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El escondite tricolor de Sánchez y Zapatero

Resumen

Pedro Sánchez tiene imputados a dos secretarios de organización, a su mujer, a su hermano y a su gurú, José Luis Rodríguez Zapatero, por no hablar de la condena de su fiscal general más servil o las sospechas crecientes sobre la conexión venezolana. había dado en España una situación como esta. Jamás un gobernante coleccionó tantas razones para la dimisión o el cese por la vía de la moción parlamentaria. Su partido ha sufrido hemorragias mortales en Aragón, Castilla y León, Extremadura y Andalucía.

Pedro Sánchez tiene imputados a dos secretarios de organización, a su mujer, a su hermano y a su gurú, José Luis Rodríguez Zapatero, por no hablar de la condena de su fiscal general más servil o las sospechas crecientes sobre la conexión venezolana. Nunca se ... había dado en España una situación como esta. Jamás un gobernante coleccionó tantas razones para la dimisión o el cese por la vía de la moción parlamentaria. Su partido ha sufrido hemorragias mortales en Aragón, Castilla y León, Extremadura y Andalucía. No ha logrado presentar presupuestos en toda la legislatura. Ni legisla, ni propone. Ocupa el poder, atrincherado, y canibaliza. La caída de Zapatero con un auto que aleja a sus admiradores con cara de vinagre ha sido el colofón. Se diría que el sanchismo parece estar a una jugada del jaque mate definitivo. Pero quien crea que asistimos al colapso es porque se ha olvidado del mito de Nerón con la lira en la mano mientras Roma se quema hasta los cimientos. Ahora Sánchez es más peligroso que nunca porque sólo tiene una vía para salvarse.Llevo año y pico dejando aquí y allá la idea: va a ir a por la Corona y a plantear un plebiscito por la república, porque es la única forma en la que puede reanimar a su electorado, sobrevivir al zarpazo judicial y estimular el clítoris de los nacionalismos con los que se acuesta. En ABC lo dejé escrito el 23 de febrero y en mi antiguo periódico unas cuantas veces más. Me divierte soltarlo a bocajarro en reuniones, en un ascensor lleno de gente, en cenas de amigos y en las tertulias de radio y tele, a ver la cara que ponen. Debo decir que las caras han ido cambiando en el último año. De la incredulidad y el ¿estás de coña? han pasado al asentimiento. Todavía se levanta alguna ceja cuando lo digo y se agacha alguna cabeza, pero es fácil de entender. Quien intentó un pucherazo contra su partido y traicionó a sus votantes y gobierna de espaldas al Congreso y neutraliza contrapoderes sólo necesitaba que el agua le llegue al cuello. Y le ha llegado.En los últimos meses he oído murmurar esta posibilidad cada vez a más gente. Aznar lo sugirió hace poco según me han dicho, y también Cayetana Álvarez de Toledo. Pero José Antonio Zarzalejos lo escribió esta misma semana de forma lapidaria en un artículo de 'El Confidencial', publicado tras las andaluzas y antes de la imputación de Zapatero. La venganza de Sánchez, dice Zarzalejos, será un plebiscito contra la Corona y el estado autonómico. Leer esto en alguien tan sensato como Zarzalejos asusta incluso cuando uno ya lo venía diciendo. Pero más alarmante ha sido oírselo decir a Pablo Iglesias tres días después en el Ateneo de Madrid , delante de Puente.Sí. Tras la imputación de Zapatero, se habían reunido en el escenario Rubén Sánchez (Facua), Óscar Puente, Sarah Santaolalla e Iglesias en un acto contra el fascismo, que es un poco como soltar lugares comunes. Sin embargo, allí proclamó Iglesias que la única forma de evitar la cárcel que tienen los socialistas, víctimas según él de la cacería fascista, es proponer las elecciones del 27 como un plebiscito por la república. Puente, a su lado, se reía, y nada le contestó, porque antes había dicho el ministro que la principal renuncia del PSOE en el 78 fue aceptar la monarquía, y que la monarquía se lo debe todo al PSOE, y que el pacto de la Transición lo ha roto la derecha.Pues para de contar. Léase esto como suena y hágase a continuación un cálculo sencillo. Sabemos que Sánchez no tiene escrúpulos, ni una ética basada en principios estables que guíe sus acciones. Sabemos que detesta a Felipe VI, en particular tras la espantada en Paiporta . Sabemos que quiere mantenerse en el poder, y que lo necesita, y que ve la separación de poderes como una amenaza contra su persona y que ya ha transgredido varias veces el mandato constitucional, gobernando sin Presupuestos y amnistiando a un puñado de delincuentes a cambio de unos votos de investidura. Sabemos que ahora tiene las encuestas en contra, que su electorado está deprimido y que sus socios lo sostienen pero no le aprueban ni un decreto. No hay un solo indicio, salvo el trampantojo del CIS, que le dé la más mínima esperanza. ¿Se va a quedar quieto?Todo pinta peor para sus intereses que en 2023, cuando también lo daban por muerto, pero esto sólo implica que su movimiento va a ser más destructivo. Necesita dar una patada al tablero antes del jaque mate.Dado que viví en Cataluña entre 2010 y 2023, ahora puedo ver el futuro. Vi cómo la élite política nacionalista, acosada por la justicia y el fracaso en las urnas, sacaba de la botella el genio del 'procés' para hipnotizar a una parte de la sociedad y enfrentarla visceralmente contra la otra. Fue una época de estupidez autogenerada y contagiosa, una ensoñación colectiva e interesada. No hubo jamás posibilidad de independencia, pues la élite no hizo movimientos para dotarse de unas estructuras de Estado. Querían aferrarse al poder y cambiar el guion, y eso es lo que consiguieron. Sánchez no se diferencia en nada de ellos. Y su electorado no se diferencia en nada de quienes creyeron que la independencia se conseguía echando papeles en unos táperes. Calcar el guion del 'procés' es muy sencillo. Sólo hay que agitar la tricolor para hipnotizar a las masas como aquellos agitaron la 'estelada'. Sánchez lleva ocho años diciendo que si gobierna la derecha se acaba el mundo, y ahora tiene que proponer una solución a ese gran problema. Compañeros para ese viaje ha tenido siempre.Por otra parte, éste sería un movimiento muy coherente con el proceso que inició Zapatero y que Sánchez sólo ha radicalizado. ¿No fue Zapatero quien inició la erosión del marco espiritual del 78 con su ley de Memoria Histórica y la invocación permanente de los espíritus? El sanchismo ha magnificado esas brechas, ha levantado muros nuevos y masacrado cualquier posibilidad de acercamiento al otro bando. Pero tal vez el detalle decisivo sea mucho más pueril: su ambición narcisista de convertirse en un gran hombre de los libros de historia. Se lo dijo a Máximo Huerta el día que lo echó del gobierno: ¿cómo me recordarán? La historia, a veces, la terminan escribiendo los lacayos.