Jódar saca adelante el estreno en Roma a pesar de Borges y los nervios
ResumenSe ha ido haciendo un hueco Rafa Jódar en el corazón de los aficionados con sus pocos pero tremendos pasos hacia la élite. Después de estos cuatro meses de crecimiento pausado, ya es una estrella. Así ha sido recibido en Roma, llena su grada. Lo sabía Nuno Borges , que ya lo conoce, como el resto del circuito.
Se ha ido haciendo un hueco Rafa Jódar en el corazón de los aficionados con sus pocos pero tremendos pasos hacia la élite. Después de estos cuatro meses de crecimiento pausado, ya es una estrella. Así ha sido recibido en Roma, llena su grada. ... Lo sabía Nuno Borges , que ya lo conoce, como el resto del circuito. Y ya no es el español un novato del que no se sabe que esperar, el portugués lo conoce ya bien, y lo teme, por eso apretó el paso para frenar los ímpetus del chaval y cerrarle el paso en el estreno. Pero no, este Jódar, de 19 años, muestra veteranía en los momentos claves para alcanzar la segunda ronda en el Foro Itálico.Rafa Jódar 7 6 Nuno Borges 6 4Camina Jódar por una senda desconocida, primer torneo como cabeza de serie, exento de la primera ronda, ya instalado entre los tenistas a batir, muchos partidos seguidos, perseguido también por los aficionados, autógrafos por doquier, un poco de vértigo que se le junta en el inicio del estreno en Roma contra el portugués, 29 años y 52 del mundo, que le roba el segundo turno de saque para ponerse con 3-1.La madurez se mide en estos términos, en estos momentos, y Jódar desprende calma incluso en esos golpes que se le escapan por viento, por incomodidad, por humedad, por nervios, recién estrenada esta condición de favorito (17 errores en el primer set). Sin alterar ni un músculo a pesar de esa desventaja que se trabaja una y otra vez para minimizar. Sin demasiados brillos, que hoy no toca, más seriedad y contención de la acostumbrada, sin buscar tanto el ganador y mucho más el intercambio para masticar el punto. Como siempre trabajo y constancia.Solo faltaba esa pizca de chispa que encuentra en unos minutos en los que el sol escapa de las nubes, cuando se escucha la música en el intercambio y cuando activa el modo demoledor en el resto ante los segundos servicios de Borges. Por fin el 'break' que había intentado en varias ocasiones anteriores y hay puño para celebrar el empate (4-4).De estar por detrás, casi tapado como el sol, a destaparse a lo grande en el siguiente juego, cada vez más contundente con la derecha y un nivel más para que el portugués note la presión: sacar para seguir en el set ante un restador tremendo como ya es el de Leganés. Y más que mete el español, que ya sabe jugar con la raqueta y todo lo demás, cuando salva un puntazo y anima a la grada a que lo anime.Borges aguanta un juego más, para que en el 'tie break' se exhiba la madurez del español. Mayor porcentaje de saques (83 % de primeros ganados), mayor potencia en los restos, más velocidad con la derecha, más contundencia y agresividad en los intercambios. Y un 7-4 para cerrar este set que comenzó trastabillado y rescata con autoridad.Propulsado ya por haber sabido aguantar hasta revertir la situación, Jódar ya no deja escapar la primera oportunidad de rotura que tiene al inicio del segundo set. Se anima por fin con puños y con golpes más de muñeca que de brazo: dejadas, voleas, florituras, divirtiéndose por fin aunque mantenga en el rostro la concentración que se requiere un estreno de esta altura, la suya.A pesar del viento, Jódar mantiene la compostura y el liderazgo. Mantiene también la rotura y aún se va a por más. Pero desatado: 'passings', globos estupendos, reveses paralelos que dejan clavado a Borges, que lo sigue intentando, pero juega con el riesgo de los servicios, que el primero tiene que salir porque el segundo es un punto perdido, pero empieza a entender que este Jódar es lo que había visto en Madrid, lo que había intuido en los entrenamientos, lo que todo el mundo le decía: un portento tenístico con una cabeza calmada y tranquila, al menos en apariencia, que no tiembla ni con la etiqueta de cabeza de serie. Tampoco cuando Borges se revuelve en el siguiente juego, se libera de la presión y consigue dos