La suerte de poder votar
ResumenCuando llegué a Madrid en el año 1992, me sorprendieron tres cosas: que no era de recibo comer antes de las dos de la tarde, que buscara lo que buscara estaba seguro en El Corte Inglés y que se podía elegir al presidente del club más importante de la historia del fútbol. Más de tres décadas después, y ahora que vivo en París , constato con satisfacción que esos tres pilares de la sociedad madrileña no han cambiado. Lógicamente, me voy a fijar en el tercer punto para decirles, queridos madridistas, que seguramente no son conscientes de la inmensa suerte que tienen de ser llamados a votar el 7 de junio. Como es algo normal desde hace unos 120 años, creo que la mayoría de los socios del Madrid no sabe disfrutar del momento ni aplaudir esta rareza en un mundo globalizado donde los clubes de fútbol son ante todo empresas con dueños y accionistas.
Cuando llegué a Madrid en el año 1992, me sorprendieron tres cosas: que no era de recibo comer antes de las dos de la tarde, que buscara lo que buscara estaba seguro en El Corte Inglés y que se podía elegir al presidente del club más importante de la historia del fútbol. Más de tres décadas después, y ahora que vivo en París, constato con satisfacción que esos tres pilares de la sociedad madrileña no han cambiado. Lógicamente, me voy a fijar en el tercer punto para decirles, queridos madridistas, que seguramente no son conscientes de la inmensa suerte que tienen de ser llamados a votar el 7 de junio. Como es algo normal desde hace unos 120 años, creo que la mayoría de los socios del Madrid no sabe disfrutar del momento ni aplaudir esta rareza en un mundo globalizado donde los clubes de fútbol son ante todo empresas con dueños y accionistas. Y donde el aficionado sólo se puede expresar con pitos.
Aquí, en el club blanco, una papeleta ofrece el magnífico poder de influir sobre el presente y el futuro. Y creo que hay que recordar que hay un hombre que, cuando amanecía el siglo XXI, salvó al Madrid del desastre económico en el que se estaba hundiendo, alejó a los buitres y permitió que la entidad siga siendo de sus socios. Esos mismos que, dentro de nueve días, podrán renovarle su confianza a esa persona o mostrarle la puerta de salida. Un privilegio.
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