El otro Carvajal que no llegó: "Siempre me dicen 'él en lo más alto y tú aquí..."
ResumenHay historias que parecen escritas sabiendo cómo van a terminar. El niño que apareció en la colocación de la primera piedra de Valdebebas terminó convirtiéndose en capitán del Real Madrid, leyenda del club y uno de los jugadores más exitosos de toda su historia. Un canterano convertido en símbolo y la representación perfecta de todo lo que sueña cualquier niño que pisa por primera vez la Ciudad Real Madrid. Pero en aquella fotografía histórica no estaba solo.
Hay historias que parecen escritas sabiendo cómo van a terminar. La de Dani Carvajal es una de ellas. El niño que apareció en la colocación de la primera piedra de Valdebebas terminó convirtiéndose en capitán del Real Madrid, leyenda del club y uno de los jugadores más exitosos de toda su historia. Un canterano convertido en símbolo y la representación perfecta de todo lo que sueña cualquier niño que pisa por primera vez la Ciudad Real Madrid. Pero en aquella fotografía histórica no estaba solo. A su lado aparecía otro chaval. Otro canterano. Otro niño vestido de blanco al que el club también había elegido para representar el futuro del madridismo. Se llama Alejandro Merino. Jugaba al baloncesto. Tenía 14 años. Y durante unos segundos ocupó exactamente el mismo lugar que Carvajal: el centro de una imagen que, con el tiempo, acabaría siendo historia del Real Madrid. “Nos lo dijeron al terminar un entrenamiento. Nos habían invitado a la colocación de la primera piedra y me habían elegido como representante de la cantera”. No sabía nada antes. No hubo casting, ni bolas calientes. Simplemente le comunicaron que era el elegido para representar al baloncesto. "Me dijeron que me habían elegido por actitud, liderazgo y por mi manera de ser. Era amigo de todos, abierto, buen rollero con entrenadores, compañeros y hasta con jugadores de otros equipos”. Entonces entrenaba en Agustinianos y llevaba una vida imposible para un adolescente normal. Vivía en Tres Cantos, iba y volvía en transporte público, entrenaba casi todos los días y muchas noches llegaba a casa cerca de las once. “Cenaba y me ponía a estudiar hasta las dos o las tres de la mañana”, confiesa. Y aun así tuvo tiempo para tocar música y formar un grupo llamado 'Los Doner Ke Funk'. "Ahora lo pienso y no sé cómo me daba tiempo a todo". Aquella mañana en Valdebebas la recuerda como un torbellino. Fotógrafos, jugadores del primer equipo, directivos, medios de comunicación. Dos chavales rodeados de un despliegue gigantesco sin entender todavía la dimensión de lo que estaban viviendo. “Carvajal era más pequeño, tenía 11 años y yo 14. Apenas hablamos. Recuerdo a un chaval rubito, tímido, bajito y con pelo a tazón”. Lo que si recuerda bien, siempre bromeando, es que "fui el que más comí en aquel catering". Con el tiempo, aquella imagen ganó un simbolismo enorme. Porque uno de esos niños terminó siendo el segundo deportista con más títulos de la historia del Madrid (27)… y el otro tomó un camino completamente distinto. “Sí, la gente me manda la foto, o la noticia, y siempre hay una bromita detrás: ‘Joe, Carvajal en lo más alto y tú aquí’”, cuenta entre risas. Pero no tiene dudas. "Siempre muy agradecido de ese tiempo vivido en el Madrid. En esa etapa se forjaron mis valores, mi manera de ser. Compromiso, Equipo, esfuerzo, sacrificio y disfrute". Pero lejos de hablar desde la frustración, Alejandro lo hace desde la lucidez tras más de 20 años de un momento inolvidable en la Ciudad Real Madrid. "Mirando atrás entiendes la exigencia brutal que tiene seguir en el Madrid. El Madrid no es sólo para los muy talentosos. También es para los que tienen el físico adecuado, el potencial y el hambre absoluta de llegar arriba”. Él medía 1,73. “Lo entendí muy pronto”, dice riéndose. “Sabía que estar ahí iba a ser algo esporádico y que mientras durase lo iba a disfrutar”. Después del Madrid (abandonó la casa blanca en juveniles) siguió jugando en Alcobendas, Casvi y finalmente regresó a Tres Cantos. Pero mientras muchos persiguen su sueño en la cantera blanca, él aprovechó para probar otras cosas. Esquí de montaña, escalada, trail, crossfit, viajes, rescate de alta montaña, música, estudios universitarios, másters. “Pienso muchas veces que si hubiese sido profesional no habría vivido muchas de las cosas que he vivido”. Hoy es profesor de Educación Física, coordinador deportivo y jefe de departamento en un colegio internacional de Madrid. Sigue haciendo deporte prácticamente a diario y continúa tocando música con su grupo actual, La Sugarera. Y quizá ahí está la clave de su historia. No llegó, pero también fue feliz. "También me hizo aprender que cuando estás tan enfocado en algo que requiere tanto tiempo y esfuerzo, había cosas que no podía hacer: Pasar tanto tiempo con los amigos, salir, ver la tele, ir a viajes de esquí con el colegio, hacer otros deportes por evitar lesión". La foto sigue reapareciendo cada cierto tiempo. Algún aniversario de Valdebebas. Algún vídeo sobre Carvajal. Algún reportaje sobre aquella cápsula del tiempo enterrada en los cimientos de la Ciudad Real Madrid. Entonces vuelven los mensajes. “Sí, siempre me mandan la foto y alguna bromita”. Él se ríe y después deja una frase que probablemente resume toda su historia mejor que cualquier titular: “Si hoy pudiera abrir aquella primera piedra, metería una foto de mi equipo de entonces. Porque ese sí que fue el mejor equipo del mundo”.