Los tres años que han transformado a la Princesa
ResumenLa Princesa Leonor aparece enfundada en un mono verde de vuelo, avanzando por la pista junto a otros compañeros de la Academia General del Aire y del Espacio. En otra imagen, escucha atenta las indicaciones de su instructor antes de subirse a la cabina de ... Después llegan las comprobaciones previas, el casco, los sistemas de comunicación, el despegue y, finalmente, las maniobras en el aire. Son las fotografías más espectaculares que se han distribuido hasta ahora de la Heredera durante su formación militar.
La Princesa Leonor aparece enfundada en un mono verde de vuelo, avanzando por la pista junto a otros compañeros de la Academia General del Aire y del Espacio. En otra imagen, escucha atenta las indicaciones de su instructor antes de subirse a la cabina de ... un F-5. Después llegan las comprobaciones previas, el casco, los sistemas de comunicación, el despegue y, finalmente, las maniobras en el aire. Son las fotografías más espectaculares que se han distribuido hasta ahora de la Heredera durante su formación militar. Imágenes con una estética inevitablemente asociada a 'Top Gun', que muestran a la futura reina pilotando por segunda vez en solitario un avión del Ejército del Aire.Detrás de esas imágenes, difundidas por la Casa del Rey hace unos días y que pasaron casi inadvertidas por el anuncio de su formación universitaria a partir del próximo septiembre , hay mucho más que una sucesión de maniobras aéreas. Lo que reflejan es el final de una formación castrense que ha durado tres años y que ha transformado a la Princesa, después de un recorrido que comenzó en agosto de 2023 en Zaragoza y que la ha llevado a pasar del barro del campo de maniobras de San Gregorio a las guardias nocturnas en mitad del Atlántico a bordo del Elcano y, finalmente, a la precisión técnica de la aviación militar.Porque la instrucción en los tres ejércitos no ha consistido solo en aprender a disparar, navegar o volar. Ha sido, sobre todo, un proceso de preparación personal e institucional pensado para quien algún día ejercerá la Jefatura Suprema de las Fuerzas Armadas. Tres años en los que Leonor ha tenido que aprender a vivir bajo la disciplina militar, soportar la presión física y mental de las academias y convivir durante meses lejos de su casa y de la protección familiar en una etapa en la que, por momentos, ha estado más expuesta de lo que estaba acostumbrada.Noticia relacionada general No No Leonor, más allá de los libros: así se forma una futura Reina Angie CaleroLa última etapa de ese recorrido se está desarrollando en San Javier (Murcia), donde la Princesa cursa cuarto año en la Academia General del Aire y del Espacio junto a los alumnos de la 78ª promoción. Allí la exigencia ha sido distinta a la de los años anteriores. Mucho más técnica. Mucho más absorbente. Su vida durante este curso ha transcurrido prácticamente dentro de la base aérea, alejada del foco mediático y concentrada casi exclusivamente en la preparación para el vuelo. De ahí que San Javier haya sido probablemente la etapa más silenciosa y solitaria de toda su formación militar. También una de las más exigentes psicológicamente, ya que pilotar un reactor obliga a convivir constantemente con la presión, la toma rápida de decisiones y a la gestión del miedo al error.Es aquí donde reside buena parte de la imagen que proyectan esas fotografías difundidas por la Casa del Rey, en las que ya no aparece la adolescente que ingresó en Zaragoza hace tres años. La expresión de la cara de la Princesa es distinta. Sus gestos son más seguros e, incluso, la manera de moverse transmite la seguridad de alguien que ha interiorizado por completo la disciplina militar, que ha superado objetivos que creía imposibles y que empieza a sentirse cómoda dentro de un entorno tradicionalmente reservado durante décadas a hombres.Noticia relacionada general No No Ciencias políticas, la carrera de las nuevas 'royals' Marina Ortiz CortésLa Princesa llegó a la Academia del Aire después de un año completamente distinto, precisamente porque en la Armada estuvo muy expuesta. El 8 de enero de 2025 cruzó el portalón del Juan Sebastián de Elcano vestida como guardiamarina para embarcarse en el XCVII crucero de instrucción, que salió tres días después desde el puerto de Cádiz. Lo hizo sola, igual que meses antes había ingresado en Marín sin la compañía de los Reyes.A bordo del buque escuela comenzaría una experiencia completamente diferente a la de Zaragoza y San Javier. Y es que el Elcano no es solo un barco de formación, es una embajada flotante que representa a España allá a donde va. Durante cinco