Eduardo Tolosana, experto en incendios: "Los políticos no están reaccionando a la nueva situación, nos enfrentamos a auténticos monstruos"
ResumenLa encadenación de graves incendios forestales que mantienen en vilo a España no ha sido una sorpresa para Eduardo Tolosana, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes: "No me sorprende en absoluto porque se ha juntado un inicio de primavera muy lluvioso con una sequía prolongada y olas de calor muy tempranas. La lluvia ha desarrollado mucho la vegetación, sobre todo la vegetación fina, que es muy peligrosa para la propagación del fuego. Es el cóctel para que cuando se produzca cualquier foco de ignición, se propague muy rápidamente. Y si el viento ayuda, como desgraciadamente está pasando en la zona centro, no puedo ser nada optimista", cuenta este experto en incendios durante una entrevista telefónica.
La encadenación de graves incendios forestales que mantienen en vilo a España no ha sido una sorpresa para Eduardo Tolosana, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes: "No me sorprende en absoluto porque se ha juntado un inicio de primavera muy lluvioso con una sequía prolongada y olas de calor muy tempranas. La lluvia ha desarrollado mucho la vegetación, sobre todo la vegetación fina, que es muy peligrosa para la propagación del fuego. Es el cóctel para que cuando se produzca cualquier foco de ignición, se propague muy rápidamente. Y si el viento ayuda, como desgraciadamente está pasando en la zona centro, no puedo ser nada optimista", cuenta este experto en incendios durante una entrevista telefónica. ¿Cómo valora la crisis que estamos viviendo a nivel nacional, con incendios simultáneos tan graves como el de La Mierla, en la Sierra Norte de Guadalajara, o los de Ávila y Madrid? Yo creo que no somos conscientes de lo que está pasando. Los políticos y las personas que tienen la posibilidad de tomar decisiones no están reaccionando a la nueva situación que vivimos, y que ha venido para quedarse, por lo menos a corto y medio plazo. Tenemos incendios incontrolables, fuera de la capacidad de extinción que son auténticos monstruos, y que están afectando cada vez más a la interfaz urbano-forestal, que es esa zona en que se mezclan los montes y los campos abandonados con las edificaciones, los núcleos de población y las urbanizaciones.¿Qué deben hacer los políticos en su opinión? ¿Cómo tendrían que reaccionar?No puede ser que se siga invirtiendo el doble en extinción que en prevención. Por supuesto, hay que invertir en extinción, pero habría que multiplicar por 10 probablemente lo que se está destinando a prevención. Es verdad que no puedes hacer actuaciones preventivas en toda la superficie forestal, que en España ocupa el 56% de todo el país. Además, el 72% de ese 56% de superficie forestal es propiedad particular, sobre todo en el norte pero también en Cataluña y en Castilla y León. No podemos obligar a esos propietarios a tomar medidas pero existen programas de simulación basados en inteligencia artificial que permiten escoger las zonas estratégicas de gestión. Se trata de las zonas donde la prevención es más eficiente porque genera ventanas de oportunidad para el dispositivo de extinción. Si tú sabes que hay una zona por donde es probable que pasen las trayectorias de incendios potenciales y que además, es accesible para el operativo de extinción, y esa zona la mantienes bien, limpia de matorral y con una distancia entre los árboles, te genera una ventana de oportunidad para cuando llegue el incendio a esa zona. Sin embargo, para actuar en un porcentaje pequeño, de entre el 5 y el 10% de superficie que sean zonas estratégicas de gestión, haría falta multiplicar por 10 la inversión actual en prevenciónMe decía que no le ha sorprendido esta oleada de incendios, pero en otros años, como 2022, también se acumuló mucho combustible en los bosques e hizo mucho calor. Y aunque hubo muchos incendios, la situación no fue tan crítica como ahora. Cada año, las circunstancias meteorológicas son completamente distintas al año anterior. Por ejemplo, en 2025 tuvimos una borrasca anclada en Portugal que mandaba vientos del sur muy secos, y tuvimos tres o cuatro olas de calor seguidas a final de julio y principio de agosto, así que la explosión de incendios se produjo en las primeras semanas de agosto. Este año tenemos otra circunstancia muy distinta, que ha sido una sequía muy intensa al final de la primavera seguida de olas de calor que han empezado en junio y que también han sido continuadas. Y ha habido años malos como 2022, en el que se dieron otras circunstancias meteorológicas. Puede ser que el año que viene sea bueno en incendios o que incluso los próximos tres años sean aceptables, es decir, que se mantengan en un nivel normal, pero el cambio climático, junto con el abandono rural, nos van a traer años iguales o peores que los que hemos vivido. Y por eso hay que reaccionar. Hace falta un auténtico pacto de Estado contra los incendios. No me refiero a un pacto de Estado frente a la emergencia climática, que también hace falta pero tiene otros plazos y medidas, como la descarbonización, que me parecen fenomenal, pero el cambio climático ya está aquí y no se va a resolver en unas pocas décadas. Entre tanto, tenemos una auténtica emergencia socioambiental, que son los incendios forestales, y eso que todavía no hemos tenido sesenta y tantos muertos como en Portugal [en 2017]. ¿Qué debe incluir ese Pacto de Estado frente a los incendios?Yo diría que tiene que tocar tres