Juan Ortega hace el toreo en el regreso de la Goyesca
ResumenRonda recuperó su Goyesca con todos los ingredientes de las grandes tardes. Un calor sofocante cayó sobre el viejo coso de la Real Maestranza, pero ni siquiera el sol pudo con un ambiente extraordinario desde muchas horas antes del paseíllo. devolvió a los tendidos la estampa de las grandes ocasiones, con personalidades de la política, del mundo del arte, toreros y rostros conocidos mezclados con aficionados llegados desde distintos puntos de España. Había ganas de Goyesca después de los años de ausencia.
Ronda recuperó su Goyesca con todos los ingredientes de las grandes tardes. Un calor sofocante cayó sobre el viejo coso de la Real Maestranza, pero ni siquiera el sol pudo con un ambiente extraordinario desde muchas horas antes del paseíllo. El «No hay billetes» ... devolvió a los tendidos la estampa de las grandes ocasiones, con personalidades de la política, del mundo del arte, toreros y rostros conocidos mezclados con aficionados llegados desde distintos puntos de España. Había ganas de Goyesca después de los años de ausencia. Hasta el toril tuvo su historia: debutó como torilero Juan Urruti, nieto de Fernando Urruti, quien fuera junto al maestro Antonio Ordóñez uno de los impulsores de la Corrida Goyesca.La tarde tuvo un nombre por encima del resto: Juan Ortega . El sevillano puso la pureza, el gusto y el temple en una corrida de Garcigrande desigual de presentación y juego, a la que le faltó transmisión en demasiados momentos. Ortega encontró el toreo y terminó abriendo la Puerta Grande junto a Diego Ventura y José María Manzanares.Ventura había abierto plaza ante un toro de David Ribeiro Telles. Dos rejones de castigo precedieron a un tercio de banderillas en el que jugó con la batida y el quiebro para clavar cuatro ajustados palos en todo lo alto. Con Bronce llegó el momento más vibrante, con banderillas a dos manos y sin bocado. Puso después tres cortas —el toro cayó antes de la última y hubo que levantarlo— y cambió de caballo para dejar una rosa con Brillante. Un importante rejonazo de muerte le valió las dos orejas.Morante, vestido de goyesco en color Baratillo , apenas pudo dejar algún apunte ante el primero de Garcigrande, que se partió la punta del pitón izquierdo contra el estribo del caballo de picar. Muletazos por bajo y un trincherazo con su firma abrieron una faena que nunca pudo levantar el vuelo. Al toro le faltaron fuerzas, alma y vida. Lo entendió pronto el cigarrero. Dos pinchazos y una estocada tendida y trasera. Silencio.Bonito fue el recibo de Manzanares al tercero, estirándose a la verónica. Volvió a repetirse la historia: el toro se partió también la punta del pitón izquierdo contra el estribo e, incomprensiblemente, el palco lo mantuvo en el ruedo. Más flagrante fue cambiar el tercio de banderillas con tan solo dos palos colocados. Manzanares, de gris plomo, intentó abstraerse de una bronca que terminó siendo más sonora que la propia música. Templó por ambos pitones y consiguió torear en redondo con gusto y suavidad. Le hizo faena a un toro que nunca debió quedarse. Media estocada atravesada recibiendo y un descabello. Silencio.Con el cuarto comenzó a cambiar la tarde. Ortega, con un precioso vestido de goyesco burdeos, toreó con gusto a la verónica y remató con media y revolera. Pero el galleo por chicuelinas para llevar el toro al caballo tuvo una torería enorme . Brindó al público y, tras unos ayudados por alto, aparecieron derechazos largos y asentados. Al natural, pese a las dificultades del toro, dejó temple y entrega. Después bajó la mano por la diestra hasta arrastrar más de media muleta por la arena. Cuando aquello alcanzaba su punto más alto perdió la muleta. Regresó a la izquierda y volvió a dejar su sello. Estocada un punto trasera y tendida, un descabello y una oreja.Morante de La Puebla entra a matar a uno de sus toros en Ronda EFEMorante volvió a recibir bien a la verónica al quinto. El toro llevó siempre la cara arriba y resultó muy deslucido. El cigarrero no cogió por la calle de en medio: buscó por ambos pitones aquello que casi nunca existió. Al natural pudo expresarse algo más y por ahí quedaron los mejores apuntes. Hizo el esfuerzo ante un toro que no dijo nada. Metisaca, pinchazo y estocada trasera y atravesada. Ovación.El sexto dejó prácticamente inédito a Manzanares con el capote. La faena fue de menos a más y por la diestra apareció su toreo más reconocible, aunque el toro cantó pronto la gallina. Al natural hubo menos eco. Una última tanda apretándole por la derecha y un bonito cambio de mano pusieron el remate a una faena muchas veces vista. Lo mejor llegó con la espada: una estocada fulminante recibiendo. Dos orejas generosas.Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Sábado, 5 de septiembre de 2026. 67ª Tradicional Corrida Goyesca. Lleno de «No hay billetes». Tarde de muchísimo calor. Un toro de David Ribeiro Telles, para rejones, y seis toros de Garcigrande, desiguales de presentación y juego y, en líneas generales, faltos de transmisión. Diego Ventura: de negro rondeño: Rejonazo (dos orejas). Morante de La Puebla: de goyesco color Baratillo: dos pinchazos y estocada tendida y trasera (silencio); metisaca, pinchazo y estocada trasera y atravesada (ovación) José María Manzanares, de goyesco gris plomo: media estocada atravesada recibiendo y un descabello (silencio); estocada recibiendo (dos orejas). Juan Ortega, de goyesco burdeos: estocada un punto trasera y tendida y un descabello (oreja); estocada (dos orejas).Y quedaba Ortega. Al séptimo lo recibió con verónicas de un temple extraordinario. El toro derribó al caballo, afortunadamente sin consecuencias, y el sevillano brindó al maestro Joselito. Muy torero fue el comienzo para llevárselo hasta los medios. Allí Ortega hizo el toreo. Con qué pureza corrió la mano derecha, con la planta asentada, antes de un cambio de mano interminable rematado al natural con una belleza plástica inconmensurable.A los sones de 'Nerva', la izquierda terminó de elevar la faena. Hubo naturales largos, despaciosos, muletazos de cartel, de esos que levantan el vello de la piel. Volvió a la diestra y, cuando ya había tomado la espada, todavía se descaró con el toro para dejar la rotundidad del temple de su muñeca izquierda. Fue la última caricia de una faena en la que Ronda volvió a reconocerse en el toreo. La estocada cerró la obra. Dos orejas.La Goyesca había vuelto. Ventura puso la espectacularidad, Manzanares sumó un triunfo generoso y Juan Ortega puso el toreo. Los tres salieron por la Puerta Grande , pero fue el sevillano quien dejó en Ronda aquello que permanece cuando se apagan la música, el ruido y la fiesta: la memoria de unos naturales que parecieron detener el tiempo.