Moreno pierde cinco diputados y se mete en “el lío” contra el que ha alertado toda la campaña
ResumenLa cara un tanto circunspecta del presidente de la Junta de Andalucía y candidato a la reelección por el PP, Juan Manuel Moreno, era un aviso de que la noche igual no acababa tan bien para el partido como el resto de los dirigentes esperaban conforme iban llegando a su sede de la calle San Fernando de Sevilla. El barón popular fue muy comedido al recordar que se habían marcado tres objetivos claros para el 17-M: ganar las elecciones, algo que ninguna encuesta ponía en duda; ser primera fuerza en todas las provincias, una barrera que ya se franqueó hace cuatro años; y conseguir la mayoría para no depender de Vox. Este era a priori el más escurridizo de todos y el que, realmente, marcaba el éxito o el fracaso de la campaña de su candidato a la reelección. “Esta noche veremos si se cumplen”, dijo con cautela.
La cara un tanto circunspecta del presidente de la Junta de Andalucía y candidato a la reelección por el PP, Juan Manuel Moreno, era un aviso de que la noche igual no acababa tan bien para el partido como el resto de los dirigentes esperaban conforme iban llegando a su sede de la calle San Fernando de Sevilla. El barón popular fue muy comedido al recordar que se habían marcado tres objetivos claros para el 17-M: ganar las elecciones, algo que ninguna encuesta ponía en duda; ser primera fuerza en todas las provincias, una barrera que ya se franqueó hace cuatro años; y conseguir la mayoría para no depender de Vox. Este era a priori el más escurridizo de todos y el que, realmente, marcaba el éxito o el fracaso de la campaña de su candidato a la reelección. “Esta noche veremos si se cumplen”, dijo con cautela. No pasó. Su rostro no se equivocaba: su partido se quedó a dos diputados de la ansiada mayoría de estabilidad, 55, cinco menos que en 2022, y con la dolorosa certeza de tener que depender por la mínima de los ultras para gobernar. En definitiva, el “lío” contra el que Moreno había alertado toda esta campaña. El propio Moreno se refería a esos objetivos, cuando horas después, pasadas las 23.30, comparecía ante los suyos en la calle de San Fernando. “No hemos sacado matrícula de honor, pero hemos sacado sobresaliente”, ha reconocido en un ambiente taciturno, muy diferente al júbilo desbocado de hace cuatro años. El dirigente popular ha constado que está en ese “lío” que ha tratado de exorcizar durante toda la campaña, pero ha dejado claro que su intención es la de formar gobierno. “Los andaluces nos han dado un mandato, el de seguir transformando Andalucía y ese mandato lo vamos a cumplir”, ha dicho, para asegurar que, tras los resultados les “corresponde la responsabilidad de formar gobierno y de gobernar”. La victoria de Moreno es mucho más amarga si se tiene en cuenta que su partido ha subido en número de votos (1.647.715, frente a los 1.589.272 de 2022) y que Vox, que tiene la llave para la gobernabilidad, ha certificado su estancamiento, subiendo solo un diputado. El propio dirigente popular ha puesto en valor los casi 1,7 millones de votos conseguidos —“no les vamos a defraudar”, ha asegurado. “Lejos de ahuyentar a los ciudadanos que se sumaron a este proyecto en 2022, hemos conseguido sumar a más”, ha dicho. En esta campaña deliberadamente plana, el dirigente popular no ha parado de insistir en que la comunidad merecía un “gobierno libre, independiente” que no tuviera que depender de “un señor que no conoce Andalucía y que va a decidir su futuro desde un sillón en Madrid”. Moreno ha tratado de minimizar la prioridad nacional, como un “eslogan vacío”, lleno de propuestas “ilegales”. En sus conversaciones con agricultores y ganaderos, el dirigente popular ha defendido la necesidad de la población migrante, esencial para que funcione la economía andaluza. “Tenemos que hacer mucha pedagogía”, le explicaba a uno de los ganaderos de la explotación donde fue a visitar a Blanca, la vaca nieta de Fadi, que no le ha dado tanta suerte como su abuela. Ahora habrá que ver cómo lidia con las exigencias que le va a querer imponer el partido ultra o si consigue, como ha deslizado los últimos días, conseguir una abstención tanto de Vox como del PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía, que parece muy improbable (por muchos dados que se quieran tirar). Moreno ha confrontado de lleno durante la campaña con la candidata socialista, María Jesús Montero, y con Vox de manera velada, pero su verdadero oponente era Adelante Andalucía, que es quien le ha arrebatado la mayoría absoluta. A eso de las 10 de la noche, cuando ya se llevaba más del 60% del escrutinio y el contador del PP se había quedado en 52 diputados y sin apenas posibilidades de disputar los últimos escaños en liza, por la mayoría de los colaboradores que estaban en la sede del PP empezó a extenderse el fantasma de 2012 o 2023, cuando todas las encuestas otorgaban la victoria a Javier Arenas, en las elecciones autonómicas, y a Alberto Núñez Feijóo, en las últimas generales. Ese miedo al que muchos dirigentes habían apelado para contener la euforia que en los últimos días no podían ocultar algunos miembros del equipo de campaña de Moreno, porque daban por seguro revalidar la mayoría absoluta. Con menos del 20% de las papeletas por contabilizar, la sede se sumió en un grito de alegría al confirmar que habían conseguido arrebatarle a Vox un escaño en Málaga. La clave del éxito o el fracaso dependía del reparto de los restos en determinadas provincias, los mismos que en 2022 cayeron del lado del PP y permitieron al barón popular lograr su histórica mayoría absoluta, pero que esta vez se le han vuelto esquivos. Salvo en Almería, Granada y Jaén, donde se han mantenido (con seis escaños), el PP ha perdido un diputado en cada provincia, cinco escaños que le han dejado a dos de los 55 necesarios para gobernar sin depender de Vox. A lo largo de la última semana, la intranquilidad por esos diputados que bailaban y que obligaban al equipo de campaña a consultar los trackings diarios como si se tratara del Oráculo de Delfos —“el que baja en Huelva se podía compensar con el que podemos ganar en Granada…“— se había tornado en la certeza de que la mayoría absoluta estaba hecha. Algunos dirigentes incluso se atrevieron a verbalizarlo la noche del cierre de campaña. Ofrecían un juego de probabilidades: “Si lanzáramos los dados al aire, de los cuatro o cinco escaños en los que está la mayoría absoluta, sería casi imposible que todos salieran cara o cruz, pero las probabilidades de que alguno saliera cara son mucho más altas”, explicaba un interlocutor conocedor de la estrategia de campaña del PP. Las urnas han sido más tozudas que el azar. Durante los tres cuartos de hora que transcurrieron entre que cerraron los colegios electorales y el comienzo del escrutinio —por la constitución tardía de una mesa en Sevilla—, los operarios estaban haciendo pruebas de sonido con el tema Kilómetro sur, la canción de campaña del PP interpretada por el propio Moreno. Era un ejemplo del optimismo que se respiraba en ese momento y que hacía presagiar que el presidente acabaría cantando la canción, tan seguros de que podrían lograr la mayoría. El silencio ha sido la banda sonora que ha acompañado el resto de la noche, aunque durante su comparecencia ante los suyos, Moreno se vino arriba y se puso a entonar la canción.