Azcona, un guionista infinito con una filmografía incompleta
ResumenRafael Azcona, de quien este 2026 se celebra el centenario de su nacimiento, fue muchas cosas antes de convertirse en el gran guionista del cine español. «Aparte de sus vidas previas -poeta provinciano, humorista, autor de novelas de quiosco, narrador excéntrico de la Generación de ... los 50...- hay unos cuantos Azconas guionistas: el de su gozoso aprendizaje con Ferreri, el cómplice de Berlanga, el profesional formado en Italia, el colaborador de Carlos Saura o Pedro Olea, el guionista a sueldo de quien pagara su salario, el contertulio de Fernando Trueba y José Luis García Sánchez, el adaptador de asuntos literarios para José Luis Cuerda... Cincuenta años de carrera profesional dan para mucho».
Rafael Azcona, de quien este 2026 se celebra el centenario de su nacimiento, fue muchas cosas antes de convertirse en el gran guionista del cine español. «Aparte de sus vidas previas -poeta provinciano, humorista, autor de novelas de quiosco, narrador excéntrico de la Generación de ... los 50...- hay unos cuantos Azconas guionistas: el de su gozoso aprendizaje con Ferreri, el cómplice de Berlanga, el profesional formado en Italia, el colaborador de Carlos Saura o Pedro Olea, el guionista a sueldo de quien pagara su salario, el contertulio de Fernando Trueba y José Luis García Sánchez, el adaptador de asuntos literarios para José Luis Cuerda... Cincuenta años de carrera profesional dan para mucho». Quien regala la definición es Santiago Aguilar, que junto con Bernardo Sánchez acaba de publicar 'Rafael Azcona. Lo que no pudo ser (y lo que fue de aquella manera)' (editorial Pepitas), un recorrido por los guiones que nunca llegaron a rodarse y por los que la censura o la industria transformó en otras películas diferentes a las que podrían haber sido.La filmografía oficial habla de 79 proyectos malogrados frente a 109 guiones que llegaron a puerto con obras maestras como 'El pisito', 'Plácido', 'El verdugo', 'La escopeta nacional', 'Belle époque', 'La vaquilla', 'La lengua de las mariposas'... Casi nada. Una vida dedicada a inmortalizar muchas vidas en la gran pantalla que nació de una amistad improbable con un italiano, Marco Ferreri, que llegó a España a principios de los años 50 con aspiraciones de hacer películas millonarias de toros y de Quijotes dirigidas por Fellini o Dino Risi. Esos proyectos nunca se hicieron realidad, pero a cambio se topó, de casualidad, con una novelita de Taurus titulada 'Los muertos no se tocan, nene' que le abrió la puerta de la industria a Azcona. El resto es una historia que comenzó con una llamada ya mitificada por la memoria del cine patrio.Estaba Azcona trabajando en 'La Codorniz', donde ya era conocido después de que su 'Repelente niño Vicente' se convirtiera instantáneamente en un referente para los españoles. Estaba en la redacción, decíamos, cuando alguien le avisó de que al otro lado del teléfono un productor andaba preguntando por un libro suyo. Fue Enrique Herreros, el hombre que ya sabía todo del cine y que años después se convertiría en la referencia para los más grandes, el que se encargó de aconsejarle. Por entonces, Azcona era un humorista y escritor que no sabía aún que acabaría dedicado al séptimo arte. «¿Cuánto les pido?», le preguntó a Herreros. «No te preocupes por eso. El productor, sea quien sea, te dirá que no tiene dinero». Ocurrió tal cual, claro. Se fue Azcona a la oficina del mítico Ferreri, que le dijo en italiano: «Quiero producir 'Los muertos no se tocan, nene', pero no tengo dinero». Y ahí, pese a todo, dio comienzo una amistad llena de momentos gloriosos y algunos sinsabores, aunque en realidad y sobre todo, se gestó a partir de buenas mesas, mucho humor y una forma de mirar y escuchar al mundo compartida que los llevó a trabajar en España, Francia e Italia.Arriba, una viñeta de Mingote en la muerte de Azcona. Mingote fue amigo e introductor de Azcona en la vida cultural madrileña en los años 50. En la siguiente foto, Azcona en 2005. En la última, junto a Luis García Berlanga en 1965 Archivo ABCEsta es solo una de las anécdotas con las que Santiago Aguilar y Bernardo Sánchez trufan su completísima crónica, profusamente documentada, en la que navegan cronológicamente por la carrera de Azcona y aledaños. Un viaje que sirve para bucear sobre todo por los 60 y 80, una de las épocas más ricas, turbulentas y emocionantes del cine europeo, llena de buscavidas, talentos únicos, empresarios en la ruina, censores con sotana, políticos aperturistas, burócratas temerosos… E historias, muchas historias de un arte, el cine, que alcanzaba la madurez y la popularidad.Entre esos nombres aparece la figura capital de Luis García Berlanga, con quien Azcona firmó una pareja de baile que alcanzó las cotas más altas de genialidad. Cuentan los autores del libro que solo un año después de aquella llamada de Ferreri, lo que se rodó fue 'El pisito', otra de las novelas que Azcona publicó con Taurus. El motivo de que la primera película juntos fuera esa y no 'Los muertos no se tocan, nene' es que Ferreri fue a buscar a Berlanga a Alhama de Aragón mientras este rodaba 'Los jueves, milagro', pero aquella novela no le gustó al director.'El pisito. Novela de amor e inquilinato' se publicó en junio de 1957 y apenas unos meses después Azcona ya trabajaba con Marco Ferreri en la adaptación de la que se convertiría «en su primera película, aunque no en la película prevista». Y así llegó a la industria un viajante