La carpeta roja de Óscar Puente y su renuncia en ‘prime time’
ResumenEste ha sido el caso del ministro de Transportes, que ayer presentó su renuncia (no habló de dimisión, porque equivaldría a reconocer su culpa), después de largos días diciendo que irse sería lo fácil y que su forma de asumir su responsabilidad era seguir en su puesto hasta aclarar las razones del accidente ferroviario de Toledo y solucionar los problemas de la Alta Velocidad en España. El caso es que Óscar Puente se presentó el martes en la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados para rendir cuentas sobre lo sucedido la semana pasada, en que fallecieron 69 personas en un trágico choque de trenes. El ministro iba provisto de un buen fajo de papeles, que fue utilizando para intentar (sin éxito) aclarar lo sucedido y responder a las durísimas preguntas de todos los grupos parlamentarios. Hasta sus socios y aliados en el Gobierno criticaron su gestión y pidieron su dimisión.
Este ha sido el caso del ministro de Transportes, que ayer presentó su renuncia (no habló de dimisión, porque equivaldría a reconocer su culpa), después de largos días diciendo que irse sería lo fácil y que su forma de asumir su responsabilidad era seguir en su puesto hasta aclarar las razones del accidente ferroviario de Toledo y solucionar los problemas de la Alta Velocidad en España. El caso es que Óscar Puente se presentó el martes en la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados para rendir cuentas sobre lo sucedido la semana pasada, en que fallecieron 69 personas en un trágico choque de trenes. El ministro iba provisto de un buen fajo de papeles, que fue utilizando para intentar (sin éxito) aclarar lo sucedido y responder a las durísimas preguntas de todos los grupos parlamentarios. Hasta sus socios y aliados en el Gobierno criticaron su gestión y pidieron su dimisión. Tan solo Bildu, poco sensible a las muertes como muestra su historia, mantenía su apoyo al titular de Transportes. Pero cuando estaba a punto de acabar la sesión y casualmente en pleno prime time de los informativos nacionales (eran las 21:10), echó mano de una carpeta de cartón roja, la abrió y leyó unos folios que tenía preparados para el momento. Fue entonces cuando anunció su renuncia al cargo y a formar parte de la lista electoral del PSOE por Valladolid. Dijo que un ministro no puede seguir en el cargo cuando, bajo su mandato, y “aunque no sea responsable directo”, se han producido dos trágicos siniestros con 116 víctimas mortales en apenas nueve meses. Explicó lo que todo el mundo venía exigiendo en los últimos días y él lo negaba hasta con ira. Añadió Puente que se va “por dignidad”, que su marcha “es necesaria y positiva para la democracia” y para su partido. “Quiero estar a la altura de mi país y de los que me precedieron” (¿se refería a José Luis Ábalos, anterior ministro de Transportes y condenado por corrupción?), porque “nadie es más grande que las siglas a las que pertenece”, sentenció para terminar. Y para que no hubiera dudas, dijo a los periodistas mientras salía que había informado de su decisión al presidente unos minutos antes de anunciarlo. Me van a permitir mi escepticismo sobre el anuncio del martes. Los papeles de carpeta roja del ministro tienen toda la pinta de haber sido escritos desde La Moncloa y la razón de su renuncia no se debe a la dignidad o a la empatía con las víctimas. El montaje de ayer forma parte del penúltimo intento del PSOE para recuperar posiciones frente a las elecciones del 29 de noviembre, después de que las encuestas anunciaran un desplome en la intención de voto tras el accidente mortal de Toledo. Eso no quiere decir que la dimisión del ministro no sea algo loable. Lo tenía que haber hecho, probablemente, tras el accidente de Adamuz en enero de 2026. O, si no, en los días posteriores al segundo siniestro mortal. Pero desde Ferraz y desde La Moncloa estuvieron calibrando las consecuencias de la renuncia para los comicios del 29-N y la situación de Pedro Sánchez si se quedaba sin el parapeto a las críticas que suponía Puente. Finalmente, debieron concluir que cada día que pasaba sería peor para sus intereses electorales y le pusieron la cápsula de cianuro en la carpeta roja. Sin perder tiempo, todas las terminales políticas y mediáticas del sanchismo empezaron a loar la figura de Óscar Puente y su decisión de abandonar su cargo. El propio Sánchez llegó a decir que “políticos como él dignifican a nuestro país y nos demuestran que no todos somos iguales”. Ese ha sido el mantra en las horas siguientes a la dimisión, “no todos somos iguales”. Lo han estado diciendo ministros y compañeros de partido, incluso los que criticaban abiertamente al ministro tras el accidente, para intentar recuperar un poco de optimismo electoral. La buena noticia, tras la dimisión de Puente, es que el presidente anunció ayer que será el vicepresidente primero del Gobierno, Carlos Cuerpo, el que se haga cargo de la cartera de Transportes, manteniendo la de Economía. Una decisión razonable, teniendo en cuenta su carácter técnico y su eficacia probada durante su gestión en los últimos meses. Ayer mismo, llamó a capítulo al presidente de Adif y a altos cargos del Ministerio para informarse de la situación. Una reunión en la que se materializó la salida del presidente de Adif. Sería un error pensar que con la renuncia de Puente quedan solucionados los problemas. Nada más lejos de la realidad. La responsabilidad asumida por Puente no es final de nada; debería ser el principio de una auténtica revolución en la gestión de las infraestructuras en nuestro país. Poco puede hacer Carlos Cuerpo en las semanas que quedan hasta las elecciones. Solo asegurarse de que la investigación sobre el accidente se realice con rigor, seriedad y rapidez, no como se hizo en enero tras la tragedia de Adamuz. Lo que sí hay que pedir a todos los partidos es que dejen de hacer política partidista y que, gobierne quien gobierne tras las elecciones, se plantee una estrategia para recuperar la calidad de una red de alta velocidad que fue ejemplar en su día. No puede haber más muertos en las vías.