Industria y alimentos, en jaque por el alza de plásticos, aluminio o fertilizantes
ResumenLa ofensiva militar de Estados Unidos e Israel en Irán se prolonga ya más de un mes y amenaza con dilatarse en el tiempo. Y ello a pesar de los mensajes de Donald Trump, tan confusos como a menudo contradictorios, de que la guerra está prácticamente ganada, al tiempo que amaga con tomar militarmente la isla de Jarg, donde se concentra el grueso de la industria petrolera de Irán, lo que supondría alargar y agravar aún más el conflicto. Lo único cierto es estos momentos es que la guerra ha desestabilizado todo Oriente Próximo, escala cada día que pasa, y sus consecuencias son ya tan graves como palpables, porque el bloqueo del estrecho de Ormuz no solo golpea el flujo de buena parte del petróleo o el gas natural que consume el mundo, disparando sus precios (un 44% el del crudo y un 85% el del gas en solo un mes), sino que además ya está provocando "un efecto dominó en la cadena industrial". Es decir, el fulgurante encarecimiento de la energía ha provocado a su vez una subida vertiginosa de los precios de las materias primas, muchas de ellas críticas para la industria, como los plásticos, el azufre, o el aluminio.
La ofensiva militar de Estados Unidos e Israel en Irán se prolonga ya más de un mes y amenaza con dilatarse en el tiempo. Y ello a pesar de los mensajes de Donald Trump, tan confusos como a menudo contradictorios, de que la guerra está prácticamente ganada, al tiempo que amaga con tomar militarmente la isla de Jarg, donde se concentra el grueso de la industria petrolera de Irán, lo que supondría alargar y agravar aún más el conflicto. Lo único cierto es estos momentos es que la guerra ha desestabilizado todo Oriente Próximo, escala cada día que pasa, y sus consecuencias son ya tan graves como palpables, porque el bloqueo del estrecho de Ormuz no solo golpea el flujo de buena parte del petróleo o el gas natural que consume el mundo, disparando sus precios (un 44% el del crudo y un 85% el del gas en solo un mes), sino que además ya está provocando "un efecto dominó en la cadena industrial". Es decir, el fulgurante encarecimiento de la energía ha provocado a su vez una subida vertiginosa de los precios de las materias primas, muchas de ellas críticas para la industria, como los plásticos, el azufre, o el aluminio. Sin olvidar su impacto sobre los fertilizantes, cruciales para el sector agroalimentario. Así lo advierten análisis internacionales como el del FMI, la ONU o Coface. Esta última entidad, que lleva tres cuartos de siglo operando en la gestión del riesgo de crédito comercial, avisa de que, en la actualidad, ese riesgo se ha multiplicado por el creciente impacto de la guerra en el conjunto de la cadena de valor industrial. Y es que si el petróleo y el gas suben, también lo hacen muchos de sus insumos, generando "riesgos de contagio" en industrias como "minería, aviación y manufactura", señala en un análisis publicado ayer, en el que subraya que, junto al crudo y el gas, son los derivados petroquímicos y el aluminio los productos que "se ven especialmente afectados". Por ejemplo, una tonelada de nafta, derivado del crudo utilizado para la producción de plásticos y disolventes, ronda ahora los 1.000 dólares en Singapur, lo que supone un alza superior al 60% desde el inicio de la ofensiva militar contra Irán. Esa presión alcista también está golpeando al azufre, un mineral clave para el proceso de lixiviación (una especie de lavado) del cobre y el níquel (un elemento clave en las baterías de coches eléctricos). Su precio se ha catapultado un 25% en apenas un mes, "poniendo en riesgo a los principales productores mineros altamente dependientes, como Chile, la República Democrática del Congo e Indonesia". Mientras, el precio del aluminio, que ya mostraba una tendencia alcista en el último año, con un alza del 25%, ha visto acelerada su subida. A estos impactos sobre la cadena industrial se añade otro tanto o más preocupante por sus efectos sobre los precios de los alimentos y la seguridad alimentaria de los países más pobres: el encarecimiento de los fertilizantes. El bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que hasta hace un mes pasaba el 33% de los fertilizantes mundiales transportados por barco, ha coincidido "con el inicio de la temporada de siembra en el hemisferio norte, lo que amenaza los rendimientos y las cosechas durante todo el año y eleva los precios de los alimentos", advirtió ayer el FMI en otro informe en el que constata la disrupción que el conflicto está provocando en "las cadenas de suministro de insumos críticos y no energéticos". Una situación con repercusiones globales pero que cuyo impacto será asimétrico. Así, el Fondo alerta de que son Oriente Próximo, África, Asia-Pacífico y América Latina las regiones a priori más expuestas "a la presión adicional de precios más altos de los alimentos y fertilizantes, y a condiciones financieras más restrictivas". El organismo multilateral va aún más allá y avisa de que los países más pobres "corren un riesgo especial de sufrir inseguridad alimentaria", hasta el punto de que "algunos podrían necesitar más apoyo externo". Un diagnóstico en el que coincide la división de la ONU para Comercio y Desarrollo (UNCTAD), que también dio la voz de alarma al señalar que "el aumento de los costes de energía, fertilizantes y transporte eleva los riesgos para la producción de alimentos, el suministro y los precios". Al quebranto que sobre el tránsito mundial de mercancías, y en concreto de fertilizantes, supone de por sí el bloqueo de Ormuz hay que añadir el hecho de que buena parte de esos fertilizantes son producidos en el Golfo; esto es, en la región directamente golpeada por la guerra, que, según Coface, aglutina cerca del 19% de las exportaciones mundiales de fertilizantes nitrogenados y el 36% del volumen mundial de urea (fertilizante químico que se aplica al suelo). Aunque el mayor impacto proviene, sin embargo, del encarecimiento del gas natural, que representa "hasta el 80% de los costes de producción de los fertilizantes nitrogenados", señala el informe, que añade que, hasta ahora, "solo los productores de cereales estadounidenses parecen verse afectados, pero si las perturbaciones persistieran, Brasil, la India o, incluso, Europa estarían más expuestos". De momento, las buenas cosechas actuales y las reservas de grano actúan como dique de contención frente al alza de los alimentos, pero todo dependerá de cuánto se prolongue el conflicto.