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ABC ·

Abascal jugando a las siete y media

Resumen

En otros lugares juegan al Black Jack , que consiste en sumar veintiuna. En Castilla somos más de las siete y media, que viene a ser lo mismo, pero con abuelas de luto en lugar de forajidos de Kansas. Lo importante, en cualquier caso, es quedarse lo más cerca posible de esa cifra, pero sin pasarse. Eso te obliga a rebajar tu ambición y a controlar tus corazonadas en una especie de 'memento mori' insoportable.

En otros lugares juegan al Black Jack , que consiste en sumar veintiuna. En Castilla somos más de las siete y media, que viene a ser lo mismo, pero con abuelas de luto en lugar de forajidos de Kansas. Y torrijas en vez de bourbon. ... Lo importante, en cualquier caso, es quedarse lo más cerca posible de esa cifra, pero sin pasarse. Eso te obliga a rebajar tu ambición y a controlar tus corazonadas en una especie de 'memento mori' insoportable. Porque hay cartas que son una trampa: si te sale un tres no tienes más opciones que pedir; si te sale un seis no tienes más opciones que plantarte. Lo complejo empieza en el cinco, carta con la que no puedes plantarte, pero que tampoco te permite avanzar. Porque detrás está el abismo. Si te arriesgas y te sale bien, te llamarán audaz; si lo haces y te sale mal te llamarán temerario. Y es curioso porque el calificativo no depende de la idoneidad de tu decisión sino del resultado, como si no hubiera movimientos indudablemente buenos o malos. Así que, por un momento, puedes ser a la vez audaz y temerario. Es la baraja de Schrödinger.Pero el punto de partida no es cierto: todo el que haya jugado sabe que no existe nada parecido a la improvisación en la decisión de un experto. Hay movimientos buenos y malos y lo son con independencia del resultado final. Todo es estadística, probabilidad y cálculo preconfigurado. En realidad, todo es historia porque todo es aprendizaje. Todo es humildad.Ciudadanos y Podemos no se enteraron de ello porque no sabían de política. Quizá por eso se creyeron que podían sustituir al PP y al PSOE como partidos referentes en sus respectivos campos. Al contrario que ellos, Abascal sí sabe de esto. De hecho, es de lo único que sabe porque es lo único que ha hecho en su vida: Abascal es un político profesional, es decir, un cínico desideologizado que ha pasado del rosario al calvinismo y de decir V.E.R.D.E a despreciar al Rey en Madrid para disfrutar San Valentín en Roma. Pero su entorno –una reala de lacayos amateurs– le han hecho creer que puede volar cerca del sol. Y le han regalado unas alas de cera.Le están obligando a pedir carta con un seis, al pobre Ícaro. Y de tanto arriesgar cuando no debe –movimiento indudablemente malo–, en las calles de Castilla y León se empieza a percibir que el voto a Vox no es un voto que suma sino uno que bloquea, como en Extremadur a; que es un voto que no sirve para armar una alternativa a Sánchez sino para impedirla. Abascal y su nacionalsindicalismo quieren ir a por las siete y media –quieren liderar, legítimamente– en lugar de conformarse con el seis –querer influir, inteligentemente–. Quizá Castilla y León sea el cénit, el sol que derrita sus alas. Porque la subida es lenta pero la caída siempre es en picado. Ícaro murió estrellado. Mi abuela y Dédalo, de viejos.