bolas de rotura que no tocaban demasiado, parece pensar Jódar. Vuelve a trastabillar un poco su tenis, pero cuando escucha el peligro, manos y madera de veterano: tres saques directos y otro más casi directo. Al resto muestra cómo ha crecido: una dejadita finísima que no sabía hacer hace apenas unos meses, una derecha angulada sin demasiada velocidad pero sí dirección, saltitos hacia delante en el segundo servicio de Borges para amenazarlo todavía un poco más.Y aunque aguanta el portugués, la renta del 'break' le es suficiente. Con un poco más de calma, a pesar de que él consideró que un saque suyo tocó la cinta, pero la máquina no lo vio, se recompone de maravilla para asestar dos últimos saques certeros que lo llevan en volandas a la segunda ronda. Apagada la presión del estreno y de ser cabeza de serie por primera vez, Jódar cierra a lo grande. «No he empezado muy bien, pero he sabido aguantar el 'break', en el 'tie break' he sabido jugar bien los puntos importantes. Y muy contento porque me da la oportunidad de jugar otra vez aquí. He jugado muchos partidos seguidos, así que tengo que recuperarme lo mejor posible para estar preparado para la siguiente ronda», comentó a pie de pista.Djokovic, pájara y tropiezo ante PrizmicRegresaba a las pistas Novak Djokovic después de 57 días de descanso y recuperación y era por supuesto noticia. Tras perder en octavos del torneo de Miami ante Jack Draper, aterrizaba en Roma con la vista puesta en París, y quería en este torneo del Foro Itálico calibrar fuerzas, salud y tenis. "Estoy lo suficientemente preparado para competir", decía en la previa. Aunque es Dino Prizmic, 20 años y 79 del mundo, un estreno complicado, y nota el serbio tanto la anarquía del juego del croata como su propia falta de rodaje. Cae en primera ronda después de dos horas y cuarto de batalla (2-6, 6-2 y 6-4) y hay cierta sensación en la pista de que ya no quedarán muchas tardes como esta.Novak Djokovic, durante su partido en Roma. AFPEs Djokovic, el 4 del mundo, 24 Grand Slams, 40 Masters 1.000, 39 años el 22 de mayo, seis veces campeón en esta pista. Y hay un tenis descomunal que aturde a Prizmic en la primera media hora. Sin velocidad, pero con mordiente, sin grandes potencias pero con ángulos imposibles, devora al croata en el primer set en el que es el Djokovic que se espera siempre.Pero hay un bajón, y de los grandes. Entre arcadas, signos evidentes de malestar físico, el serbio comparece en el segundo set sin fuerzas. Lo mantiene un poco el tenis, que tiene de sobra y que le vale para ganar al 80 % de los jugadores del circuito, pero no le da para evitar que Prizmic aproveche esta oportunidad y consiga desfondarlo con dejadas y carreras.Para el tercer set es el croata el que también tiene que salir de pista para ser atendido por el fisioterapeuta, así que la victoria se juega en los límites de ambos. Prizmic aprovecha ese masaje para activarse en el quinto juego y doblegar el servicio del serbio, que había encadenado diez puntos consecutivos con su primer saque.Se resiste Djokovic, que si no no sería él, y por fin suelta un grito de rabia cuando logra el 4-3. Exhausto, rojo, agotado, pero queda lo más difícil para Prizmic, y cuando se cumplen ya dos horas de juego, que es cerrar un partido ante el mejor tenista. Hay tensión, y un cierto temblor en la mano al principio, que Djokovic es mucho Djokovic, pero se mantiene firme el croata, que despeja la rabia con un grito desaforado cuando suma el 5-3. Sabe que es su gran oportunidad, batir al rey de los récords, al que todos en Roma apoyan sin discusión.Ahí se nota el crecimiento de Prizmic, porque aprieta la mano ante un restazo del serbio, para imponer su criterio en el siguiente intercambio, larguísimo, en el que Djokovic falla con el revés. Ejecuta un gran servicio para el 40-15 y otro mejor aún para sellar su pase a la tercera ronda, ante un Djokovic que se lo ha dejado todo en estas dos horas y 15 minutos, que le regala en la red un abrazo y una sonrisa, que firma autógrafos a los aficionados que lo aman, que se marcha del Masters 1.000 de Roma con mano al pecho y ovacionado. Porque se sabe cuánto ha conseguido ya, pero no cuánto le queda. Roland Garros lo dirá.