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ABC ·

No le llega la gargantilla de zafiros al cuello

Resumen

El efecto Zapatero consiste en que, cuanto más se excusa uno, más termina enfangándose. Es un hombre en arenas movedizas: cuanto más se agita para salir, más se hunde. A Zapatero lo querían en las herriko tabernas, en el Ibex y en esa España malasañera ... de maceta, huerto urbano y taberna Garibaldi.

El efecto Zapatero consiste en que, cuanto más se excusa uno, más termina enfangándose. Es un hombre en arenas movedizas: cuanto más se agita para salir, más se hunde. A Zapatero lo querían en las herriko tabernas, en el Ibex y en esa España malasañera ... de maceta, huerto urbano y taberna Garibaldi. Se convirtió en un híbrido entre Carlos Slim y Silvio Rodríguez, el de 'Ojalá'. Ahora los arrastra al fondo a todos como una bola de cañón que cae al agua en el Telepedro antes de comer.Tanto lo quisieron que sigue creyéndose un mago. De pronto levanta las cejas y sonríe, como si el público se hubiera tragado el truco y, por debajo de la mesa se advierte un trasiego de chisteras, palomas mancas, conejos con mixomatosis y Gertrudis Alcázar como ayudante recauchutada, embutida en un bikini pasado de moda a la que, en las grandes veladas, mete en una caja para partirla por la mitad. Sigue creyéndose especial y aún se entusiasma cuando, en un alarde, dibuja en el aire de la entrevista esas inflexiones de la voz que suben, bajan y vuelven a subir al compás de sus cejas, como la montaña rusa del Monte Igueldo que nos impresionaba hace tiempo, cuando éramos niños. Hoy Zapatero lleva las cejas perfectas: esas cejas postizas unidas a unas gafas, unidas a su vez a una nariz que venden en las tiendas de artículos de coña. Sonríe, digo, como los toreros de plaza de talanquera cuando arruinan la faena y marran con la espada, pero aun así fuerzan una sonrisa para las mozas del pueblo y hacen como si todo estuviera bien. Bajo ese barniz de desplantes, traje de luces alquilado y descolorido, temblor de manos, balbuceo y boca seca por la jindama de lo que se le viene encima en los informes de la pasma. En realidad, le faltó muy poco para echarse a llorar porque a José Luis Rodríguez Zapatero ya no le llega la gargantilla de zafiros al cuello.El periodista de la defensa le susurra las preguntas , amoroso como un novio. Se las dice tan bajito que hay momentos en que ni siquiera las escucha el entrevistado. Le está rezando. En un juego pactado, Zapatero, de vez en cuando, hace como que se enfada, pero de mentira, como mis perros cuando juegan a pelearse.Se desmadeja en un alarde de valor del que sale malparado porque atropella la razón. Le da todo igual. ¿A quién se le ocurre salir a la televisión de España, sudando como sudamos todos en verano, para decir que conseguir una cita con un directivo no es influir? ¿O que tenía las joyas allí porque eran un simple regalo de cortesía, sin afán patrimonial? El objetivo de la entrevista era, naturalmente, agitar el espantajo de las joyas para que no miremos lo demás, que es lo que afecta a Pedro Sánchez. Me lo imagino siguiendo la entrevista en la Moncloa con un zumo de papaya ecológica —de la que manda comprar Begoña— y los pies metidos en una palangana de agua con sal que le ha preparado Félix Bolaños, cofia de España.Aquí, a alguien por ser de derechas se le supone un avaricioso despreciable, aunque no tenga un mango. En cambio, uno siendo de izquierdas parece legitimado para amasar una fortuna de millones de eurosLa ausencia de afán patrimonial en la tenencia, presuntamente ilícita, de unas joyas que esgrime Zapatero es una imagen lisérgica que nos lleva al corazón moral de este país. Aquí, a alguien por ser de derechas se le supone un avaricioso despreciable, aunque no tenga un mango. En cambio, uno siendo de izquierdas parece legitimado para amasar una fortuna de millones de euros y reunir más joyas que el tesoro del Carambolo mientras mantiene la pose de quien lucha por la justicia universal.Dijo finalmente Zapatero que en los momentos difíciles acude a Jorge Luis Borges. Como si eso lo absolviera. Como si citar a Borges revistiera la entrevista de esa respetabilidad de las actrices que se presentan como «comprometidas». Se refugia en Borges . Viendo lo que ha hecho y, sobre todo, la que se le viene encima, quizá habría hecho mejor en encomendarse a Dios que a un escritor argentino ciego.