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Expansión ·

El tsunami demócrata acota el poder de Trump: de control del Capitolio al 'impeachment'

Resumen

Un tsunami de voto azul tiñó este martes el mapa político estadounidense, permitiendo al Partido Demócrata recuperar el control completo del Capitolio, acotar el poder con el que Donald Trump agotará los dos años que le restan en la Casa Blanca y arrebatar al Partido Republicano algunos de sus más tradicionales feudos de voto conservador, como Texas, Kansas o Carolina del Sur. El resultado de las elecciones legislativas de medio mandato lanza ante todo un claro mensaje del descontento ciudadano con la escalada de precios de los carburantes, la guerra en Irán, la detención masiva de inmigrantes o el levantamiento de muros arancelarios impulsados por su presidente, y abre la batalla por la sucesión en 2028. La contundencia de la victoria demócrata llevó a Trump a reconocerla inmediatamente, felicitarles y ofrecerse a negociar con ellos, si bien no tardó en desmarcarse de la derrota de los suyos. “Yo no estaba en la papeleta y si lo hubiera estado, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría!”, escribió en su red social, Truth.

Un tsunami de voto azul tiñó este martes el mapa político estadounidense, permitiendo al Partido Demócrata recuperar el control completo del Capitolio, acotar el poder con el que Donald Trump agotará los dos años que le restan en la Casa Blanca y arrebatar al Partido Republicano algunos de sus más tradicionales feudos de voto conservador, como Texas, Kansas o Carolina del Sur. El resultado de las elecciones legislativas de medio mandato lanza ante todo un claro mensaje del descontento ciudadano con la escalada de precios de los carburantes, la guerra en Irán, la detención masiva de inmigrantes o el levantamiento de muros arancelarios impulsados por su presidente, y abre la batalla por la sucesión en 2028. La contundencia de la victoria demócrata llevó a Trump a reconocerla inmediatamente, felicitarles y ofrecerse a negociar con ellos, si bien no tardó en desmarcarse de la derrota de los suyos. “Yo no estaba en la papeleta y si lo hubiera estado, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría!”, escribió en su red social, Truth. Fue el propio magnate, sin embargo, quien se encargó de focalizar en su persona los comicios pidiendo precisamente a sus votantes “fingir” que era él quien aparecía en las papeletas y protagonizando cerca de una treintena de mítines por todo el país, convirtiendo de facto la votación en un plebiscito sobre su mandato. El resultado fue demoledor para él y su partido. A la espera de que concluya el largo recuento de unos comicios con 250 millones de electores y nueve usos horarios, el escrutinio no tardó en desvelar que los demócratas habían conseguido arrebatar a los republicanos tanto el control tanto de la Cámara de Representantes, como se esperaba, como, más sorpresivamente, el Senado. Al cierre de esta edición, con parte del recuento aún pendiente, los demócratas contaban ya 228 de los 435 asientos de la Cámara de Representantes, que se renovaba al completo, frente a los 139 que sumaban los republicanos. A su vez, el Partido Demócrata cosechaba ya una holgada mayoría en el Senado, con 54 de los 100 escaños, tras arrebatar siete plazas a los republicanos, que sumaban 44. Les habría bastado con ganar cuatro sillas para superar la mayoría de 50 y el voto de desempate que tiene el vicepresidente J.D. Vance. Semejante vuelco en el tablero político devuelve al Partido Demócrata la iniciativa parlamentaria y les permitirá frenar parte de la agenda política de Trump en los dos años que le restan de mandato. Pero el impacto será limitado. “Pese a la magnitud de su victoria, los demócratas no alcanzan los 60 votos necesarios en el Senado para superar el bloqueo parlamentario” de la figura del filibustero, “ni la mayoría de dos tercios requerida para anular un veto presidencial”, aclara Jack Janasiewicz, estratega de Natixis Investment Managers, matizando que esto “limita considerablemente la capacidad del Congreso para modificar las políticas fiscal, comercial, energética o tecnológica”. En cambio, apunta el experto, es más probable que asistamos a “una mayor supervisión parlamentaria, una menor actividad legislativa de calado, enfrentamientos en materia presupuestaria y una mayor dependencia de las facultades del poder ejecutivo”. En este sentido conviene recordar que Trump ha sido el presidente estadounidense que más ha gobernado a golpe de decreto, incluso teniendo el control de las dos cámaras legislativas. Así, durante los dos últimos años, el inquilino de la Casa Blanca ha sellado cerca de 300 órdenes ejecutivas, el doble que su predecesor, Joe Biden, en sus cuatro años de mandato. Es de prever, por tanto, que Trump, que ha visto decaer dos veces su muro arancelario por no someterlo a la votación de un Parlamento controlado por su partido, exprima sus poderes ejecutivos ahora que ha perdido el control del Capitolio. Los demócratas, eso sí, podrán impulsar investigaciones parlamentarias y el recurso de someter a Trump y sus primeros espadas a un impeachment, el juicio político que acabó con la presidencia de Richard Nixon tras el escándalo del Watergate. Para que prospere, eso sí, necesitarían sumar apoyos republicanos porque hacen falta dos tercios del Senado. La mayor baza demócrata, en todo caso, será su capacidad decisoria sobre los Presupuestos, que les podría ayudar a torcer el brazo de Trump en ámbitos como la guerra en Irán, los aranceles, y los recortes de gasto social o sanitario.