Un vecino de Oliva con el agua por la cintura: “Mis padres se han quedado sin batería y tengo que verlos”
ResumenEl ruido de los helicópteros es incesante. Despegan, se internan en el amplio espacio que separa el casco histórico de Oliva y su núcleo costero y vuelven cargados con algunos vecinos que viven en las masías diseminadas por el campo, en las casitas de la playa o en los apartamentos. La prioridad son las viviendas de una sola planta, aquellas en las que resulta más difícil escapar del agua, como se demostró trágicamente en la dana de 2024 en la provincia de Valencia, que se cobró la vida de 233 personas. En Oliva, zona cero de la última dana, Adam, el agua acumulada ha alcanzado en algunas viviendas al menos un metro y medio de altura debido a las lluvias torrenciales.
El ruido de los helicópteros es incesante. Despegan, se internan en el amplio espacio que separa el casco histórico de Oliva y su núcleo costero y vuelven cargados con algunos vecinos que viven en las masías diseminadas por el campo, en las casitas de la playa o en los apartamentos. La prioridad son las viviendas de una sola planta, aquellas en las que resulta más difícil escapar del agua, como se demostró trágicamente en la dana de 2024 en la provincia de Valencia, que se cobró la vida de 233 personas. En Oliva, zona cero de la última dana, Adam, el agua acumulada ha alcanzado en algunas viviendas al menos un metro y medio de altura debido a las lluvias torrenciales. Y no es fácil llegar a la playa del municipio, situado a 80 kilómetros de Valencia. La carretera, de unos tres kilómetros de longitud, está inundada. “Antes, el agua te llegaba al pecho; ahora ha bajado un poco”, señala Alberto Carmona mientras avanza con el agua por la cintura, acompañado por dos vecinos. Ellos viven en el pueblo y sus familiares, en la playa. “Mis padres están bien. Viven en un segundo piso. No se les ha ido la luz ni el agua, pero de tanto usar el móvil se han quedado sin batería. Y están con mi abuela. Total, que no estoy tranquilo y tengo que verlos”, comenta Alberto. “¡Cuidado, que ahí hay un pequeño barranco o acequia!“, advierte. La corriente empuja con fuerza hacia la playa. En sentido contrario, dos hombres regresan al pueblo tras comprobar que su sobrina, Valentina, no ha corrido peligro porque vive en una segunda planta, tiene luz y comida y no “quiere moverse”, explica uno de ellos con una voz ahogada por el estrépito de un camión de la Unidad Militar de Emergencias (UME) que se abre paso. María Sánchez sí se ha mudado con su perra de su casa a la de sus suegros, muy cercana, en la que aún funcionan el agua y la luz. Sobre las 5.30, les sobresaltó la alarma Es-Alert de Protección Civil de la Generalitat y les dio tiempo a subir algunas pertenencias y muebles a la segunda planta. A partir de las seis, el agua entró hasta alcanzar un metro de altura. “Ayer llovió todo el día y esta noche ha sido aún más fuerte; no ha parado”, indica la joven, de 30 años. Al principio del núcleo costero, en la frontera entre la zona rural y la asfaltada, se aprecia mucha actividad a lo lejos: bomberos, ambulancias, policías, excavadoras... Están muy cerca de la calle del Barranc de l’Escudeller. Varios pequeños barrancos surcan los campos de naranjos y este espacio, no muy alejado de la marjal de Pego-Oliva, un humedal protegido. “Esta siempre ha sido una zona inundable”, afirma una vecina que prefiere no dar su nombre. Dos helicópteros sobrevuelan la zona. Uno de ellos desciende y recoge algo en una parcela encharcada. Luego se eleva unos metros y aterriza en una calle seca, donde suben dos guardias civiles con uniformes de rescate de montaña, que no responden a las preguntas sobre lo que transportan. Poco después, ha trascendido que una mujer de 79 años fue hallada muerta por la UME en su casa de Oliva. Además, un hombre de 64 años ha fallecido víctima de un infarto en un cámping de la misma localidad, según han confirmado fuentes gubernamentales. En total, son cuatro las víctimas mortales desde que se desató la dana Adam en España el pasado sábado: una mujer hallada en Cabrera de Mar (Cataluña), otra en una playa de Sagunto (Valencia) y dos en Oliva. La Consejería de Sanidad ha establecido en el pabellón polivalente de Oliva un dispositivo para atender a la población rescatada. De allí parten los helicópteros, que no han dejado de realizar rescates durante toda la mañana. A partir de las 15.00, el sol ha vuelto a lucir en Oliva y las tormentas, ya más débiles, se han desplazado hacia el norte.