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Rafa Jódar, del garaje a la Philippe Chatrier de Roland Garros

Resumen

Rafa Jódar quiere emular hoy a otro ilustre Rafa, de apellido Nadal, y colarse en las semifinales de Roland Garros en su primera participación en el torneo. Hay más similitudes entre los dos Rafas del tenis español. El único equipo técnico que tenía Nadal en la consecución de su primera Copa de los Mosqueteros era su tío Toni. El mentor del campeón de 22 grandes era su única referencia en pista y al que no paraba de mirar.

Rafa Jódar quiere emular hoy a otro ilustre Rafa, de apellido Nadal, y colarse en las semifinales de Roland Garros en su primera participación en el torneo. Hay más similitudes entre los dos Rafas del tenis español. El único equipo técnico que tenía Nadal en la consecución de su primera Copa de los Mosqueteros era su tío Toni. El mentor del campeón de 22 grandes era su única referencia en pista y al que no paraba de mirar. Esa escena se repite estos días en la familia Jódar. Padre e hijo se han plantado entre los ocho mejores del torneo que Rafita siempre quiso ganar desde pequeño “por lo especial que es”.  Ellos dos son el equipo y las cosas no les pueden ir mejor. Su banquillo es un lugar de trabajo y allí sólo entra Nacho Buendía, el médico de la Federación Española de Tenis desplazado a París. Jódar empuñó su primera raqueta en el garaje de su casa y luego se probó en una pista de pádel, de dimensiones más pequeñas que una cancha de tenis. “A los seis años me apunté al Chamartín y hasta hoy”, recuerda: “A mí siempre me ha gustado competir, soy competitivo y me gusta ganar, tengo ese gen”. Con sólo cinco meses como profesional, ha ganado su primer título ATP, en la tierra de Marrakech, se ha metido en las semifinales del Godó y en los cuartos del Mutua Madrid Open, Roma y Roland Garros. Lejos queda su primer gran éxito en su etapa formativa. Fue la corona en el campeonato de España junior: “Ese resultado me motivó a seguir trabajando”. El trabajo en la sombra de las pistas del Club de Tenis Chamartín ha traído sus frutos.  Ha pasado de pegarle a la pelota en el garaje a jugar contra Alexander Zverev, en la majestuosa Philippe Chatrier, por las semifinales del Abierto galo. Allí podrá ver por primera vez en directo la pisada inmortalizada de Nadal, ídolo de infancia. “Me considero supersticioso”, confiesa. Es por eso que desde que ha llegado a París, Rafa ha sido fiel a sus rutinas. Se ha alejado del ruido de las pistas de juego y ha entrenado en recintos anexos, mayoritariamente la Jean Bouin. Ayer lo hizo en la cancha 21, la más alejada de todas. París va con el nuevo Rafa.