Esperando al Real Madrid en 'Star Wars'
ResumenEs notable la diferencia entre todo lo que se conoce de lo que podría denominarse la nueva Euroliga dirigida por Chus Bueno y la incertidumbre que rodea al nacimiento de la competición europea impulsada por la NBA y la FIBA. Recuerda en cierta medida a lo que ocurre en la serie 'Paradise', de Disney +, un mundo paralelo se está construyendo bajo una montaña de Colorado ante el ocaso del existente. El búnker lo tiene todo para que una vida sostenible siga adelante con una mínima parte de la humanidad, supervivientes, pero hasta adentrarse en las entrañas de la montaña poco o nada se sabe sobre este peculiar paraíso. Se sabe que la NBA ha visto una oportunidad.
Es notable la diferencia entre todo lo que se conoce de lo que podría denominarse la nueva Euroliga dirigida por Chus Bueno y la incertidumbre que rodea al nacimiento de la competición europea impulsada por la NBA y la FIBA. Recuerda en cierta medida a lo que ocurre en la serie 'Paradise', de Disney +, un mundo paralelo se está construyendo bajo una montaña de Colorado ante el ocaso del existente. El búnker lo tiene todo para que una vida sostenible siga adelante con una mínima parte de la humanidad, supervivientes, pero hasta adentrarse en las entrañas de la montaña poco o nada se sabe sobre este peculiar paraíso. Se sabe que la NBA ha visto una oportunidad. Cree en una nueva vía de explotación del baloncesto europeo, que se reparte un pequeñísimo trozo de tarta del pastel que mueve el básket en el negocio del deporte en el Viejo Continente. Siendo tan importante en términos de pujanza de su juego (71 jugadores europeos en la NBA en la última temporada), popularidad (alrededor de 270 millones de aficionados), envergadura de sus marcas y número de licencias de practicantes, los ingresos son mínimos. El baloncesto representa menos del 1% del mercado europeo de medios y patrocinios deportivos, valorados en algo más de 38.000 millones de euros. El modelo de explotación de la Euroliga no ha sido tan satisfactorio como se esperaba desde su fundación en 2000. La ruptura con la FIBA prometía emoción en lo competitivo (conseguido), un estatus de excelencia y pureza en el juego en contraposición con el singular baloncesto NBA (logrado) y prosperidad para el negocio (un propósito infructuoso). El baloncesto ha generado, por lo general, pérdidas en los clubes europeos, del orden de 20 a 30 millones por temporada en los grandes proyectos. El prestigio del torneo heredero de la Copa de Europa, la historia de tantos años de recorrido y la gloria de los triunfos son grandes combustibles para el motor de los gigantes europeos de la canasta en un ecosistema viciado y prácticamente cerrado donde se asumen pérdidas simplemente por existir y el motor no se gripa por la inercia del vehículo. La NBA, que también ha detectado un déficit de baloncesto al máximo nivel continental en grandes ciudades europeas (Roma, Berlín, Londres o París) quiere cambiar esa tendencia. De ahí la creación de un nuevo torneo que hipotéticamente empezaría en octubre de 2027 o puede que sea en 2028 porque esto no es tan sencillo, no se crea de la nada algo tan grande sin emplear tiempo e intentando no dar pasos en falso. El modelo a 'grosso modo' lo forman 10 ó 12 franquicias afincadas en grandes ciudades europeas (ya elegidas, entre otras, Madrid, Barcelona, Múnich, Berlín, Estambul, Atenas, Roma, Londres y París) y cuatro o seis plazas más que se alcanzan después de los méritos deportivos a través de la BCL y las competiciones domésticas, anhelo eterno de FIBA para cuidar al baloncesto desde sus cimientos y proteger las Ligas nacionales. No es una competición abierta del todo, pero sí satisface más las pretensiones de la Federación internacional. Es una vieja aspiración del baloncesto europeo, una antigua reivindicación