El PSOE se aferra a la dimisión de Puente y al cese del presidente de Adif para reflotar la campaña
ResumenHace una semana que el trágico accidente ferroviario de Urda (Toledo) sumió en la conmoción a toda España y dio un vuelco al tablero electoral. El 'shock' inicial fue mudando en preocupación y desasosiego en los centros de poder socialista, que —hasta ese momento— exhibían ... un indisimulado optimismo por el desarrollo de los primeros compases de la precampaña. Todo se rompió y en el PSOE apuntaron desde el primer momento, tal como avanzó ABC , que la permanencia de Óscar Puente al frente del Ministerio de Transportes era un lastre imposible de soportar durante la campaña.
Hace una semana que el trágico accidente ferroviario de Urda (Toledo) sumió en la conmoción a toda España y dio un vuelco al tablero electoral. El 'shock' inicial fue mudando en preocupación y desasosiego en los centros de poder socialista, que —hasta ese momento— exhibían ... un indisimulado optimismo por el desarrollo de los primeros compases de la precampaña. Todo se rompió y en el PSOE apuntaron desde el primer momento, tal como avanzó ABC , que la permanencia de Óscar Puente al frente del Ministerio de Transportes era un lastre imposible de soportar durante la campaña. En el partido asumen que el accidente seguirá muy presente en toda la contienda, pero creen que el giro de las últimas horas puede abrir un escenario de oportunidad. La dimisión del ministro y el cese del presidente de Adif permiten, por lo pronto, cegar una vía de agua y tratar de reequilibrar el hundimiento del que era presa la organización. Quienes veían «difícil remontar» la situación hace solo unos días, ahora deslizan la capacidad de «resetear» la campaña. En el partido ya trabajaban a marchas forzadas desde el fin de semana para reorientar la estrategia y pertrecharse de argumentos para defender el sostenimiento de Puente. En este sentido, se enfocaron en la necesidad de «dar respuestas» a la ciudadanía: a través de explicaciones y declaraciones públicas, y con un paquete de medidas aprobado por el Consejo de Ministros que incluye ayudas a las víctimas y mejoras en las infraestructuras, medios humanos y seguridad. Un reconocimiento implícito de que el sistema falló, porque ya se han identificado las deficiencias a atajar en un primer impacto legislativo.En un ejercicio de transformismo indisimulado, los argumentos que antes se utilizaban para sostener a Puente se convirtieron inmediatamente en potencial a rentabilizar con su salida. Si horas antes desde la Moncloa se decía que la forma de rendir cuentas pasaba «por hacerse cargo de la situación, tomar acciones, comparecer, dar información y datos» y que «el que mejor lo puede hacer es el ministro»; una vez anunció su dimisión y se le dio por amortizado, se pasó a ensalzar su marcha como un ejercicio de asunción de responsabilidades, de «coherencia» y de «dignidad política».Con la salida de Puente, en la Moncloa creen que podrán neutralizar un flanco de desgaste, aunque está por calibrar el impacto real sobre las expectativas electorales del PSOE. Las encuestas que se habían encargado para medir la dimensión del desastre tras el accidente ya son papel mojado y habrá que esperar a que la dimisión del ministro permee en el espectro progresista y comience a arrojar datos. Sin embargo, a nivel retórico y de argumentario, desde el primer momento, las terminales socialistas y de otros partidos de izquierda comenzaron a emitir en la misma frecuencia, en la de que hay otra forma de reaccionar ante las tragedias. El guion ya estaba escrito para respaldar al ministro y ahora se le da la vuelta, como un calcetín, para exhibir ejemplaridad en su renuncia. De este modo, se expondrán tragedias —desde la dana hasta Angrois, pasando por el Yak-42— para tratar de utilizar esta salida como elemento de refuerzo. «No somos iguales, no seremos iguales nunca», apuntaban fuentes socialistas el martes por la noche. Una línea discursiva que recogió y desarrolló el propio Sánchez en la comparecencia institucional desde la Moncloa en la que oficializó el relevo de Puente por Carlos Cuerpo. Con su renuncia, dijo el presidente, Puente demuestra algo: «No todos los servidores públicos somos iguales». «No es cierto que todos los políticos sean iguales ni que todos los Gobiernos sean lo mismo».En el Ejecutivo, en el que las muestras de apoyo al ya exministro han brillado por su ausencia en los últimos días, valoran ahora que el control de los tiempos de Puente ha sido «inteligente». «Se hizo cargo, aprobó medidas, dio explicaciones y, sólo después, ha dado un paso a un lado», defienden, asegurando que, lejos de «quitarse de en medio» hizo frente a la situación en los primeros minutos, para luego hacer «lo que más beneficia» al Gobierno y a su organización. «Si mi continuidad perjudica al proyecto, no seré un problema», anticipó el propio Puente el viernes. Y así ha sido.En el Gobierno, donde evitaron respaldar a Puente, valoran ahora el «inteligente» control de los tiempos en su salidaFuentes socialistas también creen que la salida de Puente ha descolocado al PP, aunque desde el principal partido de la oposición ya habían elevado el tiro hasta el presidente del Gobierno, considerando insuficiente la dimisión del ministro. Otra de las cuestiones que quedan por calibrar es el desgaste que acaba asumiendo Sánchez, pues pierde a uno de sus perfiles más estrechos del núcleo duro. Puente era quien ejercía de facto como cortafuegos y escudero más fiel. Ahora, Sánchez queda más expuesto en la gestión de la crisis, aunque con la elección de Carlos Cuerpo como sucesor busque cortocircuitar las críticas más políticas. Puente también tenía un importante peso específico dentro del partido, donde estaba llamado a asumir las riendas de la sucesión al frente del PSOE. Un escenario con el que él mismo llegó a coquetear públicamente y sobre el que tuvo que rectificar después, tras generar cierto conflicto dentro de la formación por lo que algunos entendieron como una postulación fuera de lugar. Puente contaba, además de con el «respaldo» de Sánchez —del que se ocupó de presumir en los últimos días—, con el favor de la militancia. Es uno de los dirigentes más queridos y vitoreados por las bases, pero, ahora, también deja la cabeza de cartel por Valladolid el 29N. Sin embargo, para algunos cargos socialistas era inasumible que, en las condiciones actuales y después de dos accidentes tan graves y mortíferos, se implicara en la campaña como si nada. Tampoco estaba en las previsiones. El ministro había pasado ya de ser un activo electoral a un elemento tóxico y esto tenía un impacto perjudicial en la campaña que el PSOE tiene por delante. Por el momento, Puente mantiene sus cargos orgánicos tanto en Castilla y León como en la Ejecutiva del partido, en la que ejerce como vocal.