Oyarzabal, el triunfo de la normalidad
ResumenNo había ninguna duda de quién lo iba a tirar. En cuanto cayó Lamine Yamal y el árbitro enseñó el punto de cal, las cámaras buscaron a Mikel Oyarzabal. Estaba igual, como siempre, con la misma expresión cuando baja a por unos tomates que se ... «Procuro visualizarlo, identificar lo que tengo en la cabeza, estar en mi mundo para que todo salga bien», dijo nada más acabar el partido que se encargó de abrir y allanar el camino hacia la final mundialista.
No había ninguna duda de quién lo iba a tirar. En cuanto cayó Lamine Yamal y el árbitro enseñó el punto de cal, las cámaras buscaron a Mikel Oyarzabal. Estaba igual, como siempre, con la misma expresión cuando baja a por unos tomates que se ... le había olvidado comprar. «Procuro visualizarlo, identificar lo que tengo en la cabeza, estar en mi mundo para que todo salga bien», dijo nada más acabar el partido que se encargó de abrir y allanar el camino hacia la final mundialista. Su mundo es sencillo, ordenado, con gente como él, sus mismos códigos, auténtica en su naturalidad, un lugar en el que solo cabe la normalidad. «Estoy feliz por el colectivo», añadió con el mismo gesto el hombre que marcó este martes su quinto gol en el torneo planetario que le convirtió en el sexto máximo artillero en la historia de la selección con 30 tantos, por detrás de Silva (35), Morata (37), Torres (38), Raúl (44) y Villa (59).Sonreía Oyarzabal cuando se le preguntaba por sus números, siderales, que una vez más trató de soslayar y tapar con el éxito del grupo. Pero es difícil hacerlo cuando uno acababa de igualar a leyendas de la talla de Butragueño y Villa como el máximo goleador nacional en una Copa del Mundo. El delantero madrileño hizo cinco dianas en México 1986, el asturiano calcó la cifra en Sudáfrica 2010, donde España terminó con una estrella en el pecho, y anoche se unió a este selecto club el atacante de la Real Sociedad. Todo empezó con aquel doblete sellado en apenas 151 segundos frente a Arabia Saudí, siguió con otro contra Austria en dieciseisavos y este martes, en Dallas, llegó la quinta diana en forma de un penalti transformado a la perfección. Maignan adivinó la trayectoria del balón y aún así nada pudo hacer porque estaba fuera de su alcance, ajustado al palo izquierdo de la portería francesa. Imparable. Lo celebró con ganas pero sin excesos, con sus dedos índice y corazón de ambas manos dirigidos al suelo formando la letra eme. Marca registrada. Fue su quinto gol en el Mundial, sí, pero también el número 30 en sus 60 partidos con España. Una auténtica barbaridad. «Ojalá tengamos la oportunidad de estar a la altura», dijo el eibarrés en referencia a la gran final del domingo en el MetLife Stadium de NuevaYork/Nueva Jersey. «Nos hemos ganado el derecho a soñar. Llevamos 50 días de concentración con una convivencia sana que hace que todo sea más sencillo», remató.14 goles en el curso actualEl partido de Oyarzabal fue mucho más que el gol. Fue una lección de táctica, compromiso y lectura de juego, sin olvidar la barbaridad de los kilómetros recorridos. Se le vio en muchísimas fases del choque bajar al centro del campo, cerca de los dominios de Unai Simón, con el que se lio en una jugada defensiva salvada sin contratiempos. Oxigenaba así la salida del balón, se ofrecía para salvar la presión francesa, siempre en movimiento, y luego se iba hacia arriba. En el minuto 52, el eibarrés probó suerte desde lejos pero su remate se fue alto. No dejó de trabajar ni un segundo hasta que dejó su sitio en el último tramo del choque a Ferran, ya con el 0-2 en el marcador y el billete para Nueva York en el bolsillo. Oyarzabal sobre la final «Ojalá tengamos la oportunidad de estar a la altura. Nos hemos ganado el derecho a soñar»En el estreno mundialista ante Cabo Verde, con aquel empate a cero, el delantero estuvo más de media hora sin tocar balón. De ahí pasó a los cinco goles actuales, que le elevan a las alturas. Y hay más. Lleva la friolera de 14 dianas con la selección en la temporada 2025-2026, el récord histórico de España, por delante de los 13 anotados por David Villa. Por cierto, son los mismos que suma Mbappé con Francia, solo que el guipuzcoano jugará además una final de la Copa del Mundo. Allí, en el MetLife Stadium de NuevaYork/Nueva Jersey, tendrá la ocasión de seguir ayudando al equipo con goles y trabajo. Es el triunfo de la normalidad.