patas fundamentales. La primera es la prevención, de la que ya hemos hablado; la segunda, la autoprotección. Las personas no son conscientes del riesgo que corren, y ahora están empezando a verlo: se les están quemando casas, han muerto 13 personas en el incendio de Almería, se están destruyendo campos, instalaciones y viviendas. Además, por obligación legal hay unos planes de actuación municipal que son obligatorios desde hace más de 20 años y las urbanizaciones y los núcleos aislados tienen que tener planes de autoprotección por obligación legal desde 2013. Esto significa que debe haber franjas desbrozadas alrededor de las edificaciones, rutas de evacuación, hidrantes para toma de agua e instrucciones a la población para que, en caso de emergencia, sepan qué hay que hacer, cuáles son las rutas más seguras, etc.Esos planes se redactan, pero muchas veces no se cumplen, porque no hay dinero, porque hay otras prioridades o porque la gente no es consciente. Antes, alrededor de los pueblos e incluso de las urbanizaciones, había con frecuencia terrenos cultivados, olivares, viñas... o se pastaba. Pero como eso se está abandonando, ahora hay matorral y árboles casi tocando las fachadas. Y esto es lo que nos va a acabar trayendo una tragedia incluso por encima de lo que hemos vivido en Almería.¿Cuál es la tercera pata del Pacto de Estado que propone, además de la prevención y la autoprotección?Fomentar la gestión activa y rentable. Hay que ayudar fiscal y técnicamente a esos propietarios particulares, que son los dueños del 72% de la superficie de montes, para que puedan hacer esa gestión que produce tres beneficios. En primer lugar, reduce el riesgo de incendios: si seleccionamos y cortamos madera, no de una forma indiscriminada sino sostenible, aclarando las plantaciones o las masas forestales, se reduce la carga de combustible y, por tanto, el riesgo de que los incendios se conviertan en incontrolables. Además, obtenemos materias primas renovables y sostenibles para la bioeconomía porque una de las cosas que se está viendo, y que también tiene relación con el cambio climático, es que el sector de la construcción va a potenciar la edificación con madera. Hay todo un movimiento para reducir la huella de carbono de este sector, que es brutal. Otra ventaja es que como no hay personal, cada vez se va a tener que hacer más prefabricación. Y la madera es muy buena para preparar elementos que solo haya que colocar, en vez de construir ladrillo tras ladrillo.¿Por qué cuesta tanto apagar estos incendios?En primer lugar, por la gran acumulación de combustible y por el abandono rural. Es una paradoja; cada vez tenemos más superficie forestal porque el matorral y el arbolado van ocupando antiguos cultivos y pastizales pero si no lo cuidas, concentras material combustible. El segundo factor indudablemente es el cambio climático, que nos está desestacionalizando. Antes, el periodo de riesgo y las emergencias en la mayor parte de España eran de junio a septiembre; en el norte hay otros periodos de riesgo a principios de primavera. Pero ahora ya tenemos riesgo desde mayo hasta octubre o incluso noviembre, como ocurrió en Vigo en el año 2017 y en Portugal, en octubre. La combinación del cambio climático con esa acumulación de combustible está produciendo unos incendios que generan tanta energía que el agua no llega; se evapora antes de alcanzar las llamas. Le doy un dato de los expertos en temas de energía: dicen que para poder usar agua es imposible acercarse a una distancia razonable a los incendios que tienen más de 10.000 kilovatios hora por metro de frente. Pues bien, hemos medido incendios con más de 100.000 kilovatios hora por metro de frente. Con llamas de 25 o de 30 metros de altura y esas intensidades de energía, prácticamente solo cabe esperar a que cambien las circunstancias, a que cambie el viento. Por supuesto, los dispositivos de extinción no se quedan de brazos cruzados; atacan por los flancos, hacen contrafuegos para que cuando llegue el fuego no se encuentre combustible... pero cada vez hay que alejarse más porque son más veloces e intensos. Y esto lleva a que en lugar de apagarse en dos o tres días como mucho, como pasaba hace una década o dos, duran una semana porque no has podido controlarlo físicamente, a pesar de lo profesional que es el dispositivo y la gran cantidad de medios que tiene. Otro problema es la simultaneidad. Hicimos unas jornadas sobre incendios en mayo y tuvimos a gente de Extremadura, de Galicia y de Castilla y León que nos contaron que tenían que hacer triajes. Si tienes ocho incendios simultáneos, ven cuál amenaza núcleos habitados y actúan en ese, y otro que está más alejado de urbanizaciones dejan que arda porque no tienen capacidad.¿Qué se puede hacer ahora para prevenir incendios el resto del verano?Yo creo que ya se se está haciendo, esa política de implicar a la Guardia Civil, a la Unidad Militar de Emergencias, a los dispositivos de comunidades autónomas limítrofes y actuar muy rápido con la población, enviando mensajes ES-Alert, y yendo casa por casa evacuando o dando órdenes de confinamiento es lo correcto, aunque no está libre de riesgo. Porque al final no somos infalibles y estamos ante unos incendios que son auténticos monstruos. La ley lo dice con claridad. El dispositivo de extinción debe proteger en primer lugar las vidas, en segundo lugar los bienes y en tercer lugar el medio natural. Creo que se ha reaccionado así en parte por lo que pasó con la dana de Valencia, se han aprendido lecciones.