Trilogías como terremotos
ResumenEnfrentarte tres veces al mismo rival en 11 días y siete en un mismo curso, como van a hacer ahora Atlético y Barcelona, es tan peculiar y emocionante como estresante y peligroso. Si la semana pasada, en Liga y en la ida de Champions, saltaron chispas, se espera la más alta tensión para este próximo careo en el Metropolitano (mañana, 21:00 horas). Así lo pronostican las actas de otros empachos del pasado y, sobre todo, la hemeroteca y los análisis de los protagonistas. La Tormenta de Clásicos de 2011 no ha sido el único serial inolvidable en el fútbol español que nos ha dejado exhaustos.
Enfrentarte tres veces al mismo rival en 11 días y siete en un mismo curso, como van a hacer ahora Atlético y Barcelona, es tan peculiar y emocionante como estresante y peligroso. Si la semana pasada, en Liga y en la ida de Champions, saltaron chispas, se espera la más alta tensión para este próximo careo en el Metropolitano (mañana, 21:00 horas). Así lo pronostican las actas de otros empachos del pasado y, sobre todo, la hemeroteca y los análisis de los protagonistas. La Tormenta de Clásicos de 2011 no ha sido el único serial inolvidable en el fútbol español que nos ha dejado exhaustos.
Kiko Narváez, que siempre cuenta las cosas con más gracia que nadie, repite muchas veces que en la 96-97 su Atleti jugó tres veces contra el Compostela, a quien se midió en la Copa, y en uno de esos encuentros ya le dijo a su marcador, Bellido, que estaba harto de verte la cara y, más que nada, de soportar sus embestidas. El Barça, por el simple hecho de plantarse a menudo en el tramo final de todas las competiciones, acumula más experiencias que nadie en esto de enfrentarse al mismo adversario en tan poco tiempo. El récord lo vivió ante el Real Madrid, al que se midió cuatro veces en 2011 tan sólo 17 días con un partido de Liga, una finalísima en Mestalla y una semifinal de Champions de por medio.
Encarriló el campeonato doméstico con un empate en el Bernabéu (1-1) y se plantó en la final de Wembley que ganó al United. Pero se dejó la final de Copa por el camino, además de la piel y los nervios con los roces in crescendo entre Mourinho y Guardiola (“¿por qué?”), Pepe con Alves (plantillazo) y Messi (pisotón), Busquets encarándose con Marcelo, Pinto con Chendo, Arbeloa con Villa y Xavi con Xabi Alonso haciendo temblar seriamente la estabilidad de la Selección.
Aparte de esos duelos al sol con el Madrid, el Barça acumula otros episodios similares —en cuanto a cantidad— pero muy diferentes —si hablamos de decibelios— contra el Málaga, Levante, Athletic (dos veces) y Espanyol. Y en todos hay un denominador común: aunque el equipo culé acabó sonriente la saga, en cada uno de estos bloques se le cayó alguna pluma por el camino. Sufrió varios empates, alguna que otra derrota y hasta se despidió de un título, la Supercopa de España que se dejó en las garras de San Mamés en 2015.
Barça-Atleti es sinónimo de agitación
Contra el Atleti la cosa siempre ha sido convulsa y bastante positiva, con la mancha de aquella retirada en una semifinal de Copa que dio la vuelta al mundo: no faltó de nada en la catarata de duelos que les midió en las temporadas 2014-15, 1999-2000, 1992-93 y 1991-92. Sobre todo, goles y una ensalada de tarjetas amarillas y expulsiones fruto de la acumulación de agravios. Por eso, que nadie se extrañe si lo de Koke y Olmo de hace días, o los encontronazos de Gavi con el mundo, tienen continuidad. Las matrículas quedan marcadas. Un asistente de aquellos Clásicos con Mourinho y Pep al frente y un colegiado de los Barça-Atleti de los 90 lo resumen off the record como nadie: “Se masca la tensión durante días y a cada paso y en cada declaración; por eso es muy importante saber abstraerte”.
