Meloni no goza del beneficio del tiempo que sí disfruta el Papa para recomponer la relación con EEUU
ResumenCuando el Papa León XIV respondió a las provocaciones de Donald Trump con un solemne "Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad", no sólo llamó la atención sobre el hecho de que la Iglesia tiene su propia doctrina sobre la "guerra justa". También recordaba que la acción política de la Iglesia, cuya verdad se dice eterna, no se ajusta al tempo de la política terrenal. El encuentro entre Marco Rubio y el Papa Prevost escenificó este contraste entre una política pensada a corto plazo y otra diseñada a largo plazo. La urgencia de quien necesita asegurar la orientación del voto católico pensando en las midterm americanas de este año, frente a la tranquilidad que acompaña a quien tiene la misión de reconducir el catolicismo a su unidad en los próximos años.
Cuando el Papa León XIV respondió a las provocaciones de Donald Trump con un solemne "Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad", no sólo llamó la atención sobre el hecho de que la Iglesia tiene su propia doctrina sobre la "guerra justa". También recordaba que la acción política de la Iglesia, cuya verdad se dice eterna, no se ajusta al tempo de la política terrenal. El encuentro entre Marco Rubio y el Papa Prevost escenificó este contraste entre una política pensada a corto plazo y otra diseñada a largo plazo. La urgencia de quien necesita asegurar la orientación del voto católico pensando en las midterm americanas de este año, frente a la tranquilidad que acompaña a quien tiene la misión de reconducir el catolicismo a su unidad en los próximos años. La posición de León XIV no es pro-Trump ni anti-Trump, vela por los intereses de los católicos. Juega en una dimensión que no se deja atrapar por la lógica binaria que preside la política de Trump. Por eso para el presidente norteamericano el perfil del Papa León XIV resulta desconcertante e irritante al mismo tiempo, como decía ayer en estas páginas Massimo Franco. Muy otra es la posición de Giorgia Meloni, quien aspira a renovar su cargo en 2027 si se mantiene el calendario electoral. El actual Gobierno italiano es el segundo más longevo en la historia de Italia desde el final de la Segunda Guerra Mundial, solamente superado por el Gobierno Berlusconi II (2001-2005). Se trata de un dato que va más allá de la anécdota, porque la estabilidad de la que ha gozado el Gobierno de Giorgia Meloni desde el primer día ha funcionado como instrumento de legitimación de un partido y una tradición política sin experiencia de Gobierno cuyo principal objetivo era demostrar que podían llevar con seguridad las riendas del Estado. La llegada de Meloni al poder puso en marcha una política exterior pragmática que hasta la fecha había dado un buen rendimiento al Gobierno italiano: posición de firmeza contra Rusia, abandono de la retórica soberanista contra la Unión Europea y, sobre todo, la construcción de una relación privilegiada con los EEUU a través de la amistad Meloni-Trump. Una política exterior que buscaba, en última instancia, realzar el protagonismo de Italia en Europa erigiéndose en el intérprete de un nuevo equilibrio entre Washington y Bruselas. No obstante, para Meloni la guerra de Irán iniciada por EEUU y apoyada por Israel se ha convertido en un problema incómodo que ensombrece la imagen de autonomía, estabilidad y coherencia que ha querido proyectar en la esfera internacional. Trump ha convertido a los EEUU en un "hegemón predatorio" -como lo ha bautizado el profesor Stephen Walt- que no sólo amenaza a sus enemigos, sino que chantajea y coacciona a sus aliados para condicionar su política exterior. Y los recientes ataques de Trump al Gobierno italiano, inesperados por parte de un aliado especial, encajan en este patrón de comportamiento. Meloni, en definitiva, no goza del beneficio del tiempo del que sí disfruta León XIV para reconducir su relación con los EEUU. Y aunque ha dado sobradas muestras de saber acomodarse a las circunstancias y mudar de piel en función de la necesidad, si la reunión con Marco Rubio no da sus frutos a la presidenta italiana le resultará difícil volver a vender la relación con Trump como uno de sus mejores activos electorales. Ni siquiera a los suyos, pues el partido de Meloni viene de una robusta tradición antiamericana. Y ya se sabe: donde hubo fuego siempre quedan cenizas.