Estafadores, crisis de la vivienda... La España de Ibáñez es la de todos
ResumenSi un marciano aterrizase en España y quisiese conocer los últimos 50 años de historia de este país, todo a la vez y en todas partes, habría que recomendarle leer los álbumes completos de 'Mortadelo y Filemón'. No sólo conocería los momentos sociopolíticos ... más relevantes, sino que sabría al dedillo los tipos de personas más comunes en sus calles, sus manías, sus tópicos, cómo vivían y amaban, sus características más brutas vamos. Por el camino, el simpático 'alien' disfrutaría de lo lindo y se reiría un montón.
Si un marciano aterrizase en España y quisiese conocer los últimos 50 años de historia de este país, todo a la vez y en todas partes, habría que recomendarle leer los álbumes completos de 'Mortadelo y Filemón'. No sólo conocería los momentos sociopolíticos ... más relevantes, sino que sabría al dedillo los tipos de personas más comunes en sus calles, sus manías, sus tópicos, cómo vivían y amaban, sus características más brutas vamos. Por el camino, el simpático 'alien' disfrutaría de lo lindo y se reiría un montón. Eso, al menos, es lo que demuestra 'Ibáñez, un país de viñetas' (Bruguera) , un recorrido por los dibujos de este inmortal creador que desde los años 50 capturó como ninguno la esencia de lo 'español'.El volumen, dirigido por el 'Ibañezólogo' Antoni Guiral , reparte la mirada del creador de 'Mortadelo y Filemón' en siete grandes temas. En el primero, 'Spanish way of life', vemos cómo el dibujante puso el acento en algo tan español como las comidas, la sobre mesa de después y, por supuesto, la siesta. Sólo hay que leer 'El caso del bacalao', por ejemplo, para meterse en la piel de un español medio de la España de los 80 y comprender qué le pasaban a las familias cuando se reunían alrededor de una mesa. «Ibáñez trabajaba en la inmediatez, en lo que veía cerca, con jornadas de 14-16 horas. Reflejaba las reacciones que le provocaban todos estos acontecimientos reales prácticamente en directo, en esas viñetas que luego enamoraban a todos. Y lo hacía con ese humor grueso, absurdo, políticamente incorrecto que hacía las delicias de los lectores. Él se reía de los de izquierdas, de los de derechas y a todos les gustaban por igual», asegura Guiral.Ibáñez, ese trabajador incansable, cumplía a raja tabla sus largos compromisos de promoción por la publicación de un nuevo álbum . Esto hacía que viajase constantemente por España y la conociese muy bien. Sus paradas de firmas en grandes centros comerciales eran kilométricas, firmando sin descanso durante cuatro o cinco horas. «Él era muy respetuoso con sus seguidores y no quería dejar a nadie sin la firma que habían esperado horas por conseguir. Estos viajes le permitieron conocer diferentes lugares e ir un poco más allá del tópico o del folclorisimo. Sabía, por el número de ventas de sus cómics, del impacto en el imaginario colectivo que había conseguido, pero nunca se le subió a la cabeza y siempre actuó desde la humildad», afirma Guiral en declaraciones a ABC. El libro nos lleva desde el Mundial de Fútbol del 82 a las Olimpiadas de Barcelona de 1992. De la obsesión por los realities en 'Misión Triunfo' a la celebración del mundo del cómic con un número dedicado a 'Capitán Trueno'. «El cine, por ejemplo, tiene mucha importancia en sus viñetas. Podríamos describirle, en realidad, como un creador berlangiano, maestro de las situaciones corales caóticas, moralmente discutibles, pero de una gran vitalidad», comenta el estudioso de Ibáñez.Entre las maravillas que rescata el volumen está la segunda historia larga de los míticos 'Mortadelo y Filemón', bautizada como 'Valor y... ¡al toro!', donde refleja otra de sus obsesiones, la tauromaquia. «Ibáñez siempre fue un gran dibujante de animales. Le encantaba y se nota. Conseguía otorgarles