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Un Barça de lujos y veranito

Resumen

Anda revuelta la España de las tertulias (esta España mía, esta España nuestra) ante la posibilidad de que el Barça pueda gastarse 200 millones -o más- en una temporada de fichajes tan febril como el propio verano, sin duda la época más favorable del año para echar la casa por la ventana sin atender a futuros remordimientos. Todos conocemos ejemplos de personas cercanas que, habiendo entrado un dinero extra en el bolsillo, deciden quemar billete en las Maldivas sin haber pasado antes por Torremolinos , el Algarve o Punta Cana , aventuras más asumibles y que te confieren un grado de experiencia razonable a la hora de pegarse la vida padre. “¡Pero si están arruinados!”, le gritan al camarero, o la pescadera que le escama las sardinas, quienes no conciben que Deco se pasee por Europa blandiendo su chequera como La Libertad de Delacroix meneaba la bandera para guiar al pueblo de Francia. Disfrute en paz del café con leche o de la paella del domingo, querido lector: es poco probable que Laporta se presente en su casa para pedirle dinero...

Anda revuelta la España de las tertulias (esta España mía, esta España nuestra) ante la posibilidad de que el Barça pueda gastarse 200 millones -o más- en una temporada de fichajes tan febril como el propio verano, sin duda la época más favorable del año para echar la casa por la ventana sin atender a futuros remordimientos. Todos conocemos ejemplos de personas cercanas que, habiendo entrado un dinero extra en el bolsillo, deciden quemar billete en las Maldivas sin haber pasado antes por Torremolinos, el Algarve o Punta Cana, aventuras más asumibles y que te confieren un grado de experiencia razonable a la hora de pegarse la vida padre. “¡Pero si están arruinados!”, le gritan al camarero, o la pescadera que le escama las sardinas, quienes no conciben que Deco se pasee por Europa blandiendo su chequera como La Libertad de Delacroix meneaba la bandera para guiar al pueblo de Francia.

Disfrute en paz del café con leche o de la paella del domingo, querido lector: es poco probable que Laporta se presente en su casa para pedirle dinero... Y fíjese que no digo imposible, sino poco probable. Del clásico culé que se fumaba el mes de agosto con la calculadora en la mano, echando cuentas en la playa sobre cómo iba a pagar su amado club el fichaje de Ronaldo, el de Ronaldinho o el de Aleksander Hleb, hemos pasado a esta especie de aficionado transversal que se preocupa por todos en junio. Menuda cruz la de ser el único que se percata de lo evidente y siente la obligación de poner el grito en el cielo antes de que sea demasiado tarde. De advertir a los rivales de que, por ahí, no. De ajustarle el cinturón al vecino para que no confunda los daiquiris con la jauja.

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Existe la posibilidad, quizás poco contemplada, de que el Barça sí tenga la capacidad económica para afrontar todas las operaciones que considere oportunas. Y que tanta preocupación por sus cuentas responda a otras cuestiones menos elevadas que la salud financiera del prójimo, un poco lo que le está ocurriendo a Bad Bunny con los invitados a La Casita: que nunca llueve el lujo a gusto de todos.

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