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El Mundo ·

Detrás de la pompa imperial: la urraca de Trump y el show del presentador de Fox pidiendo una salchicha a un robot

Resumen

La urraca apareció justo cuando Donald Trump llegaba a su cita con Xi Jinping en la Plaza de Tiananmen. El pájaro negro y blanco aterrizó durante unos segundos junto a la alfombra roja mientras el presidente estadounidense avanzaba bajo el estruendo de los 21 cañonazos. Un reportero de Hong Kong captó la escena y, apenas unos minutos después, el vídeo ya circulaba masivamente por las redes sociales chinas. En la tradición local, la urraca simboliza la llegada de buenas noticias.

La urraca apareció justo cuando Donald Trump llegaba a su cita con Xi Jinping en la Plaza de Tiananmen. El pájaro negro y blanco aterrizó durante unos segundos junto a la alfombra roja mientras el presidente estadounidense avanzaba bajo el estruendo de los 21 cañonazos. Un reportero de Hong Kong captó la escena y, apenas unos minutos después, el vídeo ya circulaba masivamente por las redes sociales chinas. En la tradición local, la urraca simboliza la llegada de buenas noticias. "Los cielos aprueban la visita de Trump", escribió un usuario. Otro interpretaba el momento como "una señal de paz entre China y Estados Unidos". La urraca que llegó junto a Trump.Weibo Más allá de los discursos solemnes, la visita de Trump en Pekín ha dejado también una colección de escenas extrañas, simbólicas y reveladoras sobre la relación entre las dos superpotencias y sobre la transformación acelerada del gigante asiático desde la última visita del republicano en 2017. La capital llevaba semanas preparándose para la llegada de Trump, visto por muchos chinos como una mezcla entre emperador extranjero y estrella de reality show. Las redes sociales chinas quedaron inundadas de vídeos de la larguísima caravana presidencial estadounidense atravesando la ciudad, de usuarios grabando La Bestia (el famoso coche presidencial) desde los pasos elevados y de memes sobre el peinado de Trump resistiendo la humedad pequinesa. "Es como ver una película de Hollywood", comentaba entre risas un estudiante de 24 años frente a un café cercano a Wangfujing, una de las principales arterias comerciales de la ciudad. "Trump cae bien aquí porque siempre dice lo que piensa. Es entretenido". Mientras los medios estatales chinos mantuvieron una cobertura sorprendentemente sobria y controlada -sin el triunfalismo exagerado que sí domina a menudo la prensa estadounidense-, las plataformas digitales locales vivieron prácticamente obsesionadas con cada detalle de la cumbre. Curiosos chinos fotografiando la caravana de la delegación estadounidenseGREG BAKERAFP Uno de los vídeos más compartidos mostraba a Bret Baier, presentador estrella de Fox News, intentando pedir una salchicha a un robot cocinero en un centro comercial. "Literalmente hay cámaras en todas partes", se quejaba el periodista estadounidense en antena, sorprendido porque su conductor había recibido una multa automática de tráfico apenas dos minutos después de estacionar mal el vehículo. Detrás de toda la coreografía ceremonial que envuelve este tipo de cumbres, la tensión geopolítica ha estado muy presente. Según han contado los periodistas estadounidenses que acompañaban a Trump, toda la delegación operó bajo un estricto "bloqueo digital": sin teléfonos personales, utilizando móviles desechables y ordenadores temporales por temor al espionaje chino. Esa obsesión llegó hasta el bolsillo de Donald Trump. Durante toda la cumbre, el presidente tuvo prohibido utilizar su teléfono móvil personal (aquello se notó especialmente en que no publicó compulsivamente en Truth Social). Incluso los grandes empresarios de Apple, Tesla, Boeing o BlackRock que acompañaban a la comitiva tuvieron que dejar atrás sus aparatos habituales. Mientras Pekín exhibía orgullosa su revolución tecnológica, Washington se movía por la capital china como si estuviera entrando en territorio enemigo digital. La tensión se hizo visible en torno al dispositivo de seguridad que rodeaba a los dos líderes: hubo encontronazos -incluso con empujones- entre agentes del servicio secreto y de la seguridad china. "El primer incidente se produjo cuando un agresivo grupo de periodistas chinos irrumpió en la reunión bilateral matutina del jueves, derribando y luego pisoteando a un miembro del equipo de avanzada de la Casa Blanca. Era una asistente que resultó magullada y conmocionada", relata el New York Post. Sobre lo que sí se vio dentro del foco público, medios chinos destacan sobre todo la buena sintonía entre Trump y Xi, especialmente los muchos halagos que lanzó durante toda la visita el presidente estadounidense. Muchos usuarios chinos bromeaban con la presencia del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, que aparecía en todas las fotografías con gesto serio e incómodo. "Parece que acaba de descubrir que no va a bombardear China próximamente", ironizaba un comentario viral. Hubo otros detalles mínimos convertidos en fenómenos nacionales. La botella de agua mineral Yew que llevaban en la mano varios funcionarios y empresarios estadounidenses a la salida de las reuniones se agotó rápidamente en plataformas de comercio electrónico después de que usuarios chinos empezaran a bromear con que "si Trump la bebe, debe de ser buena". En cuestión de horas, la marca se convirtió en tendencia. El menú de la cena de Estado del jueves por la noche también fue muy compartido: langosta en sopa de tomate, pato asado de Pekín, salmón en salsa de mostaza, tiramisú y pastel en forma de concha desfilaron sobre las mesas del Gran Salón del Pueblo mientras Trump sorprendió incluso dando un pequeño sorbo de champán durante el brindis, algo extremadamente raro en él desde la muerte de su hermano por alcoholismo. Pero quizá una de las imágenes más comentadas de toda la reunión diplomática estuvo en la ausencia total de mujeres alrededor de la mesa principal. La fotografía de los dos gobiernos reunidos -un océano de trajes oscuros masculinos- provocó algunas críticas internacionales. "Una pintura del fin de la meritocracia", escribió la economista de Harvard Gita Gopinath en un mensaje en X. Algunos funcionarios estadounidenses que ya estuvieron en el primer viaje de Trump a Pekín en 2017 comentaron en privado lo mucho que les había impresionado el cambio de la capital en estos años. Vallas digitales gigantes anunciando modelos chinos de inteligencia artificial como DeepSeek; coches eléctricos de marcas nacionales circulando silenciosamente por grandes avenidas y robots humanoides saludando a los clientes en centros comerciales de lujo mientras perros robot patrullan exhibiciones tecnológicas.