuyen condiciones virtuosas de todo tipo, y poco se habla de su carácter ganador. El Arsenal y Arteta se lo pusieron más difícil que nunca, y, aun así, abrazó el título.

Sentido del orden

Título de Luis Enrique, final de Arteta

Al Arsenal no le importó que el PSG le hundiera con ese repliegue intensivo en 1-4-2-4. Había demasiados jugadores parisinos por detrás del balón, sin capacidad para encontrar posiciones interiores. Rice y Lewis-Skelly, claves.

De fuera a dentro

Título de Luis Enrique, final de Arteta

La jugada del penalti nació de la movilidad de Dembélé y Kvaratskhelia. El futbolista francés, perseguido por un Rice que se aleja después, aparece en el interior y confunde a la defensa. Mosquera no puede hacer nada ante la pared con el georgiano.

Noticias relacionadas

¡Lleva el deporte contigo! Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos.

Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Inicia sesión para seguir leyendo gratis

Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratis
Gracias por leer
Ver original en AS →