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El País ·

Svetlana, Sergio y Martin o el periodismo de orfebrería

Resumen

Los galardonados con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo que organiza el diario EL PAÍS, entregado en su edición de 2026 este pasado lunes en la capital catalana, se convirtieron al día siguiente en Svetlana, Martin y Sergio. Lejos de la formalidad del atril y rodeados de estudiantes de la Universidad Pompeu Fabra, la premio Nobel de Literatura, el columnista y ex vicepresidente de Nicaragua y el exdirector de The Washington Post mostraron una faceta más espontánea. Denunciaron el riesgo del momento geopolítico, hablaron de tecnología y, sobre todo, evidenciaron que el periodismo de calidad —el de orfebrería, el que tiene alma— exige, ante todo, escuchar mucho. Svetlana Alexiévich, escritora bielorrusa y Premio Nobel de Literatura en 2015, reveló que su nieta la ve como un “objeto anticuado” porque aún escribe a mano.

Los galardonados con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo que organiza el diario EL PAÍS, entregado en su edición de 2026 este pasado lunes en la capital catalana, se convirtieron al día siguiente en Svetlana, Martin y Sergio. Lejos de la formalidad del atril y rodeados de estudiantes de la Universidad Pompeu Fabra, la premio Nobel de Literatura, el columnista y ex vicepresidente de Nicaragua y el exdirector de The Washington Post mostraron una faceta más espontánea. Denunciaron el riesgo del momento geopolítico, hablaron de tecnología y, sobre todo, evidenciaron que el periodismo de calidad —el de orfebrería, el que tiene alma— exige, ante todo, escuchar mucho. Svetlana Alexiévich, escritora bielorrusa y Premio Nobel de Literatura en 2015, reveló que su nieta la ve como un “objeto anticuado” porque aún escribe a mano. Pero hay más artesanía todavía. La autora de Voces de Chernóbil —obra en la que reconstruye el accidente nuclear ocurrido hace cuatro décadas— contó que para cada libro entrevista entre 700 y 900 personas. “Es ahí donde recopilo la esencia, la verdad. La única verdad a la que tenemos acceso ahora es la de los testigos”, apostilló una de las firmas más influyentes de la narrativa documental contemporánea. A su lado, Martin Baron, exdirector también de The Boston Globe, y el escritor Sergio Ramírez, columnista de EL PAÍS, se declararon casi tecnófilos. Baron, que prefiere leer los diarios en digital, alertó de cómo, pese a toda esa tecnología y a una aparente mayor cercanía de los periodistas al presidente Donald Trump, la búsqueda de la verdad es hoy más difícil para la prensa. “Tenemos un Gobierno sin frenos y contrapesos, porque el partido demócrata no tiene ningún poder”, explicó. Y puso como ejemplo, además de los ataques a las empresas periodísticas, el borrado sistemático de datos y estadísticas antes disponibles. “¿Cómo podemos tener una democracia cuando no podemos ponernos de acuerdo sobre los hechos?”, se preguntó. Ramírez contó que escribe en ordenador desde 1984, que los borradores de sus novelas llegaron a ocupar varios disquetes y que recurre a la IA para documentarse, aunque con cautela. “La gran responsabilidad de los comunicadores es ayudar a los lectores a discriminar entre lo que es verdad y lo que es mentira”, sostuvo, mientras reconocía la paradoja de que el progreso tecnológico pueda, a la vez, dar alas a la libertad de prensa en su país natal y alimentar la desinformación. Ante los 200 asistentes reunidos en el Auditorio del campus de Roc Boronat, en Barcelona, Ramírez vaticinó que la prensa en papel desaparecerá en una década y que la inteligencia artificial asumirá parte de la redacción de las “noticias ordinarias”, como la información meteorológica. “El periodismo de carne y hueso estará en la investigación de largo aliento”, defendió en la conversación moderada por la periodista de EL PAÍS Elena Sevillano. Esta reconversión forzada de la prensa se solapa, según el nicaragüense, con una encrucijada mayor: si Occidente seguirá rigiéndose por la separación tradicional de poderes, las elecciones libres y las libertades individuales o si avanza hacia el modelo vertical propio de los grandes consorcios tecnológicos e industriales. Un giro que, recordó Alexiévich, no requiere necesariamente de formas bravas como las de Trump: puede llegar con suavidad en los gestos pero dureza en el fondo, como el estilo del propio Vladímir Putin o del líder bielorruso Alexandr Lukashenko. La figura del presidente de EE UU, como gran resumen de los tiempos que corren, sobrevoló casi en todo momento. Más allá de lo que dice, también por lo que hace. Baron, ganador de varios premios Pulitzer, aseguró que la asfixia económica de Trump a proyectos de Jeff Bezos está detrás de la decisión del magnate —propietario de Amazon y de The Washington Post, entre otros— a tomar las decisiones de recortes de “más del 40% de la plantilla”. “Bezos quiere navegar este mandato de Trump y el Washington no es su prioridad, explicó tras aclarar que, con todo, la propiedad no influye en el contenido editorial del rotativo. Los estudiantes también tomaron la palabra, aunque con menos avidez de lo esperado. Uno preguntó cuál consideraban el peor error del que habían aprendido. Ramírez les pidió a los jóvenes seguir comportándose como tales, asumiendo riesgos y aventuras. Baron volvió al tema de la escucha, que Alexiévich había descrito antes como el máximo ejercicio de empatía: emplear todo el tiempo necesario con el entrevistado para lograr esas dos frases que “resumen toda una vida”. El exdirector de dos grandes periódicos estadounidenses la reencuadró desde su experiencia como directivo: “Puedo pensar en algunos momentos en que debería haber escuchado mejor [a su equipo de redacción]”.