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Guía para sobrevivir a los 10.000 del Soplao en BTT: estrategia, clima y errores clave que no debes cometer

Resumen

En el calendario cicloturista hay marchas populares, marchas duras y marchas que presumes haber acabado. Si vas a participar por primera vez, el próximo 23 de mayo llegarás a Cabezón de la Sal pensando que vas a hacer una marcha muy dura de MTB de 150 km y 5000 de desnivel… y saldrás de El Soplao sabiendo que es una experiencia que te ha marcado para siempre. La primera vez casi todo el mundo comete el mismo error. Llega pensando en el cronómetro, en el ritmo, en si podrá estar más cerca de las diez horas o de las trece.

En el calendario cicloturista hay marchas populares, marchas duras y marchas que presumes haber acabado. Y luego está ‘El Infierno Cántabro’. Si vas a participar por primera vez, el próximo 23 de mayo llegarás a Cabezón de la Sal pensando que vas a hacer una marcha muy dura de MTB de 150 km y 5000 de desnivel… y saldrás de El Soplao sabiendo que es una experiencia que te ha marcado para siempre.

La primera vez casi todo el mundo comete el mismo error. Llega pensando en el cronómetro, en el ritmo, en si podrá estar más cerca de las diez horas o de las trece. Como si fuera una carrera más. Y el Soplao no es una carrera normal. Es un día entero encima de la bicicleta en el que pueden pasar demasiadas cosas. Tantas, que lo único que de verdad importa no es ir rápido, sino no equivocarte. Porque aquí no gana el más fuerte. Gana el que menos errores comete.

Y el primero de todos no depende de ti. Lo decide el cielo.

El Soplao casi nunca tiene el mismo clima dos horas seguidas. Puedes salir con frío, empaparte a los veinte kilómetros, empezar a sudar como si estuvieras en julio en el siguiente valle y coronar con niebla y manos heladas un rato después. Es lo habitual. Lo raro es que sea estable. Y cuando lo es, tampoco es buena noticia. En 2010 amaneció despejado y el día acabó siendo un horno húmedo. Recuerdo caminos llenos de gente parada, acalambrada, buscando agua donde no la había, tumbados a la sombra intentando que el pulso bajara. Aquello no era ciclismo, era supervivencia. El otro extremo es todavía peor. Cada pocos años aparece una edición de lluvia continua, barro, granizo… que convierten la prueba en una aventura inhumana.

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Miles de ciclistas, nervios en la salida y muchas horas por delante: aquí empieza todo.

Por eso, aquí la ropa no es un detalle. Es la clave. No se trata de acertar —es imposible—, se trata de no fallar demasiado. Lleva tus mejores manguitos, un buen cortavientos y una capa más de las que crees que vas a necesitar. Que toda sea ropa fácil de quitar y guardar en la chepa cuando llegue ese calor húmedo que atufa y no deja respirar. Vas a pasar mucho frío en alguna bajada y mucho calor en algún valle. Eso es así. La clave es que ninguna de las dos cosas te saque de la carrera.

El siguiente error habitual va colgado de la espalda. La mochila de agua parece una gran idea cuando piensas en muchas horas de bici… hasta que llevas seis horas con ella. Entonces empieza el dolor en las lumbares y en los hombros, el peso en las subidas, la sensación de ir cargando con algo que cada kilómetro molesta más. El problema es que, ya que la llevas, la llenas de cosas por si acaso que casi nunca usas. Salvo que el día sea muy caluroso, no la uses.

Hay avituallamientos suficientes y la comida de hoy en día ocupa casi nada. Dos bidones, los bolsillos del maillot con provisión de geles, barritas, sales y poco más. Lo justo para no depender del siguiente avituallamiento si necesitas gasolina y no cargar con medio supermercado. En el Soplao, cada kilo de más se paga.

Guía para sobrevivir a los 10.000 del Soplao en BTT: estrategia, clima y errores clave que no debes cometer
Pistas rápidas, buen terreno y sensación de control. Quizá sea el momento de regular, porque lo que viene después no perdona los errores del principio.