una profundidad y personalidad propia asombrosa. La segunda historia larga de Mortadelo y Filemón es un prodigio en este sentido y me ha encantado recuperarla», comenta Guiral.Los pícaros también centran algunas de las paradas temáticas del libro, en este caso con textos introductorios de Jordi Canyissà. Aquí caben desde grandes estafadores como 'El señor de los ladrillos' al problema de la vivienda en '13 rue del Percebe'. «A veces parece que Ibáñez es capaz de adelantarse a su tiempo. Sólo hay que pensar en el personaje femenino del icónico edificio de la calle Percebe que realquila y realquila habitaciones de su piso o del tendero que no deja de engañar a todos sus clientes o la desaparición de la figura de la portera, que ya prácticamente no existe», recuerda Guiral.El dibujante siempre estuvo atento a lo que se decía en la calle y supo reproducir su lenguaje de una forma que luego la gente lo repetía como si fuera algo propio. Por ejemplo, disecciona a la perfección el bar como lugar de encuentro social en 'Los secuestradores'. «Llegó a inventarse expresiones basadas en la calle que luego se decían en todas partes. La improvisación de Mortadelo, las chapuzas de Pepe Gotera, el humor grotesco y políticamente incorrecto de Rompetechos , Ibáñez sabía capturar un lugar y un tiempo con una precisión y sentido del humor enorme', comenta el crítico y divulgador.«Ibáñez consiguió algo irrepetible, reírse de todos, pero gustar a todo el mundo, algo prohibido ahora» Antoni Guiral Crítico y divulgadorGuiral conoce al dibujante desde principios de los años 60, con las primeras apariciones de los célebres Mortadelo y Filemón . Sólo tiene seis años, pero es capaz de apreciar el estilo único de sus dibujos. En los años 80, como figura ya definitivamente consagrada, Guiral comenzará a estudiar con mayor dedicación y esfuerzo académico el trabajo de Ibáñez. «Tiene algo irrepetible. Ha sabido tocar la fibra del lector de cuatro diferentes generaciones, con personajes reconocibles, grotescos en su mayoría, pero llenos de ternura. El lector no podía evitar reírse de esa especie de gran espíritu que creaba con sus historias», argumenta Guiral.A pesar de reflejar como nadie la época en la que fueron escritas, estas viñetas son capaces de substraerse de la fotografía fija y tocar temas universales. De esta forma, son capaces de llegar a los lectores más jóvenes, que siempre fueron su público potencia, 50 años después. « Su humor es absurdo y super moderno . A pesar de que existan referencias difíciles de pillar para el lector más joven, todavía seduce. Sin ir más lejos, el matrimonio que vive encima mío tiene un niño de siete años que no para de leer Mortadelos y está más que encantado».Entre los álbumes que ha rescatado por la nueva colección Ibáñez, Guiral destaca 'Mortadelo de la Mancha', una versión bastante libre del mítico libro de Cervantes, aunque reconoce que ha tenido que renunciar a muchas referencias para no convertir el ejemplar en un libro abrumador e imposible de seguir. «Todavía tengo memoria fotográfica y me acuerdo de muchos números, pero lo cierto es que Ibáñez dibujó entre 45.000 a 50.000 páginas y he tenido que consultar miles para poder seleccionar los fragmentos. Y sí, lamentablemente mucho se ha quedado fuera», añade Guiral Ibáñez y 'El prevoste de seguridad'Paralelamente al lanzamiento de 'Ibáñez, un país de viñetas', se acaba de reeditar 'El preboste de seguridad' (Bruguera) el segundo tomo de los grandes clásicos del genial dibujante dentro de la colección de álbumes comentados. En esta ocasión, Jordi Canyissà se encarga del estudio preparatorio en una de las últimas historias antes de que Bruguera cayera en bancarrota en 1985. En esta ocasión, elecciones, corrupción y delincuencia se mezclan en una historia mítica dentro del canon de 'Mortadelo y filemón'.