de provincias, poeta, escritor y humorista. «Me metí a escribir para el cine, cosa de la que no tenía ni idea [...] además pretendía aprender a hacerlo viendo películas, y así vi demasiadas a destiempo», confesaba el guionista riojano en una entrevista de la época.Ilustración Carlos Baonza de '¡Viva Rusia!', un guion inédito de Azcona y Berlanga que se guardó en la Caja de las letras durante una década. Formará parte de una exposición del centenario de Azcona Carlos Baonza ('Lo que no pudo ser')«Comenzamos este trabajo con la vaga idea de que había un puñado de guiones de Rafael Azcona que no habían llegado a la pantalla. ¿Cuáles eran y por qué se quedaron por el camino?», escriben los autores en la parte final de un libro que hará las delicias de completistas y aficionados. «Durante el proceso decidimos que para entender en todo su alcance la labor de la censura y los miedos de algunos productores, convenía incluir también los guiones que llegaron a la pantalla demediados», explica a ABC Santiago Aguilar. «Pronto advertimos que tan interesantes como los proyectos no realizados eran los que habían sido alicortados, tergiversados o, peor aún, malbaratados por otros. Cada una de estas historias tenía sus causas, sus protagonistas, su desarrollo y, a poco que apuremos, sus villanos. Y así, entre cortapisas industriales, cicatería moral, trabas administrativas, piruetas financieras e, incluso, desencuentros personales, al trasluz del acervo de lo que no pudo ser (y lo fue de aquella manera) se puede leer la evolución de la sociedad española y europea de la segunda mitad del siglo XX».Entre esos guiones hay proyectos que podrían haber sido joyas. «Hay muchos planteamientos loquísimos: 'El viudo', 'Arturo'... A mí me interesa especialmente 'Caronte', una versión de 'El último caballo', de Edgar Neville, de la que apenas se conserva la idea inicial: un hombre que no sabe qué hacer con su caballo en el mundo contemporáneo», relata Aguilar. Sí hay alguno completo. Dos de ellos son para los autores «redondos»: 'El laberinto', adaptación de 'Autobiografía' de Medardo Fraile que iba a dirigir José Luis Cuerda, y 'Las hermanas del Don', una colaboración inédita hasta el momento con José Luis Borau. Ambos acariciaron la posibilidad de materializarse, aunque ninguno salió adelante.Todo tipo de censurasEl peso de la censura es un elemento transversal en la obra azconiana y en el libro. Hasta 1977, operaba doblemente: durante la lectura del guion y con la película terminada. Lejos de la extendida teoría de que eso ayudaba a agudizar el ingenio, los autores muestran una realidad marcada por la obstaculización y la arbitrariedad de burócratas y censores. Sin embargo, Azcona no tiraba nada. Lo había aprendido de Zavattini. «Cuando hay una buena situación pues te puede servir para una película o para otra», recuerda que le decía su amigo, el director José Luis García Sánchez, en una nota recogida en el libro. Del guion de 'A mi querida mamá, en el día de su santo' se reciclaron cosas para 'Tamaño natural' y para los dos primeros títulos de la 'Trilogía nacional'.No solo era la censura oficial en España; también en Italia había un control sobre las películas. Incluso en Francia, aunque de otra manera que se resume en una historia fascinante y berlanguiana. En el 73, Marcello Mastroianni, Bertolucci o Vittorio de Sica se van, al igual que Ferreri y Azcona, a París, donde a diferencia de Italia o España no operaba la censura. O eso creían. Cuentan los autores que la idea de la película 'La gran comilona' (guion de Azcona y dirección de Ferreri con Mastronianni de protagonista) se le ocurre a Ferreri tras una cena a cuatro bocas con Ugo Tognazzi y los hermanos Sarde, que salen del restaurante a la casa de los Sarde a seguir comiendo con unas prostitutas. A la mañana siguiente, Ferreri ya tiene próxima historia: cuatro hombres se reúnen en una casa para comer y tener sexo hasta morir. Empiezan a rodar en febrero y en mayo la presentan en Cannes (son tiempos de rodaje hoy imposibles) . El resultado es tal que la presidenta del jurado, Ingrid Bergman, vomita en la sala ; 'Le Figaro' dice que no va a reseñar esa ordinariez, el público abandona el cine y el equipo tiene que salir escoltado. Ferreri llega a decir que en Francia no hacía falta censura oficial porque sus intelectuales condenaban al ostracismo todo lo que atentara contra el buen gusto. Son algunas de las historias y anécdotas que, entre guion inconcluso y guion censurado, van narrando con profusión de detalles Aguilar y Sánchez. Un libro que surgió de una conversación con Julián Lacalle, editor de Pepitas, después de que Sánchez ya hubiera realizado una exploración sobre los proyectos no consumados de Azcona en 'Rafael Azcona: Hablar el guion'. «Creo que es la mayor aportación a la celebración de este centenario», apunta Lacalle.Todo para dar forma a un libro que hace emerger la figura de un Azcona único, un hombre que nunca trabajó gratis («jamás he escrito sin una causa justificada, o sea, sin haber firmado antes un contrato») y que mantuvo siempre un fino sentido del humor, incluso al enfrentarse a los sinsabores de una industria que, a menudo, no supo entender el alcance de su talento (« Sin humor no sé escribir. Es más, no me creo ninguna historia que no conlleve alguna dosis de humor », le dijo a Borau). Al final Azcona fue, por encima de todo, un guionista tan inmenso que dejó un legado incalculable de lo que pudo ser y, en muchos casos, fue de aquella manera.