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El Mundo ·

Las izquierdas claman contra "los malditos corruptos" del PSOE pero se aferran a Sánchez: "En el 27 vamos a volver a ganar"

Resumen

No tiene candidato y su perspectiva electoral tampoco es prometedora, pero la coalición de izquierdas formada por Sumar, Más Madrid, los Comunes e Izquierda Unida ha decidido que continuará aferrada a Pedro Sánchez por mucho que los casos de corrupción se acumulen a las puertas de Ferraz como lápidas que aventuran el ocaso de un Gobierno sin apoyos ni horizonte. «Feijoó nos pedía esta semana que, por dignidad, le dejemos a él al frente del Gobierno. No sólo vamos a resistir, en 2027 les vamos a volver a ganar», ha aseverado el ministro de Consumo Pablo Bustinduy durante un acto que lo ha reunido este sábado en Barcelona con la titular de Sanidad, Mónica García, el de Cultura, Ernest Urtasun, la coordinadora de Sumar, Lara Hernández o el líder de Izquierda Unida, Antonio Maíllo. Los rostros más reconocibles de la izquierda que habita a la izquierda del PSOE han ofrecido un espectáculo de funambulismo digno de ser contemplado.

No tiene candidato y su perspectiva electoral tampoco es prometedora, pero la coalición de izquierdas formada por Sumar, Más Madrid, los Comunes e Izquierda Unida ha decidido que continuará aferrada a Pedro Sánchez por mucho que los casos de corrupción se acumulen a las puertas de Ferraz como lápidas que aventuran el ocaso de un Gobierno sin apoyos ni horizonte. «Feijoó nos pedía esta semana que, por dignidad, le dejemos a él al frente del Gobierno. Pues va a ser que no. No sólo vamos a resistir, en 2027 les vamos a volver a ganar», ha aseverado el ministro de Consumo Pablo Bustinduy durante un acto que lo ha reunido este sábado en Barcelona con la titular de Sanidad, Mónica García, el de Cultura, Ernest Urtasun, la coordinadora de Sumar, Lara Hernández o el líder de Izquierda Unida, Antonio Maíllo. Los rostros más reconocibles de la izquierda que habita a la izquierda del PSOE han ofrecido un espectáculo de funambulismo digno de ser contemplado. Por un lado, han reconocido y denostado la ingente corrupción socialista y la han contrapuesto a la inmaculada hoja de servicios de los partidos que componen su conglomerado electoral, mientras que por otro han defendido la existencia de una «operación derribo contra el Gobierno» y grantizado que continuarán formando parte de él hasta el final de la legislatura y más allá, si los números le dieran a Sánchez tras los comicios. En poco más de ocho minutos, Bustinduy ha sido capaz de clamar contra los «malditos corruptos» y de prometer fidelidad al partido que todos ellos usaron para delinquir, ese PSOE con el que comparte Ejecutivo y Consejo de Ministros. Ha venido a justificar Bustinduy que, aunque rezume corrupción, merece la pena seguir en este Gobierno porque hay una causa mayor que todo lo vale: «que España continúe siendo una de las pocas excepciones del mundo que no se ha plegado al trumpismo y los grandes oligarcas del mundo entero». Similar contorsionismo ha practicado Maíllo ante los presentes, con Ada Colau como la más destacada de las espectadoras de platea. Ha apelado el jefe de filas de Izquierda Unida a la necesidad de que «el PSOE limpie su casa» y a que explique «por qué un ex presidente que puede vivir muy bien se dedica a yo no sé qué», pero también ha aludido a esa «operación derribo del Gobierno», en la que ha incluido la sentencia condenatoria contra el fiscal general, y ha apostado por seguir aferrados a Sánchez por tiempo indefinido. «La operación 'el que pueda hacer que haga' ha pisado el acelerador», ha arrancado García, para no perder el hilo de sus precedesores. Ha hablado la ministra de Sanidad de «comportamientos inadmisibles para la izquierda»y ha subrayado que «no somos como ellos». «Nosotros estamos impolutos. Corrupción cero», ha abundado sin abrir ni un milímetro la puerta a la posibilidad de abandonar el Ejecutivo y propiciar el adelanto electoral al que Sánchez se resiste y al que sus socios tampoco están dispuestos a abocarlo. ¿Por qué? Porque «no permitiremos que el PP y Vox nos den ninguna lección», ha completado Urtasun, para ahondar en la justificación última de todo su argumentario, esa que señala que de su continuidad en el Gobierno depende poco menos que la democracia española, que puede resistir tanta corrupción como sea necesaria, pero nunca la alternancia gubernamental que lleve a la derecha a La Moncloa. «Esta no es nuestra mochila», ha zanjado Hernández. A la coordinadora de Sumar le ha tocado, pues, aclarar que gobernar con un partido corrupto no equivale a serlo y que, por ende, el electorado no alberga motivos para castigarles en las urnas cuando, expirada la legislatura, los españoles tengan la ocasión de decidir quién paga el pato de los escándalos socialistas: si solo el PSOE o también los socios que lo sustentan.