El recorrido es muy pistero. No hay grandes zonas técnicas, ni trialeras que asusten. No es normal que necesites bajarte de la bici en ningún tramo. En todo caso, si llueve o ha llovido mucho, sí que puede haber zonas que se pueden complicar y que tendrás que pasar con cierto cuidado. Pero en ese sentido es una prueba disfrutona. De esas rutas en las que vas pedaleando, mirando alrededor y pensando que tienes que volver otro día más tranquilo e hincharte a hacer fotos. Valles abiertos, pistas largas, paisajes espectaculares. Y te preguntas: ¿Cómo habrán sido capaces los organizadores de convertir este paraíso... en un infierno?

Durante años el Soplao concentraba al principio las subidas con mayor porcentaje. Aquello era una selección natural en frío, y el motivo de los atascos en las primeras ediciones. La subida a la cueva por la Cocina era de fuerza pura y, a partir de ahí, llegaban los puertos más largos en los que la clave es encontrar el ritmo y tener paciencia. Ahora la lógica se ha invertido. Sales, subes El Moral, encadenas puertos duros pero “normales”, vas avanzando… y cuando ya llevas muchas horas encima, aparecen los muros de verdad. Negreo. Por dos vertientes, con varias rampas por encima del 20% y 4 kilómetros sobre el 10% sostenido. Subidas de fuerza pura cuando tu motor se quedó sin gasolina y ya solo sobrevive con el diésel. Y después, el Monte A como guinda. Corto, duro, de esos que te obligan a apretar los dientes y negociar cada metro.

En esos 50 kilómetros se decide si vas a sobrevivir a El Soplao. Y solo los pasarás sin poner pie a tierra si has jugado bien tus cartas en los puertos de la primera mitad de la prueba.

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Tramos que parecen un paseo entre pueblos de postal, con buen terreno y ritmo cómodo. Son los momentos en los que todo va bien… y en los que más fácil es olvidarse de lo que queda por delante.

Los puertos cántabros engañan. No son eternos, pero tienen desniveles sostenidos muy altos. Por hacer una comparación, en la Sierra de Madrid no hay ningún puerto parecido. Quizá lo que más se asemeje sea el tramo de 6 km de Morcuera desde Jacaranda hasta el final de las zetas. El cálculo es sencillo. Tienes que sumar un 2% a los porcentajes de puertos largos a los que estás acostumbrado si no vives en el Cantábrico. La ascensión de El Moral tiene seis kilómetros con un desnivel sostenido que no baja casi nunca del 8%. Los cinco kilómetros finales de Cruz de Fuentes son más de lo mismo. Solo Tambuey es más suave. En esos tres puertos hay que regular y reservar fuerzas. Si llegas tieso a Tambuey, quizá debas plantearse hacer el recorrido intermedio aunque no entres en clasificaciones oficiales en la meta.

Además, hay otro detalle importante. Por mi experiencia es muy difícil mantenerse dentro de un mismo grupo mucho tiempo. Sales con amigos, con la idea de compartir el día, de hacer grupeta… y poco a poco cada uno se va encontrando en un sitio distinto. Uno sube mejor, otro baja más suelto, otro necesita parar más. Sin dramas. Simplemente ocurre. Recuerdo una edición en la que varios de mi club salieron con la idea de no separarse. A los sesenta kilómetros ya iba cada uno por su cuenta. Lo más inteligente es buscar compañía puntual en cada puerto, engancharte a un ritmo que te cuadre y soltarlo cuando deje de encajar. En el Soplao vas a hablar con mucha gente, pero en realidad pasarás gran parte del día solo contigo mismo, sin importar quién esté a tu lado.

Porque tendrás bajones. Y varios. Asume que en tantas horas es imposible no tener problemas. Mecánicos, físicos, mentales... Un tramo que se hace bola, una rampa en la que empiezas a mirar el suelo y a preguntarte qué haces ahí, una subida que no tiene final, la sensación de que queda demasiado para meta. Ahí no hay escapatoria. No hay truco. Solo seguir, comer, beber y empeñarse. Porque igual que viene, se va. Siempre se va.

Y cuando llegues a la meta, te aseguro que dará lo mismo el tiempo que hayas tardado. Sentirás la misma felicidad que el primero. Y levantarás los brazos porque sabrás que has ganado. En el Soplao no compites contra nadie. Compites contra ti mismo. Y si lo terminas, habrás conquistado el infierno.

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