para evitar casos chirriantes, como el del Murcia en 2024, subcampeón sin premio. En estos últimos años una competición cerrada era como invocar al demonio. Piensen en lo que ha ocurrido con la Superliga de fútbol. Ahora se abre la puerta a que las Cenicientas puedan ser princesas y que accedan al reparto de beneficios. Todos. Porque el Valencia ha pagado tres años por jugar la Euroliga sin sacar nada a cambio, recuerden. No puede ni vender camisetas de la Final Four. La armonía en el nuevo torneo NBA-FIBA redundaría también en las selecciones nacionales: calendario liberado para las Ventanas de clasificación y que los mejores jugadores puedan defender libremente a sus países. La NBA tiene sus protocolos. Se está tomando sus tiempos en un proceso sin duda largo y costoso, trabaja en silencio de manera discreta y comunica poco sus avances. La reunión en Londres fue extraordinaria por la dimensión de sus protagonistas (el conocido fondo CVC, entre muchos otros), pero no dio grandes titulares. Tampoco hubo habilidad para filtrar tres o cuatro mensajes potentes con nombres y apellidos. Al mismo tiempo, poner en duda las maneras de una competición que genera 76.000 millones es atrevido y desconfiar de una foto tan potente como la de Adam Silver, comisionado de la NBA y Andreas Zagklis, secretario general de la FIBA, es osado. Esto no es un paripé de un programa de televisión. La capacidad de convencer es una cosa y la comunicación (poca) de su capacidad de persuadir a clubes y potenciales inversores es otra. Que no lo publicite no quiere decir que esté parada ni que el proyecto ande estancado. Volvemos al búnker bajo la montaña... La NBA sí dice tener 120 potenciales inversores, incluidos clubes de fútbol y clubes de baloncesto, que tienen un interés muy serio en este torneo. Han recibido declaración de intenciones muy significativas de 20 clubes de baloncesto, algunos de los que han firmado por Euroliga, y tienen ofertas concretas de proyectos respaldados por presupuestos de entre 500 y 1.000 millones y algunas superiores a los 1.000. No tienen nombres aún, algo que penaliza porque nuestro esquema mental remite a un club, pero esto no quiere decir que sean propuestas de humo o inexistentes. Falta ir más allá y concretar (junio será un mes clave). Y todo lo que digan unos y otros puede que no sea absolutamente cierto, pero ¿quién no se marca un farol en esta colosal partida de naipes? Es obvio que el Real Madrid es la llave maestra. La adhesión del no hace mucho tiempo denostado ASVEL y la elegante firma del Fenerbahce (justo antes de la Final Four no sea que... y sin despreciar el futuro) ha dejado al club blanco en una posición que recuerda a la de la Superliga con el fútbol europeo y la Champions. Pero tampoco conviene infravalorar su soledad (siempre caminó solo en su grandeza y en su miseria) ni su capacidad de arrastre ni tampoco que se están rubricando acuerdos con Euroliga preguntando al mismo tiempo cómo se podrían romper. “Quiero pertenecer a este club, pero estoy pendiente de lo que se está montando en otro de aquí al lado”. Las cláusulas de 10 millones son irrisorias en los presupuestos que se manejan y algunos mensajes son decididamente ambiguos ("quiero estar en la mejor competición" vale para hoy, Euroliga, pero también para mañana, nuevo torneo NBA-FIBA). Hay también contextos. El Barça en plena campaña electoral no se iba a asociar con el Madrid… Eso hubiese penalizado a Laporta. El Panathinaikos tiene un presidente digamos especial, pero en el momento que pueda no va a estar donde aparezca el Olympiacos. Aparentemente, el club blanco no mueve ficha sabedor de que le esperaran allá donde decida jugar. No tendría que hacer un gran desembolso por un hipotético cambio. El coste social se asume en la sección y hará falta pedagogía para explicarlo. El Madrid cumple con