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El Mundo ·

Fervor por el Papa en las inmediaciones del Bernabéu: "León XIV les ha pegado un buen repaso a los políticos"

Resumen

El murmullo se convirtió en un clamor en la calle de Concha Espina. Centenares de personas se agolparon en las inmediaciones del Santiago Bernabéu para ver pasar al Papa León XIV en uno de sus últimos actos de su visita a Madrid. Sin embargo, la espera de horas se resolvió en apenas unos segundos: el Pontífice atravesó la avenida como una exhalación a bordo de su coche oficial y entró rápidamente en el estadio del Real Madrid para decepción de muchos de los fieles congregados. Hemos venido desde Guadalajara y llevamos desde las 5 de la tarde esperando y le vimos un segundo», se quejaba Manuela entre la multitud.

«¡Ya viene, ya viene!». El murmullo se convirtió en un clamor en la calle de Concha Espina. Centenares de personas se agolparon en las inmediaciones del Santiago Bernabéu para ver pasar al Papa León XIV en uno de sus últimos actos de su visita a Madrid. Sin embargo, la espera de horas se resolvió en apenas unos segundos: el Pontífice atravesó la avenida como una exhalación a bordo de su coche oficial y entró rápidamente en el estadio del Real Madrid para decepción de muchos de los fieles congregados. «¡Vaya desilusión! No ha traído el papamóvil. Hemos venido desde Guadalajara y llevamos desde las 5 de la tarde esperando y le vimos un segundo», se quejaba Manuela entre la multitud. Otros, sin embargo, celebraban haberle vislumbrado, aunque fuera fugazmente. Es el caso de Ana Mejía y Angelica Cardona, que no podían ocultar su emoción y mostraban con alegría una lámina de León XIV entre las manos. «Ha pasado a la carrera, pero le he visto. Con eso me conformo. ¡Qué emoción!», manifestó Ana, con su rosario al cuello. 'Sentir la fe de cerca' A media tarde, el quiosco de la esquina del Bernabéu, habitualmente repleto de banderas de Mbappé y Vinícius Jr., hacía su agosto vendiendo estandartes con la imagen del Pontífice. Allí compraron Roselyn Rivas y su hermana Ruth, ansiosas por ver al Santo Padre: «Es increíble sentir la fe tan de cerca. Estoy muy feliz». Ana Jiménez, subida a la escalera, y su madre esperando a ver al Papa.JAVIER CUESTA A escasos metros se encontraban Ana Jiménez, subida a una escalera, y su madre Ana Oliva. «¡Si traemos la escalera para ver a los Reyes Magos, no la vamos a traer para ver al Papa!», confiesa Ana, quien asegura que no se ha perdido ni un evento del Papa. «Yo le digo a mi madre que, al final, León XIV la va a reconocer», bromea la hija. Ana se muestra satisfecha con el auge que vive la fe entre los jóvenes: «Antes no nos atrevíamos a hablar de religión o lo hacíamos con vergüenza. Ahora, gracias a movimientos como Hakuna o Effetá, lo hacemos con naturalidad». Un mensaje que cala Pero si algo ha dejado patente esta visita es que el mensaje del Sumo Pontífice ha dejado huella entre los cientos de ciudadanos y se ha ganado el corazón de los madrileños. «El discurso en el Congreso me ha parecido espectacular. Les ha pegado un buen repaso a los políticos criticando la polarización», declara Roselyn. «A mí lo que más me ha gustado es que diga que seamos más humanos y que llevemos a Jesucristo dentro de nosotros», apunta otro asistente. Lucía Villar ha sido voluntaria a lo largo de varios actos y ayer fue al Bernabéu como creyente junto a su hermana y con la pastoral universitaria. «Se ha respirado un ambiente increíble. Se ha notado la energía del Espíritu Santo», relata. Sin referentes Algunos jóvenes han vivido un auténtico maratón para poder seguir el ritmo del Santo Padre y no ocultaron ayer su cansancio después de acudir a la Vigilia, a la Misa de Cibeles y al Bernabéu. Tras la muerte del Papa Francisco, algunos se habían sentido inseguros ante su nuevo referente, pero finalmente León XIV les ha conquistado. Entre ellos se encontraban Daniel Mora y José Mantero, para quienes el mensaje que más ha calado ha sido la necesidad de poner el amor en el centro de sus vidas. Entre la muchedumbre abundaban los matrimonios jóvenes con niños. Es el caso de Macarena y Vicente, que acudieron al encuentro acompañados de sus tres hijos, de cuatro, seis y siete años. Pese a su corta edad, los pequeños soportaron sin problemas las largas horas de espera al aire libre. «Están muy ilusionados. El sacrificio ha merecido la pena para ver a Su Santidad», concluyó Macarena, embarazada de siete meses. Una mujer con sus tres perros esperando para ver al Papa.JAVIER CUESTA