De GSK a Veolia: antibióticos con restos de pan y patata
ResumenLa transformación de residuos en otros productos útiles es la clave de la economía circular, y en alimentación se están desarrollando importantes aplicaciones que acaban destinando todo aquello que no llegamos a comernos en componentes para mejorar la salud, bien llegando a la industria farmacéutica o bien a ingredientes funcionales que previenen o alivian enfermedades. Entre las grandes industrias españolas destaca el caso de Capsa -el grupo de Central Lechera Asturiana-, que tiene en marcha varias iniciativas; entre ellas, una alianza con Cantabria Labs desde 2018 para desarrollar y comercializar nuevas fórmulas nutricionales. Fruto de ello surgió la línea NMCLA (Nutrición Médica Central Lechera Asturiana), que ha creado soluciones como NMCLA Diabet, una dieta líquida diseñada para diabéticos o personas con hiperglucemia secundaria asociada a otras patologías, desnutridos o con riesgo de desnutrición, enfocada al paciente crónico tras el alta hospitalaria. En esta misma industria, Arla Foods, la mayor cooperativa láctea de Europa, tiene una filial denominada Arla Foods Ingredients, que aprovecha residuos con diferentes finalidades.
La transformación de residuos en otros productos útiles es la clave de la economía circular, y en alimentación se están desarrollando importantes aplicaciones que acaban destinando todo aquello que no llegamos a comernos en componentes para mejorar la salud, bien llegando a la industria farmacéutica o bien a ingredientes funcionales que previenen o alivian enfermedades. Entre las grandes industrias españolas destaca el caso de Capsa -el grupo de Central Lechera Asturiana-, que tiene en marcha varias iniciativas; entre ellas, una alianza con Cantabria Labs desde 2018 para desarrollar y comercializar nuevas fórmulas nutricionales. Fruto de ello surgió la línea NMCLA (Nutrición Médica Central Lechera Asturiana), que ha creado soluciones como NMCLA Diabet, una dieta líquida diseñada para diabéticos o personas con hiperglucemia secundaria asociada a otras patologías, desnutridos o con riesgo de desnutrición, enfocada al paciente crónico tras el alta hospitalaria. En esta misma industria, Arla Foods, la mayor cooperativa láctea de Europa, tiene una filial denominada Arla Foods Ingredients, que aprovecha residuos con diferentes finalidades. Entre ellas, el uso del suero de leche, que se genera en la elaboración de quesos, que es muy rico en lactosa. Esa lactosa, debidamente transformada, se aplica en usos farmacéuticos, concretamente en comprimidos y cápsulas de los medicamentos, ya que actúa como diluyente o agente de relleno. También se incluye en los inhaladores de polvo seco, productos liofilizados, soluciones de recubrimiento de azúcar y ciertas preparaciones líquidas. La propia Arla Foods Ingredients creó, también a partir de subproductos de su actividad industrial, un ingrediente denominado Lacprodan, una proteína en polvo que se mezcla con líquidos y que se emplea para combatir la malnutrición en pacientes hospitalizados con estancias prolongadas. También en el sector lácteo, Pascual lanzó la filial Arandovo para aprovechar los residuos de la cáscara de huevo de las fábricas del grupo, con resultados ya en marcha. Esta firma genera un producto llamado MKare, a partir de la membrana de cáscara de huevo. Contiene de forma natural colágeno, elastina, ácido hialurónico y más de 400 proteínas que ayudan a fijar el calcio en los huesos, regenerar el cartílago, y mejorar la flexibilidad de tendones y ligamentos. Además, el carbonato cálcico que se separa de la membrana también tiene aplicaciones para la salud ósea. Hace dos años, además, Arandovo alcanzó un acuerdo con Bio-Dis Pharma y ha lanzado una línea de complementos alimenticios con productos anti envejecimiento, de nutricosmética, para deportistas e incluso para salud de las mascotas. La cáscara del huevo es también el ingrediente que utiliza la empresa Eggnovo. Esta compañía navarra extrae de la membrana ingredientes que contienen una matriz de compuestos naturalmente presentes -colágeno, ácido hialurónico, elastina y más- para apoyar la salud de las articulaciones y la piel. De la cáscara extrae carbonato cálcico para formulaciones enfocadas en la salud ósea. Además de ofrecer ingredientes para otras empresas, elabora también sus productos propios. Por ejemplo, entre los nutracéuticos cuenta con Ovomet, dirigido a la elasticidad de las articulaciones; Ovoderm, hidratante para la piel y también antienvejecimiento; y