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El Mundo ·

El calor adelanta la recogida de la uva y desata una crisis de mano de obra en el campo: "Los trabajadores no van a abandonar la hostelería por unos pocos días de vendimia"

Resumen

Esa es la plegaria que ya se comienza a oír en las vendimias que se están llevando a cabo en toda España o las que están por iniciar, donde la tensión cada vez más elevada que afrontan las bodegas del sector se ve espoleada por una ola de calor que las obliga a adelantar la campaña solapando la recogida por la de otros tipos de frutos, con la temporada alta de la hostelería y con la partida de muchos jóvenes al finalizar el verano. Este desajuste no solo amenaza con reducir el volumen de la producción, sino que pone en jaque la calidad de la uva al impedir que se recolecte en su óptima maduración. Uno de ellos es Antonio Gondar, el dueño de la bodega Avó Roxo en Pontevedra, quien se ve obligado a duplicar los días de recolección en el campo al disponer de apenas ocho de los diez temporeros necesarios para su campaña de cuatro hectáreas y media, y apunta que, «aunque la vendimia se adelante, el problema es que ya no hay mano de obra». El viticultor, que tradicionalmente confiaba en la ayuda familiar y en jóvenes estudiantes, observa cómo el adelanto de los calendarios escolares disminuye su red de apoyo, forzándole a extender las jornadas de trabajo de cuatro a ocho días para evitar que la uva se pase en la cepa y asumiendo un riesgo que, de torcerse el clima, «se traducen pérdidas a lo mejor de un 15 o 20% de la producción» total de sus viñedos.

Faltan manos para recoger la uva. Esa es la plegaria que ya se comienza a oír en las vendimias que se están llevando a cabo en toda España o las que están por iniciar, donde la tensión cada vez más elevada que afrontan las bodegas del sector se ve espoleada por una ola de calor que las obliga a adelantar la campaña solapando la recogida por la de otros tipos de frutos, con la temporada alta de la hostelería y con la partida de muchos jóvenes al finalizar el verano. Este desajuste no solo amenaza con reducir el volumen de la producción, sino que pone en jaque la calidad de la uva al impedir que se recolecte en su óptima maduración. Uno de ellos es Antonio Gondar, el dueño de la bodega Avó Roxo en Pontevedra, quien se ve obligado a duplicar los días de recolección en el campo al disponer de apenas ocho de los diez temporeros necesarios para su campaña de cuatro hectáreas y media, y apunta que, «aunque la vendimia se adelante, el problema es que ya no hay mano de obra». El viticultor, que tradicionalmente confiaba en la ayuda familiar y en jóvenes estudiantes, observa cómo el adelanto de los calendarios escolares disminuye su red de apoyo, forzándole a extender las jornadas de trabajo de cuatro a ocho días para evitar que la uva se pase en la cepa y asumiendo un riesgo que, de torcerse el clima, «se traducen pérdidas a lo mejor de un 15 o 20% de la producción» total de sus viñedos. Asimismo, Marco Antonio Santamaría, socio de la cooperativa Condes de Albarei en la comarca gallega de las Rías Baixas, explica que «para la vendimia, tradicionalmente se tiraba mucho de jóvenes antes de empezar sus estudios y de trabajadores de la hostelería», dos colectivos que hoy resultan inaccesibles porque, con el adelanto de unas tres semanas en las cosechas, «ambas temporadas se solapan» de manera insalvable. Santamaría recalca la imposibilidad de competir en estas nuevas condiciones al advertir que «los trabajadores no van a abandonar la hostelería por los 8 o 10 días que dura la vendimia». Un escenario que, según relata, se ve agravado por un indiscutible «factor demográfico, con menos juventud, y el hecho de que la universidad ahora empieza antes que hace unos años», lo que asesta un golpe al reclutamiento juvenil. El propietario de la bodega Avó Roxo de Meaño, Antonio Gondar.ROSA GONZÁLEZ Fuera de Galicia y mirando todo el terreno vitivinícola, sólo en la campaña de 2025, este fenómeno afectó al 63% de las bodegas del país al registrar dificultades para completar sus plantillas de trabajadores, según detalla un estudio de Synergie. En ese contexto, su directora de Operaciones, Inés Lavadió, explica que «cuando los enólogos dictaminan que la uva puede recogerse, la bodega necesita muchísimo personal y muy rápido», obligando a llevar una búsqueda acelerada de las más conocidas como cuadrillas. Por tanto, mantener las plantillas como una continuidad de los temporeros es clave; ese es el caso de Carlos Fernández de Piérola, director de Bodegas Fernández de Piérola, quien cuenta con una cuadrilla constante de entre 15 y 20 operarios, lo que contrasta con la tensión en Villabuena de Álava, donde su alcalde y viticultor, Iñaki Pérez, detalla que «con el cambio climático se nos ha adelantado», provocando un desajuste que les obliga a competir por la mano de obra con otras campañas frutícolas. Pérez gestiona un viñedo de unas 35 hectáreas en el que requiere ocho jornaleros, explica que «al mismo tiempo todas las vendimias necesitan gente y competimos todos a la vez en consecuencia no tenemos mano de obra». Ante la escasez, los agricultores se ven abocados a compartir cuadrillas en los días de inactividad para que la recogida no se paralice, asumiendo retrasos que, según advierte Fernández de Piérola, comprometen la calidad del fruto porque la uva «se recogería más tarde y eso podría afectar a la calidad» de la cosecha. Por su parte, desde Asaja ratifican este desajuste al señalar que las olas de calor están acelerando de forma anómala la maduración de la uva. Este fenómeno obliga a las bodegas a adelantar la recolección varias semanas antes de lo habitual, consolidando esta campaña de 2026 como la más precoz de la que se tiene constancia en la historia del país.