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«No paramos hasta suavizar la prioridad nacional»: el forcejeo entre PP y Vox que se mantuvo hasta el final

Resumen

El intenso debate que ha generado la «prioridad nacional» pactada entre PP y Vox en Extremadura y Aragón tuvo una precuela durante la propia negociación autonómica. De hecho, fue uno de los grandes escollos entre los dos partidos y fue revisado por varias personas, ... más allá de los dirigentes que se sentaban a la mesa. Fuentes presentes en las conversaciones relatan a ABC que el párrafo de la discordia, que ha generado una fuerte polémica, tuvo distintas redacciones; se intercambió en varios momentos con correcciones y apuntes; y, finalmente, los términos iniciales que planteó Vox fueron «suavizados».

El intenso debate que ha generado la «prioridad nacional» pactada entre PP y Vox en Extremadura y Aragón tuvo una precuela durante la propia negociación autonómica. De hecho, fue uno de los grandes escollos entre los dos partidos y fue revisado por varias personas, ... más allá de los dirigentes que se sentaban a la mesa. Fuentes presentes en las conversaciones relatan a ABC que el párrafo de la discordia, que ha generado una fuerte polémica, tuvo distintas redacciones; se intercambió en varios momentos con correcciones y apuntes; y, finalmente, los términos iniciales que planteó Vox fueron «suavizados». El PP insistió hasta llegar a un redactado que no traspasara sus líneas rojas -la legalidad- consciente, al mismo tiempo, de que entregaba una cesión retórica a su rival que utilizaría. «En algo teníamos que ceder. Esto es una negociación . Pero no paramos hasta llegar a ese punto. Y lo que pone en el papel es lo que realmente importa», zanjan fuentes de la cúpula.A pesar de todo, en Génova están convencidos de que el «ruido mediático» que ha provocado el concepto difiere de la realidad que existe en la opinión pública, que en su mayoría avala exigir unos requisitos de vinculación con el territorio para poder acceder a ayudas y prestaciones sociales de la Administración. También están seguros de que la presión disminuirá cuando pasen las semanas, los meses, «y no haya pasado absolutamente nada».Aún así, en los últimos días el quebradero de cabeza ha estado ahí. En el PP encargaron a una empresa demoscópica una encuesta para medir el impacto de la medida, lo que prueba las dudas que tuvieron o, como mínimo, la necesidad de confirmar que tenían el respaldo del electorado. Y según los datos a los que accedió este periódico, lo pudieron confirmar, incluso en un porcentaje significativo de los votantes del PSOE .Noticia relacionada general No No Azcón se convierte en el primer dirigente del PP que repite al frente del Gobierno aragonés Érika MontañésEl partido de Santiago Abascal envió en un primer redactado la exigencia de la «prioridad nacional» sin hacer la mención al arraigo que después salió adelante. Es una de las banderas que Vox defiende desde hace años, aunque hasta ahora no la había llevado al plano institucional en su negociación con el PP, con alguna excepción en la Comunidad Valenciana y Baleares. En realidad, la expresión ya figuraba en su 'Agenda España' de 2021 -el documento político que ha hecho de guía hasta el momento para la formación, que combate activamente la Agenda 2030 y los objetivos de las políticas verdes, defendiendo una especie de alternativa soberanista-. En esa hoja de ruta aparecía dar «prioridad a los ciudadanos españoles en el acceso a las ayudas sociales». En el PP se encendieron varias alarmas .El arraigo, la clavePrimero, no querían que apareciera una referencia expresa a la nacionalidad, precisamente para evitar la discriminación de la que ahora les acusan a pesar de que el acuerdo firmado no contiene esa palabra, como tampoco «españoles». Y, sobre todo, la obsesión de Génova era que la asignación prioritaria de los recursos públicos tuviera en cuenta a los que mantienen «un arraigo real, duradero y verificable», tal y como ya opera en muchas comunidades autónomas como requisito clave en el acceso. Es un mensaje que en las últimas horas muchos dirigentes repiten sin parar: lo pactado con Vox, fuera del ruido y atendiendo a la textualidad, ya está vigente en muchos territorios autonómicos.Apelar al arraigo era la manera de desactivar la «prioridad nacional» en el plano legal . Porque lo que impera a la hora de priorizar las ayudas públicas, al fin y al cabo, es el arraigo; bien por años de empadronamiento, cotización u otras maneras de probar ese vínculo-. Y esa era la máxima preocupación para los negociadores nacionales del partido, Marta Varela -jefa de gabinete de Feijóo y muy activa en esta parte de las conversaciones- y Miguel Tellado , secretario general. Fuera del foco también participó de manera decisiva Alma Ezcurra , número tres del partido y de la que dependen los posicionamientos políticos en inmigración. No hay una postura del partido que no pase por sus manos.En Génova pelearon por el arraigo y asumieron la «prioridad nacional» como «principio inspirador» sabiendo que era una concesión que Vox utilizaríaEn realidad, el decálogo que Alberto Núñez Feijóo hizo llegar a Abascal como base de negociación en el mes de febrero, después de las elecciones de Aragón y ante el temor de que todo saltara por los aires en Extremadura, incluía a este respecto una premisa clave. Los acuerdos se ceñirían «a medidas que legalmente pudieran adoptarse por cada Administración». Es decir, que la legalidad estaría por encima de todo y las competencias autonómicas, también. Una frase que ofendió a su partido rival - «no somos salvajes», dijo entonces Abascal- pero que para el PP tenía todo el sentido ponerlo por escrito.A cambio de imponer el arraigo, como asumen las mismas fuentes, Génova hizo la concesión a Vox de dejar la prioridad nacional como «principio inspirador» . «En una negociación todos tenemos que ceder. Les dimos esa bandera», reconocen en el núcleo duro de Feijóo. Ese 'gol' retórico ha permitido a Vox tomar aire y, al menos, lanzarse con un nuevo discurso en la campaña andaluza. Llevan días agitando el «españoles, primero» y asegurando que esa es su interpretación de lo acordado. La frustración en Génova tiene que ver, precisamente, con eso. Insisten en que «el papel dice lo que dice» porque «no pararon» hasta que quedara así redactado. Asumen, eso sí, que Vox insistirá en proyectar que el texto va más allá.La remigración, punto de desencuentroOtra cuestión que el PP rechazaba de plano, según ha podido saber ABC, era cualquier referencia a un proceso de remigración. En ninguno de los acuerdos aparece esa palabra. Y, precisamente, Vox ha forzado en las últimas dos semanas, en plena resaca de los pactos autonómicos, dos debates casi idénticos en el Congreso con su verdadera propuesta. El punto que ha llevado a los populares a votar en contra las dos veces defendía justamente «proceder a la remigración de todos aquellos extranjeros que, por no contribuir con su trabajo y esfuerzo a la economía nacional, erosionan el estado de bienestar de los españoles». Fuentes del grupo parlamentario confirman que en ningún caso era admisible y, por eso, se plantaron.Algunos diputados del PP veían con buenos ojos la abstención, teniendo en cuenta que hacía solo unos días habían cerrado acuerdos con Vox en dos comunidades y que, el resto de los apartados, sí eran compartidos. Pero en la dirección nacional del partido fueron tajantes: el voto sería no.