Juan Carlos Rodríguez (Puente Castro, León, 61 años), internacional, ganador de una Copa con el Atlético y flamante campeón de Europa con el Barça de Cruyff en 1992, no necesita que nadie le cuente que estos choques son especiales porque vivió de cerca dos de los cuatro seriales: “Lo de jugar tantos partidos seguidos pasa cada vez más a menudo porque ahora en Europa se miden con la misma frecuencia que en la Copa. Buena señal del nivel que hay en España. Y aquí puede pasar de todo porque cada detalle suma y afecta lo suyo: cómo llegas a cada uno de los partidos, las bajas, las sanciones, lo que ha pasado en el encuentro de antes y qué puede pasar después… Yo viví el día que el Barça iba ganando al descanso en el Calderón 0-3 y luego el Atleti nos remontó y venció 4-3. Si esos vuelcos suceden dentro de un mismo partido, aunque sea un duelo aislado, imagina todo lo que puede acontecer en tres partidos como estos con seis tiempos…”.

La primera vez que Barça y Atleti se vieron las caras tres veces en dos semanas fue en la temporada 91-92 con la Supercopa de España —cuando la final era a doble partido y Luis Aragonés la encaraba con suplentes— y en los albores de la Liga. En la ida ganó el Barça a domicilio (0-1), en el duelo liguero repitió en el Camp Nou y en la vuelta de la Supercopa el 1-1 hizo que los de Cruyff también salieran victoriosos. Y a la campaña siguiente, la 92-93, volvió a repetirse la situación con un día menos de margen, esta vez con los octavos de la Copa entre medias. El Barça voló en la ida (0-5), cogió aire en casa en Liga (1-1) y volvió a divertirse en la vuelta (6-0). Y ahí ya sí que se dejaron notar la suma de rencillas entre encuentros y temporadas. Sólo en el tercero regresó la paz. Y porque ya estaba todo decidido. En el primer combate hubo 12 tarjetas y dos expulsiones atléticas (Donato y Ferreira). En el segundo, otras 12, con cuatro rojas, las de Vizcaíno, Bakero, Koeman y Amor.
Bien que se acuerda de aquello el fino centrocampista de Benidorm (58 años) que fue hace nada portavoz y responsable de las relaciones institucionales del Barça: “Claro que puede condicionar lo que pase en un partido de cara al siguiente si es una eliminatoria y puedes quedar fuera de la competición. También puedes sacar conclusiones y mejorar algo después de analizar algún partido de cara al próximo enfrentamiento. Naturalmente, también todo lo que pueda pasar en alguno de los partidos, te puede servir de motivación para el siguiente”.
Cada jugador es un mundo y se toma este tipo de choques tan seguidos de una manera diferente. “En mi caso, los entrenadores siempre eran claves para limar asperezas para lograr que jugaras con la cabeza limpia y fría”, señala Juan Carlos. Y añade: “Lo que más influye a la hora de que afloren viejos roces son los errores arbitrales. Y puede que sí se tenga en cuenta quién está cargado de tarjetas. Más para evitar que te puedas perder algún partido que para provocar que se lo pierda el rival. Aunque todo cuenta. Y puedes organizarte para encarar más a tu defensor, picarle o inquietarle. Yo, por haber jugado en el Atleti y luego hacerlo en el Barça, me agité algo más el primer año ya que te pitan… A Griezmann eso ya no le pasará. Pero luego lo vives como un duelo más. Una vez dentro te olvidas de todo”.
A Santi Denia, el exseleccionador Sub-21 que campeonó en las Olimpiadas de París, le tocó vivir otra trilogía Barça-Atleti en la temporada 1999-2000 en la que el Barça mordió el polvo de manera histórica aunque en la Liga se trabajó un importante 0-3. Primero con una ida de semifinales en el Calderón en la que Hasselbaink, Baraja y Hugo Leal sorprendieron al equipo de Van Gaal. Y más tarde con un 0-3 en el Camp Nou por incomparecencia. El Barça saltó al campo, pero a continuación se retiró como protesta contra la Federación por no aplazar un partido que coincidía con el parón de selecciones. Núñez alegó que faltaban Rivaldo, Litmanen, Zenden, Cocu, Bogarde, Kluivert, Reiziger, Frank de Boer y Figo. Y que estos se sumaban a los tres lesionados y a la prohibición de antaño de alinear a más de tres del filial. El Barça se quedó sin final y, con una amnistía, sin casi sanción. El Atleti acabó perdiendo la final ante el Espanyol (2-1) y dio con sus huesos en Segunda.
