Mourinho quiere poder
Resumen“Depende de la oferta, de lo que esperen de mí. No hablamos de más o menos euros, sino de lo que esperan de mí, de si estoy en condiciones de cumplir con lo que proponen y con el perfil de trabajo que plantean”. Así respondió José Mourinho al ser preguntado por la posibilidad de regresar al Real Madrid. Una declaración que deja entrever cuál sería su principal condición: mando y autonomía total sobre el primer equipo.
“Depende de la oferta, de lo que esperen de mí. No hablamos de más o menos euros, sino de lo que esperan de mí, de si estoy en condiciones de cumplir con lo que proponen y con el perfil de trabajo que plantean”. Así respondió José Mourinho al ser preguntado por la posibilidad de regresar al Real Madrid. Una declaración que deja entrever cuál sería su principal condición: mando y autonomía total sobre el primer equipo. El portugués quiere garantías. Quiere sentirse respaldado y tener la capacidad de tomar decisiones sin interferencias, tanto en lo deportivo como en la gestión del vestuario. 'The Special One' considera fundamental controlar todo lo que rodea al equipo y participar activamente en la construcción de la plantilla. Es decir, quiero máximo poder. Además del poder interno, Mourinho también quiere refuerzos. Sus enfrentamientos ante el Madrid con el Benfica le sirvieron para detectar varias debilidades en la plantilla blanca. Para el técnico luso, el equipo presenta desequilibrios evidentes: exceso de efectivos en algunas posiciones y falta de nivel competitivo en otras. Por eso pretende tener influencia directa tanto en los fichajes como en las salidas. “Solo quiero que el Real Madrid gane la Champions, da igual si es conmigo o no”, aseguró Mourinho días antes de caer eliminado ante el Borussia Dortmund en las semifinales de la temporada 2012/13. No hubo remontada, pero aquella etapa terminó siendo el inicio de una de las eras más exitosas del club blanco en Europa. Durante su primera etapa, Mourinho transformó la mentalidad competitiva del equipo y dejó una política de fichajes muy definida, basada en detectar talento antes de que explotara definitivamente. Incorporaciones estratégicas, futbolistas con margen de crecimiento y operaciones ajustadas económicamente. El mejor ejemplo fue Luka Modric. Mourinho insistió personalmente para que el club apostara por el croata en el verano de 2012, cuando todavía jugaba en el Tottenham. El centrocampista llegó en medio de dudas y críticas (aquella famosa frase de “42 millones para tapar vergüenzas”), pero el técnico portugués siempre actuó como su principal defensor. “Solo le pido a los madridistas que le den tiempo y tengan paciencia. Es tan bueno que el Santiago Bernabéu se enamorará de su clase”, aseguró cuando muchos cuestionaban el fichaje. El tiempo terminó dándole la razón. Años después, Mourinho volvió a reivindicar aquella apuesta: “Luka Modric es la belleza del fútbol. Es mi orgullo porque yo lo llevé al Real Madrid cuando nadie creía que era jugador para este club y, después de tantos años, sigue estando ahí”. Modric no fue el único acierto de Mourinho en los despachos. Ángel Di María también llegó por petición expresa del portugués. El Real Madrid pagó 25 millones de euros al Benfica en 2010 y el argentino terminó siendo una pieza decisiva, especialmente en la conquista de la Décima, donde fue elegido MVP de la final tras destrozar al Atlético con su despliegue físico. Cuatro años después, el club lo vendió al United por 75 millones. Curiosamente, la posible vuelta de Mourinho coincide con otro verano marcado por un Mundial. Y precisamente en ese tipo de escenarios el portugués ya demostró su capacidad para adelantarse al mercado. Tras el Mundial de 2010, el técnico impulsó dos fichajes que terminaron siendo un éxito inmediato: Sami Khedira y Mesut Özil. El centrocampista llegó procedente del Stuttgart por 15 millones de euros después de firmar un gran torneo con Alemania. Özil, uno de los futbolistas más brillantes de aquel Mundial, aterrizó en el Bernabéu para convertirse en el socio ideal de Cristiano Ronaldo. Su talento en el último tercio y su capacidad para asistir marcaron una época, superando las 80 asistencias en apenas tres temporadas. “Hablé con Mourinho y él me convenció. Ese fue el motivo por el que vine al mejor equipo del mundo. Quiero evolucionar aquí y aprender de jugadores como Cristiano o Kaká”, confesó en su presentación.