Encadenados al 'one'
ResumenMañana se cumplirán ocho años desde que Pedro Sánchez accedió al poder y casi todos los peores temores que se expresaron entonces se han ido cumpliendo. La división política sobre los aspectos esenciales de nuestro espacio público es más profunda que nunca en democracia y jamás había sido más intensa la contumaz impugnación de los fundamentos del Estado desde el propio Estado. Lo hemos dicho muchas veces: la corrupción nunca fue el motivo de la moción de censura, sino la coartada de un proyecto político que desencuaderna las instituciones y redefine la idea de España y su lugar en el mundo para acomodarlas a la continuidad personal del presidente. Arcadi acierta esta semana en su podcast Yira Yira al situar en esa dimensión el salto cualitativo que representan los hallazgos del caso Leire: «Del núcleo del PSOE surgió presuntamente una orden para ir contra el Estado y eso es mucho más grave que todo lo que conocemos; todo estaba anunciado en aquella primera carta a la ciudadanía y, aún antes, en la aprobación de la amnistía a cambio del poder».
Mañana se cumplirán ocho años desde que Pedro Sánchez accedió al poder y casi todos los peores temores que se expresaron entonces se han ido cumpliendo. La división política sobre los aspectos esenciales de nuestro espacio público es más profunda que nunca en democracia y jamás había sido más intensa la contumaz impugnación de los fundamentos del Estado desde el propio Estado. Lo hemos dicho muchas veces: la corrupción nunca fue el motivo de la moción de censura, sino la coartada de un proyecto político que desencuaderna las instituciones y redefine la idea de España y su lugar en el mundo para acomodarlas a la continuidad personal del presidente. Arcadi acierta esta semana en su podcast Yira Yira al situar en esa dimensión el salto cualitativo que representan los hallazgos del caso Leire: «Del núcleo del PSOE surgió presuntamente una orden para ir contra el Estado y eso es mucho más grave que todo lo que conocemos; todo estaba anunciado en aquella primera carta a la ciudadanía y, aún antes, en la aprobación de la amnistía a cambio del poder». Así es: «Por orden del one». Estaba escrito que un Gobierno nacido del oportunismo caería de bruces en la corrupción, pero sobre todo que el líder que ha abolido los escrúpulos morales en nombre de la resistencia y atribuye a su fuerza de voluntad el monopolio de la legitimidad democrática acabaría convirtiendo su vulnerabilidad familiar en un desafío al Estado. Feijóo ha evolucionado del no rotundo a una moción de censura a admitir «todo lo posible para cambiar el Gobierno». Se trataría, si esta vez la presenta, de solemnizar un proyecto de futuro. Porque no veremos a Junts ni al PNV apoyándola por más desesperados que estén ante una posible coincidencia de las elecciones con las municipales y forales. El presidente los arrastrará en su deriva. El muro le funciona al mismo tiempo como garantía de impunidad y como sistema de cautiverio. La lógica binaria que domina la política española es sencilla: o Sánchez y la expectativa plurinacional o la abominable derecha con Vox. Escogerán siempre lo primero: lo contrario sería negar su razón de ser. El blindaje sentimental de Sánchez se completa con el proceso de fanatización de las bases de la izquierda que retrataba este viernes Jacobo Bergareche: «Lo que esta élite cultural [y periodística] defiende siempre por encima del Estado de derecho y de sus instituciones son los valores de la tribu. Esto, por supuesto, no es un rasgo particular de la izquierda, sino que es una conducta típicamente sectaria de cualquier colectivo preso de un narcisismo moral, y el camino más rápido hacia la deriva antidemocrática». Aquella carta es el guion de una legislatura que desembocará en un plebiscito existencial en torno al liderazgo carismático del presidente, articulado sobre el frente amplio. Si la imputación de su esposa fue el detonante emocional para una brecha democrática, pueden intuirse los siguientes pasos. Sánchez irá al Congreso el 22 de junio. Para entonces habrá sentencia contra Ábalos, Zapatero habrá declarado en la Audiencia y puede haberse resuelto si Begoña Gómez se sentará o no en un banquillo. Desde que se anuncie esa decisión, el Gobierno declarará una descalificación radical de la oposición, de los medios críticos y de los jueces. Del pluralismo y los contrapoderes. Pero le falta fuerza moral para que esta vez le salga bien. Y mientras España continúa ensimismada en un debate en círculos en torno al psicodrama particular del presidente, el tren del futuro no se detiene. El país se enfrenta a los grandes desafíos de nuestro tiempo -el desorden global, el invierno demográfico, la inteligencia artificial, la transición energética, la educación de valor añadido...- sin capacidad para las políticas de Estado y con la discusión pública secuestrada por un liderazgo atrincherado que no contempla el interés general. Sánchez presume de economía robusta y de una subida del 23% de los salarios, por encima de la inflación, desde que gobierna, pero el sueldo neto real ha caído un 0,5% respecto a 2018. La verdad auténtica, y la que perciben los ciudadanos, es la que expresó esta semana el catedrático Antón Costas en la presentación de la memoria del Consejo Económico y Social: «El puente que existía entre crecimiento y bienestar se ha roto, principalmente por dos motivos: uno es la vivienda, que se come, viendo los datos de precios de alquiler y de compra, toda la mejora de los salarios reales y del empleo. El otro es el coste de la vida, especialmente de aquellos bienes y servicios que han quedado congelados arriba tras la etapa anterior de inflación, y que no bajan». Ésta es la realidad que vive el país mientras el presidente se empeña en sobrevivir de espaldas al Congreso, incapaz de aprobar Presupuestos en toda una legislatura y de sacar adelante una mínima iniciativa política que responda a las necesidades de los españoles. Sánchez ya no gobierna España: administra el bloqueo institucional. Porque él, y ella, lo valen. Vivimos encadenados al one.