todos los requisitos exigidos por la NBA: gran ciudad europea con un mercado potente, gran marca de club (número 1 en el mundo) y masa social extraordinaria. Es obvio que para empezar un negocio habrá que invertir y luego esperar el rendimiento que da. ¿Acaso no es una inversión anual para los clubes de la Euroliga perder 20 ó 30 millones cada año? La decisión en el Madrid está perfilada salvo giro de los acontecimientos. Y sabe que la demora actual le expone a perder muchos de los privilegios que tiene por renunciar a la Licencia A de la Euroliga. Tampoco descarta firmar por la competición de los clubes para evitarse el año (o dos) de transición en la BCL y luego iniciar su andadura en el torneo NBA-FIBA cuando éste arranque, abonando la penalización. Es un camino que pueden seguir muchos... El calado de la competición será el que quiera la NBA, que no aspira a tener beneficios en sus primeros años (estilo WNBA). Los reinvertirá en la competición, clubes y ecosistema del torneo. Será la NBA, que aportará de inicio 3.000 millones, quien decida en principio quién está y quién no. Como la Euroliga pensó en su momento que el Dubái Básketball saltaba a la cancha. El baloncesto, deporte antiguo del siglo XIX, tiene muchos custodios y puristas pero aquí no se trata de nombres de las franquicias ni de tradición ni de fotos en blanco y negro. Nápoles tampoco es que tenga mucha trayectoria (un pixel en el gigantesco paisaje histórico europeo) y podría jugar la Euroliga, igual que el Zenit en su día o el Mónaco, ya consolidado hasta su quiebra. Todo es cuestión de perspectivas. Hoy ya está normalizado que un club de Oriente Medio de la noche a la mañana dispute la Euroliga. Tiene un buen proyecto y ficha grandes jugadores. Le quitó Musa al Madrid. Acaba de hacerse con Xavi Pascual sacándolo del mismísimo Barça. Cuando una franquicia afincada en Manchester (un ejemplo) fiche a un jugador de la dimensión de Tavares, entonces igual los aficionados se tomarán menos a broma que se llamen Lions (otro ejemplo) o que jueguen en ese torneo NBA-FIBA, al que por cierto, le falta nombre y no es un asunto menor. Es decir, el baloncesto es, como siempre, de los jugadores y ahora el deseo es que sea de los grandes modelos de negocio sostenibles se llamen como se llamen, sean clubes de fútbol, clubes de básket o proyectos nuevos en ciudades donde el básket no existe. Luego en la cancha los más poderosos, en lo económico y en su capacidad de gestión, tendrán a los mejores jugadores y los fans decidirán qué experiencia quieren disfrutar. La dinamización de la Euroliga con la llegada de Chus Bueno es sobresaliente. La baldía época de Motiejunas quedó atrás. Le ha dado un nuevo impulso a la competición y promete, con mucha capacidad para transmitirlo, grandes dividendos económicos, algo novedoso en la historia de la competición. Conoce muy bien a la NBA porque trabajó en su estructura al más alto nivel, y parecía una figura fundamental para una hipotética fusión. En la NBA también saben cómo es. No habrá grandes sorpresas en la operatividad de cada uno. Hay un pequeño problema. Los clubes que avalan con más fuerza al nuevo CEO, Olympiacos, Zalgiris, Baskonia, entre otros, están fuera del nuevo torneo NBA por unas razones u otras. Es, por tanto, difícil que florezca un torneo único con lo mejor de los dos mundos. La Euroliga, que se ha planteado un cambio de competición -tiene la duda del Mónaco y no sabe si podrá contar con el campeón de la Eurocup, el Bourg-, se siente por delante en la carrera y muy fuerte a día de hoy porque tiene firmados 12 de sus 13 miembros fijos, cláusulas de salida al margen. Les queda el Madrid. NBA y FIBA, sin anuncios concretos de adhesiones, trabajan al mismo tiempo en un nuevo modelo mientras esperan al club blanco. El partido se sigue disputando en esta Guerra de las Galaxias.