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El Mundo ·

La 'guerra' de los interceptores: el talón de Aquiles en la guerra contra Irán

Resumen

Estados Unidos está gastando 23.000 dólares por segundo, según cifras conservadoras difundidas en informes del Pentágono, en su guerra contra Irán. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales estimó, de forma independiente, que el total ascendió a 16.500 millones de dólares al duodécimo día, con costes diarios que han ido aumentando hasta hoy y que lo harán aún más cuando llegue el despliegue de 5.000 marines esperado para dentro de unos días. Lo que más preocupa ahora, dentro de este dispendio fuera de control, es la acuciante escasez de interceptores. Un interceptor es un misil defensivo diseñado para detectar, alcanzar y destruir en el aire a otro misil o dron antes de que impacte en su objetivo.

Estados Unidos está gastando 23.000 dólares por segundo, según cifras conservadoras difundidas en informes del Pentágono, en su guerra contra Irán. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales estimó, de forma independiente, que el total ascendió a 16.500 millones de dólares al duodécimo día, con costes diarios que han ido aumentando hasta hoy y que lo harán aún más cuando llegue el despliegue de 5.000 marines esperado para dentro de unos días. Lo que más preocupa ahora, dentro de este dispendio fuera de control, es la acuciante escasez de interceptores. ¿Y qué es un interceptor? Un interceptor es un misil defensivo diseñado para detectar, alcanzar y destruir en el aire a otro misil o dron antes de que impacte en su objetivo. En esencia, es el núcleo de los sistemas antimisiles: un proyectil que neutraliza otro proyectil en pleno vuelo para proteger infraestructuras y ciudades. ¿Por qué estos misiles se han convertido en el armamento más preciado y más escaso de los arsenales de todo el mundo? El problema de fondo no es tanto la capacidad de lanzar misiles como la de pararlos durante semanas o meses. En una guerra como ésta, basada en drones y salvas de misiles relativamente baratos lanzados por Irán, la escasez de interceptores se convierte en un cuello de botella estratégico para Estados Unidos, Israel y las monarquías del Golfo. Aunque Donald Trump presume de haber mermado las capacidades de Irán de forma decisiva, y puede que en parte sea verdad, aún posee la capacidad de lanzar decenas de misiles balísticos cada día, además de drones, y sigue poseyendo un arsenal ampliado desde hace décadas cuyos números reales nadie conoce con certeza, pero que puede superar los 6.500 misiles balísticos, todos ellos ocultos bajo tierra en búnkers acorazados. Las primeras impresiones de los equipos de instructores enviados por Ucrania a los países del Golfo van emergiendo. Una de las primeras impresiones de estos veteranos de la guerra contra Rusia es su sorpresa total ante el uso de varios misiles Patriot, "a veces, hasta seis contra un mismo objetivo", teniendo en cuenta su precio, que supera los tres millones de euros, y su escasez. Un dron o un misil iraní puede costar decenas o cientos de miles de dólares. El precio de un interceptor -misiles Patriot, THAAD o Arrow- está entre uno y cuatro millones por unidad. Eso crea una ecuación insostenible a largo plazo. Es decir, el atacante puede saturar las defensas de otro país con un coste muy asumible, pero el defensor se arruina al tratar de proteger su territorio. Es lo que aprendieron los ucranianos a base de bombardeos. Para eliminar el proyectil barato debes usar interceptores baratos y guardar tus mejores misiles para detener los misiles balísticos del enemigo. Ya hay países que están empezando a dar síntomas de agotamiento. Semafor publicó, citando a funcionarios estadounidenses, que Israel ha advertido que sus interceptores están a punto de agotarse. Algunos análisis hablan de un ritmo de uso que supera con mucho la capacidad de reposición. Sus reservas están bajo una presión real y constante, y podrían convertirse en un factor crítico si la guerra se prolonga. Aunque Israel lo niega, todos los países atacados por Irán con misiles y drones pueden enfrentarse al mismo problema, quedar expuestos y sin munición a oleadas de misiles antiguos y baratos, pero igualmente dañinos. ¿Por qué son tan escasos y caros? ¿Qué es lo que hace que estos misiles sean tan escasos y tan caros? El MIM-104 Patriot no es munición en el sentido clásico, sino una pieza de ingeniería de altísima precisión, difícil de fabricar, con cadenas de suministro largas y poco flexibles por su complejidad tecnológica. Un interceptor Patriot -especialmente en su versión PAC-3- no lleva una gran carga explosiva, sino que impacta directamente contra el objetivo (hit-to-kill). Es decir, disparas una flecha para derribar otra flecha. Eso exige sensores y radares miniaturizados de alta precisión, sistemas de guiado extremadamente sofisticados y componentes electrónicos avanzados capaces de operar en milisegundos. A pesar de todo, a veces fallan. Aunque se fabriquen en serie, estos misiles no salen de una línea automatizada masiva. La producción está concentrada en pocas empresas -principalmente Lockheed Martin y Raytheon Technologies- y cada unidad requiere procesos largos, controles de calidad estrictos y ensamblaje especializado. Para colmo, Ucrania, Israel, los países del Golfo y Estados Unidos compiten por acceder a la línea de producción antes que el resto. El Patriot no es escaso porque falte dinero, sino porque su fabricación depende de una cadena industrial estrecha y altamente especializada que no puede ampliarse al ritmo al que se consumen los interceptores por culpa de la guerra de salvas impuesta por Rusia y ahora por Irán, dos países con arsenales de misiles gigantescos de la Guerra Fría. La preocupación sobre los arsenales occidentales tiene que ver con una idea muy simple pero inquietante: Occidente ha construido sistemas militares extremadamente avanzados, pero no está preparado para sostener una guerra de alta intensidad durante mucho tiempo. El CEO de Rheinmetall, Armin Papperger, ha sido probablemente quien ha hablado de forma más directa sobre el estado real de los arsenales occidentales en esta crisis: «Creo que los almacenes están vacíos o casi vacíos en todas partes: en Europa, en América y en Oriente Próximo». En este contexto, la guerra de Irán sigue su camino en escalada. En un mensaje en su desafiante tono habitual, el presidente Donald Trump advirtió ayer que Estados Unidos "aniquilará" centrales eléctricas en Irán si la República Islámica no abre por completo el estratégico Estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas. E incluso fue más allá diciendo que "destruirá" varias centrales eléctricas "empezando por la más grande". El rubio presidente no tuvo ningún problema en amenazar con algo en público que es, en esencia, un crimen de guerra por tratarse de un objetivo civil. Las agujas avanzan contrarreloj desde entonces. Por su parte, el régimen de los ayatolás respondió a Trump: "Todas las infraestructuras energéticas, de tecnología de la información y de desalinización pertenecientes a EEUU" en la región se convertirán en objetivos. Posteriormente, el representante de Irán ante la Organización Marítima Internacional (OMI) aseguró que el Estrecho de Ormuz permanece abierto a la navegación internacional, excepto para Israel y Estados Unidos. Se trata de una afirmación que no es cierta, ya que casi ningún petrolero sale hoy por hoy de las aguas del Golfo Pérsico hacia el mar Arábigo.