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El fuego devora el Embalse de San Juan y arrasa con el conocido camping La Ardilla Roja: "Ves cosas que te llevan el alma al suelo"

Resumen

El olor a pino quemado impregnaba ayer la A-5 en dirección a la capital, anunciando la catástrofe antes de llegar a ella. Un coche ardiendo en una cuneta a las tres y media de la tarde ha bastado para desatar la tormenta perfecta en el extremo occidental de la Comunidad de Madrid. En apenas dos horas, las llamas han devorado siete kilómetros de monte, han cruzado la lámina de agua del Embalse de San Juan y han destruido el histórico pulmón recreativo de la región. En el centro de esta emergencia se ha encontrado Esteban Carrasco, de 72 años.

El olor a pino quemado impregnaba ayer la A-5 en dirección a la capital, anunciando la catástrofe antes de llegar a ella. Un coche ardiendo en una cuneta a las tres y media de la tarde ha bastado para desatar la tormenta perfecta en el extremo occidental de la Comunidad de Madrid. En apenas dos horas, las llamas han devorado siete kilómetros de monte, han cruzado la lámina de agua del Embalse de San Juan y han destruido el histórico pulmón recreativo de la región. En el centro de esta emergencia se ha encontrado Esteban Carrasco, de 72 años. El administrador de los conocidos campings La Ardilla Roja y Monasterio de Pelayos se ha convertido en el portavoz de las más de 100 familias que dependen directamente del turismo en toda la comarca. "El fuego ha avanzado a una velocidad eléctrica", ha relatado visiblemente afectado al recordar cómo el horizonte se ha teñido de negro en cuestión de instantes. En pocos minutos, la situación en La Ardilla Roja ha pasado a ser crítica y el pánico se ha extendido rápidamente entre los clientes que se encontraban disfrutando de sus vacaciones en el recinto. La dimensión del desalojo era enorme, ya que "entre los dos campings había aproximadamente unas 200 personas", ha explicado Carrasco. Mientras el personal intentaba desesperadamente proteger las instalaciones del fuego, el avance descontrolado de las llamas ha demostrado que cualquier esfuerzo manual resultaba inútil. "Estábamos cuatro o cinco trabajadores y un campista con la manguera intentando frenarlo", ha rememorado el hombre. Pero al poco tiempo las fuerzas de seguridad desplegadas en la zona han sido tajantes: "La Guardia Civil nos ha dicho que nos olvidáramos, que no había posibilidad de hacer nada y que teníamos que evacuar inmediatamente". La prioridad absoluta de los equipos de emergencia era salvar vidas a toda costa. El camping La Ardilla Roja antes de que llegara el incendio.El Mundo Primero han evacuado el complejo de La Ardilla Roja a las 17:30 horas; más tarde, hacia las 19:30, le ha tocado el turno al camping de Monasterio de Pelayos. Sin embargo, la extrema virulencia del viento ha obligado a los desplazados a moverse constantemente por los municipios vecinos conforme el denso humo amenazaba los cascos urbanos. "Nos han evacuado primero a Navas del Rey, pero como hoy también han desalojado allí, nos hemos venido a Brunete", ha señalado el hombre. "A este paso terminaremos en Madrid. Esto es un verdadero drama en una zona muy querida por todos donde la gente viene habitualmente a descansar". De primeras, los empleados de ambos alojamientos ya han confirmado lo peor: "La Ardilla Roja está prácticamente quemada al 100%", detallando con pesar que "en cuanto a infraestructuras y alojamientos, solo han quedado en pie los edificios de los servicios". La devastación sobre el terreno es ahora absoluta: "Un trabajador que ha podido subir me ha dicho resignado: 'Todo esto... adiós'", ha relatado Carrasco. Para el hombre, natural de Casillas, este devastador fuego ha puesto de manifiesto la pérdida irreversible de los usos forestales tradicionales que antes mantenían limpios los bosques madrileños. "Con 10 años, cuando había un incendio, todo el pueblo iba unido a apagarlo", ha recordado sobre su infancia en el campo. "Antes la gente trabajaba la resina, recogía la leña y el ganado limpiaba el suelo de forma natural", ha explicado para contextualizar el paulatino abandono rural de las últimas décadas, sentenciando con contundencia que "ahora ya no se trabaja el campo y el monte se ha convertido en un auténtico polvorín". "Con este viento no hay ser humano en el mundo que haga frente a esto", ha advertido Carrasco. El hombre ha hecho un llamamiento desesperado a replantear los protocolos y recursos destinados a la extinción en este tipo de grandes emergencias: "Ya no se puede apagar un incendio con un simple escobón. Hacen falta muchísimos más medios". A la espera de que se estabilice el perímetro y las autoridades permitan el regreso definitivo a los municipios desalojados, los vecinos y trabajadores del Embalse de San Juan afrontan este duro golpe con resignación. A pesar del impacto emocional, Carrasco ha rechazado tajantemente rendirse. "Ves cosas que te llevan el alma al suelo", ha confesado conmocionado, "pero hay que atarse los machos e ir hacia adelante para iniciar la reconstrucción".