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El Mundo ·

La tragedia de Huelva remueve el dolor en Barbate: "La muerte de mi hijo no ha servido para nada"

Resumen

A Paqui se le heló la sangre este viernes poco después de las dos de la tarde. Por unos momentos, su cabeza volvió al 9 de febrero de 2024, cuando a su hijo, el guardia civil Miguel Ángel González, lo mataron en acto de servicio cuando perseguía a una narcolancha en el puerto de esa localidad gaditana y los traficantes pasaron por encima de la zodiac en la que iba su hijo junto a otros compañeros. Uno de ellos, David Pérez, murió también por las graves heridas. Su familia no se lo quería decir, pero a primera hora de la tarde Paqui se percató de que uno de sus grupos de WhatsApp hervía con mensajes y enlaces.

A Paqui se le heló la sangre este viernes poco después de las dos de la tarde. Por unos momentos, su cabeza volvió al 9 de febrero de 2024, cuando a su hijo, el guardia civil Miguel Ángel González, lo mataron en acto de servicio cuando perseguía a una narcolancha en el puerto de esa localidad gaditana y los traficantes pasaron por encima de la zodiac en la que iba su hijo junto a otros compañeros. Uno de ellos, David Pérez, murió también por las graves heridas. Su familia no se lo quería decir, pero a primera hora de la tarde Paqui se percató de que uno de sus grupos de WhatsApp hervía con mensajes y enlaces. Los abrió y se enteró de que, dos años después, otros dos agentes de la Guardia Civil habían muerto mientras hacían su trabajo, mientras luchaban contra el narco en combate desigual. Las muertes de Germán Pérez y Jerónimo Jiménez, a 80 millas de la costa de Huelva, reabrió una herida que nunca, dice, se ha cerrado. NI se cerrará. "Me harté de llorar", cuenta Paqui desde su casa de Barbate, porque fue "revivir todo lo que hemos pasado". Pero, sobre todo, lo que desgarra a esta mujer es que no se hayan tomado las medidas necesarias en estos dos años para que sucedió aquella madrugada en el puerto barbateño no volviese a suceder. Hasta este viernes trataba de consolarse pensando que quizás la muerte de su hijo y de su compañero David podría haber servido para que no hubiese nuevas víctimas. Pero no. "La muerte de mi hijo no ha servido para nada", afirma con la voz temblorosa mientras rememora el "golpe impresionante" que le supuso la noticia de las muertes de los guardias de Huelva. "Es muy triste que haya tenido que volver a pasar, no sé cuántas veces quieren que pase", se queja. Tiene claro la madre de Miguel Ángel que ni la tragedia de Barbate de febrero de 2024 ni la de Huelva de este viernes eran inevitables. "Se podía haber evitado", insiste, y señala directamente al Gobierno y, más en concreto, al Ministerio del Interior y a su titular, Fernando Grande Marlaska. Tanto entonces como ahora, lamenta, se repite la misma historia, la de unos cuerpos de seguridad, la Guardia Civil en este caso, que pelean contra los grandes clanes del narcotráfico sin los medios necesarios. "Están indefensos, salen a cuerpo", afirma sobre las condiciones en las que desempeñan su trabajo los agentes antidroga. Lo de su hijo "fue un asesinato" -los narcos embistieron la zodiac en la que iba- y, aunque lo de Huelva pueda calificarse como accidente -chocaron las dos embarcaciones del instituto armado-, en los dos casos "iban persiguiendo una narcolancha". No solo cree que en estos 27 meses no se han tomado, por parte del Gobierno, las medidas necesarias para evitar que se repitiese lo que vivió aquel 9 de febrero -y que revive cada día-, sino que, además, denuncia que la situación ha empeorado porque los narcos "están más envalentonados y son más violentos". Hay cada vez más narcolanchas, critica, y allí mismo, en Barbate, donde murió su hijo, ella misma ha vuelto a ver cómo estas potentes embarcaciones para el transporte de hachís o cocaína campan a sus anchas. Luisa, la viudad del guardia Germán Pérez, porta su féretro este sábado en su funeral en Huelva.ANTONIO POZOARABA PRESS "Hacen lo que quieren y la Guardia Civil no puede ni usar su arma", insiste. Los agentes, apostilla, están "atados de pies y manos". Tiene duras palabras para el ejecutivo y, especialmente, para el ministro del Interior y para el presidente, Pedro Sánchez. De Grande Marlaska -que este viernes se ausentó el funeral en Huelva y desató una oleada de críticas- considera que "se está riendo en la cara de las víctimas". O eso o "es impasible y tiene un corazón de hielo". De Sánchez afirma que "está detrás" y, junto al titular de Interior, son "los que tienen el poder" para remediar esta situación y no lo hacen. "Si pasara en Cataluña, seguro que lo habrían arreglado", añade. "¿Por qué permiten que maten a nuestros hijos?", pregunta señalando a Sánchez y a Marlaska, al que llama el "ministro inepto". Paqui, y el resto de su familia y de la de David Pérez, han tratado en estos años de seguir con sus vidas, llevar, dice, "una vida lo más normal posible". Pero admite que la realidad es otra muy distinta, en la que el dolor no desaparece nunca, solo se mitiga. "El tiempo atenúa el dolor, pero no lo borra", manifiesta la madre de Miguel Ángel, que tampoco deja de acordarse desde que se enteró de lo sucedido este viernes de las familias de los dos nuevos guardias fallecidos. "Les mando toda mi fuerza, no tengo palabras, no hay consuelo", destaca para repetir, acto seguido, que "se podía haber evitado" tanto dolor. No es optimista respecto al futuro inmediato. "Las cosas no se arreglan de un día para otro" y confía en que una movilización social logre cambiar las cosas, aunque "yo no me callo, pero sola no puedo hacer nada". A Miguel Ángel "lo tengo presente cada día" porque es "un trozo que me falta" y sabe lo que estarán viviendo las viudas, los hijos, los padres del agente Germán y del capitán Jerónimo por la droga "que destroza un país" y porque quien puede no pone los medios para evitar más dolor.