David Bowie en el Soho
ResumenLa primera noche que visité Londres, durante un viaje de paso del ecuador, terminamos de noche en el Soho. Habituados a los turistas pardillos, nos estafaron a gusto. Lo asumí como experiencia educativa; con el tiempo, incluso me acostumbré a instalarme allí, en un hotel en Wardour Street, estratégicamente situado entre espléndidas librerías y tiendas de discos. Tenía además la coartada histórica de su cercanía a Denmark Street, antiguo corazón de la industria musical británica, ahora consagrado al culto de la guitarra eléctrica.
La primera noche que visité Londres, durante un viaje de paso del ecuador, terminamos de noche en el Soho. Habituados a los turistas pardillos, nos estafaron a gusto. Lo asumí como experiencia educativa; con el tiempo, incluso me acostumbré a instalarme allí, en un hotel en Wardour Street, estratégicamente situado entre espléndidas librerías y tiendas de discos. Tenía además la coartada histórica de su cercanía a Denmark Street, antiguo corazón de la industria musical británica, ahora consagrado al culto de la guitarra eléctrica. Muchos años después, mencioné la calle a David Bowie y sus ojos se iluminaron. Explicó que solía ir a La Giaconda Café, en el número 9, donde coincidía con Marc Bolan, Elton John y otros aspirantes a entrar en el negocio. Eran ingenuos más o menos mod, que se enfrentaban a la realidad de veteranos tiburones que esperaban la llegada de carne fresca. Pero había excusas legítimas: se conectaba con músicos en busca de trabajo y allá aglutinó uno de sus grupos primerizos, The Lower Third. Obsesionado por no perder la más mínima oportunidad, hasta se instaló en la calle con una autocaravana. Contó ese momento en su canción London boys, donde se retrataba a los 17 años, tomando anfetas para aguantar el ritmo de la ciudad tentadora. Le hizo gracia saber que yo había titulado precisamente London Boys una recopilación que incluía su material y otras grabaciones de época hechas para el sello Pye. Además, le expliqué que él aparecía en la portada, en todo su esplendor mod, dibujado por Víctor Aparicio. Entusiasmado, me pidió una copia del LP y le prometí mandársela (no llegué a hacerlo, ay). De hecho, uno de su primeros especiales de televisión, The 1980 Floor Show se grabó en el muy legendario Marquee Club, en el 90 de Wardour Street. Fue un meditado intento de recuperar la estética de los años sesenta, con Marianne Faithful, los Troggs y el puro capricho del grupo Carmen, californianos que practicaban una especie de flamenco rock. Ese mismo año, Bowie publicó Pin-Ups, homenaje de corazón a las bandas que había disfrutado en el Marquee, en cuya portada aparecía con la it girl de aquella época, Twiggy. Se inauguraba la explotación nostálgica de los sesenta: coincidió con un disco nebulosamente similar, These foolish things, que un enfurruñado Bryan Ferry insistía en recordar que se grabó antes que Pin-Ups. El argumento de David era que en ese lugar se catalizó una revolución musical, cuando chavales enamorados de diversas variedades del sonido afroamericano decidieron crear una expresión propia. Dado que en el Reino Unido todo es una cuestión de estilo, generaron también un look: ninguna casualidad que en el mismo Soho esté la calle Carnaby, meca de lo textil, que aún funciona como desvaída atracción turística. Muchos peregrinos —suelen ser denominados bowieites— acuden a la vecina Heddon Street, hoy peatonal y apenas reconocible como el lugar donde Bowie se retrató guitarra en mano para la portada de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars: “La Gibson Les Paul es incomoda: pesa demasiado.” No sentía añoranza por aquellos lugares: “Como detesto los aviones, debo viajar por barco. Así que puede que no vuelva a visitarlo.” Fue profético: murió allí, en Nueva York.