El relato del postsanchismo
ResumenLa derecha política y sociológica cree, o teme, que Sánchez le va a robar las elecciones con las nacionalizaciones a mansalva de la (mal) llamada 'ley de nietos'. Intentarlo lo va a intentar pero es difícil que tenga éxito. los dos partidos conservadores juntos menos del cincuenta por ciento –en algunas roza el sesenta–, una tendencia común en casi todos los países europeos, y esa ventaja sólo la puede anular una cadena de errores descomunales o la aparición de un cisne negro que para remontar semejante diferencia tendría que provocar un 'shock' social gigantesco. La realidad es que con esa y otras medidas, lo que los socialistas están preparando no es tanto su actual supervivencia como su futuro retorno al Gobierno.Salvo esa sacudida inesperada, poco verosímil aunque nunca descartable, la izquierda va a perder las elecciones y sus dirigentes lo saben.
La derecha política y sociológica cree, o teme, que Sánchez le va a robar las elecciones con las nacionalizaciones a mansalva de la (mal) llamada 'ley de nietos'. Intentarlo lo va a intentar pero es difícil que tenga éxito. No hay encuesta que dé a ... los dos partidos conservadores juntos menos del cincuenta por ciento –en algunas roza el sesenta–, una tendencia común en casi todos los países europeos, y esa ventaja sólo la puede anular una cadena de errores descomunales o la aparición de un cisne negro que para remontar semejante diferencia tendría que provocar un 'shock' social gigantesco. La realidad es que con esa y otras medidas, lo que los socialistas están preparando no es tanto su actual supervivencia como su futuro retorno al Gobierno.Salvo esa sacudida inesperada, poco verosímil aunque nunca descartable, la izquierda va a perder las elecciones y sus dirigentes lo saben. La estrategia se centra por un lado en reducir las dimensiones de la derrota con todo lo que esté a su alcance, y por otro en legar a la alternativa un terreno de abrojos que convierta la gobernanza en un calvario de penalidades. Entre ellas está la polémica ampliación del censo de votantes y sobre todo la ocupación preventiva de mecanismos institucionales –comisiones reguladoras y de control, empresas del Estado, medios de comunicación públicos– donde sus peones de confianza puedan atrincherarse y, si es posible, bloquear o sabotear decisiones del futuro Ejecutivo hasta crearle un clima de parálisis asfixiante.El sanchismo está tratando de crear un estado de opinión que mantenga activo a su electorado durante el último año de mandato y en el peor de los casos le estimule un impulso de revancha a medio plazo. Ahí entra la idea del 'lawfare', la propaganda sobre una fantasmagórica conspiración judicial, que no va a cambiar la correlación de fuerzas con efecto inmediato pero puede servir para cohesionar a sus partidarios cuando el presidente sea desalojado. Su horizonte de resistencia en el liderazgo orgánico no será el mismo si los militantes atribuyen el descalabro a la corrupción o a la convicción de una conjura de fascistas togados. Y para continuar al frente de la oposición sin que los suyos insistan en echarlo necesita un relato capaz de insuflarles ánimo. De aquí en adelante, cada paso de Pedro habrá que analizarlo en esa doble perspectiva. Hasta llegar a las urnas creará una atmósfera infernal de polarización frentista con la remota esperanza de que los adversarios se compliquen solos la vida. Después, si el desenlace es el previsible, su objetivo consistirá en evitar que sus compañeros del partido le muevan la silla prometiéndoles un pronto retorno al poder tras una breve travesía en la que las derechas tendrán que moverse –ya se ocupará él de conseguirlo– sobre un paisaje de fuego y cenizas. Quien ha transformado los resortes del Estado en armas arrojadizas no va a vacilar en transmitir como herencia un campo de minas. Le irá mucho en ello si el panorama penal se le complica.