meses, Leonor recorrió puertos de América Latina y Estados Unidos en una travesía de 150 días en la que su formación militar convivió permanentemente con la representación institucional de la Corona.Allí no existía el aislamiento de San Javier. En el Elcano cada escala generaba expectación. Cada desembarco era fotografiado y cada movimiento de la Princesa despertaba interés. A esta presión hubo que añadirle que se adaptó exactamente igual que el resto de guardiamarinas a la dureza cotidiana del barco: camarotes diminutos, semanas enteras de mar abierto, maniobras, falta de intimidad, humedad permanente y noches de guardia en cubierta mientras el velero atravesaba el Atlántico.Noticia relacionada No No Fin de travesía en el buque de la Armada Los 150 días en el Elcano de la Princesa Leonor Angie CaleroElcano fue probablemente la etapa que más la hizo madurar. Porque el barco obliga a convivir las veinticuatro horas del día y elimina cualquier espacio de refugio personal. Allí empezó a ejercer pequeñas responsabilidades de mando, a tomar decisiones dentro de la rutina de navegación y a convivir con una dotación profesional donde el respeto solo depende de la capacidad de trabajo y de integración dentro del grupo.También fue el periodo en el que más se hizo visible su evolución. La joven que desembarcó meses después del Elcano había ganado soltura, naturalidad y una evidente confianza en sí misma. No es de extrañar, ya que la experiencia del mar deja una huella física y emocional muy reconocible en quienes pasan por ella, pero en el caso de Leonor esa transformación se hizo especialmente evidente.Mucho antes de convertirse en la guardiamarina que cruzó el Atlántico o en la alumna que hoy pilota reactores militares, la Princesa tuvo que enfrentarse al desafío más difícil de todos: dejar atrás la vida civil e integrarse en la disciplina de la Academia General Militar de Zaragoza.Lejos del tratamiento de Alteza RealAtrás queda ya aquel 17 de agosto de 2023 en que la Princesa llegó acompañada por los Reyes y la Infanta Sofía a la Academia General Militar, arrastrando un enorme petate y con una mezcla de nervios, expectación y prudencia en el gesto. Aquel día comenzaba probablemente la etapa más dura de toda su formación militar. Porque Zaragoza fue el año de la ruptura total con su vida anterior. El paso de civil a militar. Como en el Colegio Santa María de los Rosales o el UWC Atlantic College, nada más ingresar en Zaragoza abandonó de nuevo su tratamiento de Princesa de Asturias y Alteza Real para dejar paso a la cadete Borbón Ortiz. Como el resto de alumnos, tuvo que adaptarse desde el primer día a la disciplina castrense: las carreras al alba, las maniobras en San Gregorio, los barrizales tras las tormentas, las noches durmiendo al raso bajo temperaturas extremas o los ejercicios cuerpo a tierra bajo alambradas.También a las pequeñas incomodidades cotidianas de 'la General', como compartir rutinas con cientos de alumnos, esperar turno para usar una lavadora, mantener el uniforme impecable o aprender a hacerse el moño reglamentario antes de la formación de primera hora.Fue además el periodo de mayor impacto emocional. Porque Zaragoza la obligó a romper definitivamente con la vida protegida que había tenido hasta entonces. Allí empezó a ser autónoma, a convivir con la frustración, el cansancio extremo y la presión de tener que responder constantemente como una alumna más dentro de una institución donde cualquier privilegio habría estado mal visto porque la premisa en las tres academias era clara: Leonor debía ser una más, independientemente de que en un futuro pudiera ser la jefa de las Fuerzas Armadas.Pero también fue en Zaragoza donde comenzó a ganar la seguridad que hoy reflejan las imágenes de San Javier. Allí aprendió los códigos militares, interiorizó la disciplina y empezó a crear vínculos con compañeros que en el futuro ocuparán puestos de mando. Después llegarían la mar y el aire. Las escalas americanas, las guardias nocturnas y los vuelos de instrucción. Pero la transformación empezó en aquellos barrizales de Zaragoza.Este próximo julio, la Princesa concluirá oficialmente sus tres años de formación castrense con los empleos militares de alférez alumna del Ejército de Tierra y alférez de fragata alumna de la Armada. Más adelante recibirá los reales despachos junto a sus promociones en Zaragoza, Marín y San Javier. Terminará entonces una etapa diseñada para enseñar a la Heredera mucho más que táctica, navegación o vuelo. Porque estos tres años sobre todo han servido para moldear el carácter, la resistencia y la capacidad de liderazgo de quien algún día será reina de España.