La doctrina Begoña y el aquí mi señora
ResumenEn una nación que además de llegar a cuartos de final con gol de Merino legó a Occidente la doctrina de la Escuela de la Salamanca, la afición al derecho supera de largo a la del fútbol, mucho más reciente y superficial. Lo primero que hace la España que madruga es meterse entre pecho y espalda el BOE, con todos sus avíos, y ya por la tarde se empapa los autos judiciales –cientos de folios– que se van filtrando por las paredes de ese edificio procesal y de humedades cuyo sótano ocupan las cloacas socialistas. Antes de que nuestro triángulo de las Bermudas –el CIS, el periódico de la democracia y el diario de sesiones de la república catalana– publicasen el pasado lunes y por un casual las encuestas que documentan la honda preocupación que el pertinaz ejercicio del 'lawfare' provoca en la España que madruga y estudia Derecho por libre, la entonces ministra Pilar Llop, titular de Justicia en 2022, hizo saber, también a través de un estudio demoscópico, de oídas, que la gente que cogía el metro no hablaba de otra cosa en los vagones que de la renovación del CGPJ, señal de alerta que muchos se tomaron a chufla, pero que puso de manifiesto la vigencia de la tradición legalista que desde hace cinco siglos hilvana nuestra historia y nos hace grandes, con gol de Merino a pase de Ferran Torres.Es en estas circunstancias en las que el juez Antonio Viejo Llorente, el mismo que investiga las cuentas del novio de Ayuso, firma a deshora un auto que como es costumbre paraliza el país, hasta distraerlo del partido de octavos que se jugaba en Dallas. Toda España, de nuevo unida, leyendo los fundamentos de derecho de la doctrina María Begoña, ya a la altura jurídica de la doctrina Botín y la doctrina Parot.
En una nación que además de llegar a cuartos de final con gol de Merino legó a Occidente la doctrina de la Escuela de la Salamanca, la afición al derecho supera de largo a la del fútbol, mucho más reciente y superficial. Quien tuvo retuvo. ... Lo primero que hace la España que madruga es meterse entre pecho y espalda el BOE, con todos sus avíos, y ya por la tarde se empapa los autos judiciales –cientos de folios– que se van filtrando por las paredes de ese edificio procesal y de humedades cuyo sótano ocupan las cloacas socialistas. Antes de que nuestro triángulo de las Bermudas –el CIS, el periódico de la democracia y el diario de sesiones de la república catalana– publicasen el pasado lunes y por un casual las encuestas que documentan la honda preocupación que el pertinaz ejercicio del 'lawfare' provoca en la España que madruga y estudia Derecho por libre, la entonces ministra Pilar Llop, titular de Justicia en 2022, hizo saber, también a través de un estudio demoscópico, de oídas, que la gente que cogía el metro no hablaba de otra cosa en los vagones que de la renovación del CGPJ, señal de alerta que muchos se tomaron a chufla, pero que puso de manifiesto la vigencia de la tradición legalista que desde hace cinco siglos hilvana nuestra historia y nos hace grandes, con gol de Merino a pase de Ferran Torres.Es en estas circunstancias en las que el juez Antonio Viejo Llorente, el mismo que investiga las cuentas del novio de Ayuso, firma a deshora un auto que como es costumbre paraliza el país, hasta distraerlo del partido de octavos que se jugaba en Dallas. Toda España, de nuevo unida, leyendo los fundamentos de derecho de la doctrina María Begoña, ya a la altura jurídica de la doctrina Botín y la doctrina Parot. La señora de Sánchez –explica Viejo Llorente en su auto– no tiene permiso para ir de gutapercha a la cumbre de la OTAN de Ankara, a la que fue «invitada por razones de cortesía institucional internacional», por no tener «una intervención activa en dicha cumbre». Nos encontramos no solo ante una resolución de carácter coyuntural, incluso apresurada, definida por la urgencia y la cautela, sino ante el primer corpus jurídico que marca el terreno –hasta ahora alegal, sin regular– en el que debe o debería moverse la mujer de un presidente del Gobierno, figura que en el caso de Pedro Sánchez ha sido utilizada, muy feminista, exclusivamente para provocar, en las últimas semanas para llevársela al Primavera Sound y a la misa de la Sagrada Familia. Aquí mi señora. Con dos cojones.A María Begoña la había invitado la mujer de Erdogan para hablar de sus cosas. A la primera le gustan los chulazos que salen en las telenovelas turcas y a la segunda le interesa la experiencia familiar de los Gómez en el sector de los baños turcos, aquí saunas y allí 'hamanes'. Para Viejo Llorente, eso no alcanza la categoría de «intervención activa» que exige la asistencia a una cumbre militar, doctrina que sin sentar jurisprudencia ni cátedra acota el oficio y el radio de acción de lo que desde los tiempos de Sabiniano entendemos por segunda dama, o allí mi señora.