Ovocet, una matriz multimineral de calcio para huesos y dientes. La clave para que se produzca esta simbiosis está muchas veces en la colaboración entre las empresas y los centros de investigación. La farmacéutica GSK, para obtener ingredientes a partir de residuos alimentarios, mantiene un acuerdo con Biorenewables Development Centre (BDC), creado a partir de dos equipos de investigación de la Universidad de York. GSK buscaba alternativas a la glucosa que necesita en su fábrica de antibióticos de Irvine (Escocia), por la volatilidad de los precios de este ingrediente, y hace una década acudió al BRC. El objetivo era extraer glucosa a partir de subproductos ricos en almidón -como descartes de pan y residuos de patata de la industria alimentaria- para utilizarla en la fabricación de compuestos farmacéuticos y antibióticos. Tras superar las fases de ensayo iniciales en los laboratorios del BDC, el proyecto sumó a otros socios, como Veolia, empresa que gestiona residuos y puede aportar materia prima. Este mismo equipo de investigación ha llevado a cabo otros desarrollos. Por ejemplo, a partir del uso de residuos de berros realizó una investigación destinada a elaborar una crema contra la dermatitis del pañal en los bebés para la firma Prof&Doc. La evolución de estos trabajos acabó creando no sólo ese tratamiento, sino también otros productos dermatológicos que se comercializan con la marca Watercress Active y que alivian diferentes enfermedades. Para obtener la materia prima se utiliza el excedente de berros de la empresa The Watercress Company, con sede en Dorset, en el suroeste de Inglaterra. La empresa Valogen, que trabaja con subproductos agroalimentarios, también desarrolla aplicaciones médicas, algunas con el BDC. Por ejemplo, están ampliando el valor de la harina de colza, el material residual que queda tras la extracción del aceite de colza. A pesar de su alto contenido proteico, tradicionalmente se ha utilizado como alimento para animales, sin aprovechar todo su potencial. Gracias a estos excedentes han desarrollado péptidos de alto valor que favorecen la cicatrización de heridas, por sus propiedades antiinflamatorias, y resultan prometedores para combatir la pérdida muscular relacionada con la edad, explica el centro de investigación. Los restos de olivar que no se utilizan en la producción de aceite llegan a la biotecnológica española Natac, que los transforma en diversos productos, entre ellos, ingredientes funcionales y nutracéuticos. Emplea también cardo, alcachofa y otras plantas con el fin de elaborar compuestos activos para la industria farnacéutica. Genera sus propios productos, sobre todo de tipo funcional. Uno de sus últimos lanzamientos ha sido Oleomind, un extracto de olivo para el bienestar cognitivo y mental. Otro de sus productos destacados es Endolive, para la salud cardiovascular. Según señala la compañía, se ha demostrado en los ensayos clínicos que ayuda a controlar la presión arterial, reduce la glucosa sérica y eleva el colesterol HDL, por lo que contribuye a mejorar la salud cardiovascular. La empresa danesa Novonesis se dedica a trabajar con residuos de las industrias alimentarias y buscarles nuevos usos mediante biosoluciones. Aunque gran parte de su foco está puesto en la mejora de la productividad agrícola y ganadera, una de sus actividades consiste también, a través de la fermentación de precisión de residuos vegetales, en promover la elaboración de probióticos y otros elementos que favorecen la salud digestiva de los humanos. çLos resultados de su trabajo se destinan a otras empresas de carácter sanitario. Entre ellas, Novonensis tiene un acuerdo con la farmacéutica Novo Nordisk para colaborar en la investigación para explorar el papel del microbioma intestinal en el mantenimiento de la salud metabólica. También está empleando la fermentación de excedentes de garbanzos para producir MenaquinGold, un producto a base de la vitamina K2-7 con la función de ayudar a reducir los niveles de colesterol. Dsm-Firmenich es una empresa con sede en Suiza que trabaja a partir de materiales descartados por la industria. Desde cáscaras de naranja recuperadas hasta restos de virutas de madera, crea sobre todo ingredientes para el sector de la perfumería, pero también tiene una división sanitaria. Uno de sus productos es el colágeno de grado médico, que elabora a partir de tejido y piel de origen bovino. Fabrican el colágeno en polvo, suspensiones o láminas y se utiliza en aplicaciones vasculares, dentales, ortopédicas y para el tratamiento de heridas.