“Lo más complicado es la preparación de los partidos, aunque sean diferentes. Sobre todo, porque tienes que ir metiendo cambios y debes acertar a la hora de cuándo hacerlos. Siempre vas con todo, pero sabes que en los que tienen ida y vuelta te queda esa segunda ronda como comodín”, destaca Santi Denia. “Para mí, no condiciona el partido anterior ni el siguiente si ha habido polémicas. Los árbitros también son diferentes. Los partidos de este nivel siempre han sido bonitos y hay cosas más importantes que esos piques. Yo no creo que se arrastren y acumulen. Personalmente, en este tipo de partidos grandes cuando realmente me agobié fue en la temporada 1996-97, en Copa. Habíamos empatado a dos en la ida de cuartos en Madrid y amenazamos con no ir al partido de vuelta por una queja arbitral [tras el partido de Liga contra el Betis por el que acabarían siendo sancionados Antic, Geli y Simeone]. Al final Gil aceptó ir a última hora, el día de los cuatro goles de Pantic y la remontada que acabó con 5-4, y llegamos al Camp Nou ¡sólo 40 minutos antes de empezar! Eso sí que fue estresante”.

Psicológicamente duro
La cabeza, no hay duda, juega un papel determinante. Rafael Mateos, uno de los fundadores de TYM Psicología y doctor en la materia, lo corrobora: “Siempre hay que individualizar cada caso y hace falta mucha información porque cada jugador y cada equipo es un mundo por múltiples variables, pero hay cosas muy interesantes en lo de que te enfrentes a un mismo rival varias veces. Es fácil que se construyan narrativas o representaciones sobre cómo es el otro. Cada equipo tiene una idea consolidada sobre el adversario. E individualmente, cada jugador sobre el rival que tendrá enfrente y cómo se comporta. Y eso puede llevar, paradójicamente, a una peor toma de decisiones. Te puedes formar sesgos sobre, por ejemplo, cómo se comporta el Barça o el Atleti, o algunos de sus jugadores, en una situación determinada. Eso puede conducir al error".
“Por eso, en estos casos, y aunque siempre se hace, es más importante que nunca por parte del cuerpo técnico que se haga el análisis más objetivo posible de cómo juega el rival. Y filtrar la información para no saturar a los jugadores. Sobre todo, para que los enfrentamientos previos no condicionen nada por completo. Y luego hay otra cosa: ver, medir y analizar si el hecho de que juegues ante un mismo rival tantas veces aumenta la fatiga mental o no”, añade Mateos. “Es clave para hacer una reestructuración del entrenamiento en los días previos con el fin de equilibrar esa carga psicológica para que los futbolistas lleguen lo mejor posible y que no acudan ya cansados y frescos”.
Noticias relacionadas
En la era moderna, ya con el Cholo en su trono, Barça y Atlético se han visto las caras en otro torrente de partidos parecido al actual. En la temporada 2014-15 el atracón fue en 17 días. Primero se vieron en Liga con un 3-1 en el Camp Nou y 9 amarillas, cuando la media suele estar en 4,3. Luego llegaron los dos de cuartos de la Copa: 1-0 en Barcelona y 2-3 en Madrid con otras 10 amarillas y dos expulsiones atléticas (Gabi en el túnel de vestuarios y Mario Suárez) y con aquella inolvidable imagen de Arda Turan tirándole la bota a un linier. Al Atlético, que sale mal parado en esta secuencia de encuentros de antaño, le queda el consuelo de que el Barça, en Champions, por ahora no le ha tosido y esta última trilogía se localiza en Europa... En los dos precedentes (2014 y 2016), sin más distracciones de por medio que ese doble duelo continental, salió victorioso. Veremos si no hay dos sin tres.
¡Lleva el deporte contigo! Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí