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El Mundo ·

Miedo y hartazgo en el puerto canario del hantavirus: "Siempre traen a Canarias lo que nadie quiere"

Resumen

«Qué vienes, ¿por lo de los termalgines esos para los de Cabo Verde? Los tres estibadores de la empresa Boluda se lo toman, clásicos básicos canarios, a chirigota. Pero no les hace exactamente gracia, aunque no pierden la sonrisa: «Somos la última mierda, nos mandan lo que nadie quiere... Al menos al Gobierno le darán algún dinero por esto, ¿no?

«Qué vienes, ¿por lo de los termalgines esos para los de Cabo Verde? Jajajaja». Los tres estibadores de la empresa Boluda se lo toman, clásicos básicos canarios, a chirigota. Pero no les hace exactamente gracia, aunque no pierden la sonrisa: «Somos la última mierda, nos mandan lo que nadie quiere... Al menos al Gobierno le darán algún dinero por esto, ¿no? Porque lo que es a nosotros... Jajaja». Los tres ríen a gusto después de cargar chatarra de sol a sol en el enorme Lonneberg, una mole de más de 150 metros de largo. Que se queda pequeña al lado, un poquito más allá, del Pacific Prospect, una especie de Santiago Bernabéu flotante con bandera de Hong Kong, en el que tres grúas del propio barco izan palas de molinos de viento de 100 metros de largo. Seguimiento crucero hondius El puerto de Granadilla de Abona, en el sur de Tenerife, es en esta nublada tarde un no lugar de libro: una dársena enorme, kilométrica, pero medio vacía -apenas tres barcos atracados donde cabrían 10 o 12-, a la que el planeta entero mirará con pavor el sábado próximo. Cuando aquí llegue el MV Hondius holandés, y con él, y sus 147 pasajeros, el hantavirus que ya ha matado a tres personas, infectado a otras siete y, lo más importante, asustado a medio planeta. Porque el elemento más importante de esta historia no estará realmente aquí, pero sí en la mente de todos. ¿Podría pasar por aquí el inicio de un nuevo Covid? «¿Habéis visto que ha vuelto a salir el mismo médico ese del Gobierno a decir que no va a pasar nada? ¡Yo estoy cagao!», dice uno de los estibadores, en referencia a Fernando Simón, mientras otro nos cuenta que, en realidad, el puerto «no está terminado» y funciona «muy por debajo de su capacidad, pero como se hizo con fondos europeos, pues hala, toma puerto» -se pagó al 85% con fondos Feder-. «¿Y cómo van a hacer con esta gente para mandarlos a los aviones?», siguen. «¿Van a tener guaguas listas para todos? ¿Y aviones a todos los países, a la vez? Y ese barco, ¿quién lo va a limpiar? Y el que lo limpie ¿va a pulular luego por ahí? ¿O lo van a hacer chatarra aquí mismo? Siempre nos toca a nosotros, de verdad». El de Granadilla, el mayor puerto industrial de Canarias, fue inaugurado por Mariano Rajoy en 2018 y en efecto está a medio hacer. «Destruyeron un paraje precioso en el que había un sebadal de tortugas, pensaban que iban a llenarlo de barcos y mira, semivacío», cuenta un vecino. Antes de su construcción, de hecho, el mismísimo Rainbow Warrior de Greenpeace se plantó aquí y los activistas de la ONG se encaramaron a la chimenea de una cementera, hasta que la Guardia Civil les bajó. En realidad, este enorme descampado rodeado de naves y galpones al que arribará el hantavirus es un pequeño concentrado de muchas historias de las Canarias de hoy: en el medio se apilan dos docenas de pateras que nos recuerdan que, además de los turistas de lujo del MV Hondius, otros viajeros menos desahogados llegan a esta costa frecuentemente. «Dejan ahí todos los cayucos que arriban a Los Cristianos», cuenta el vecino de antes, que recuerda que ahí también hay otro agravio: «A ésos sí que nos los dejan aquí durante años, con los centros a reventar porque nadie en la Península los quería». Hasta aquí llega también la sensación de ninguneo al Gobierno canario al decidir traer aquí el crucero del hantavirus: «Al Clavijo éste ni le han llamado, ¿no?», se ríen los estibadores sobre las quejas del presidente autonómico. «Ha sido como decidir todos que vamos a hacer una fiesta en casa de otro y decírselo por WhatsApp, sin contar con él. Lamentable», agrega una fuente del Gobierno insular. Y, de fondo, lo que de verdad da de comer a las islas. «Somos el patito feo, aquí nos echan todo lo que sea, y lo aguantamos. ¿Qué sentido tiene que nos traigan eso aquí, al sitio más turístico de España? Para qué, ¿para que no venga nadie?», dice Jean, 62 años, taxista y producto típico canario: nacido en Suiza, 28 años luego viviendo en Venezuela y 23 en Tenerife. «Yo, lo siento, pero no voy a llevar ni traer a nadie del hospital, en absoluto. Las reservas van a bajar una burrada, hoy en el taxi la gente sólo habla de eso. Y mira que pensábamos que con la visita del Papa [en junio] igual se cortaban un poco, pero nada, nos traen el Covid ese igual...». -Hantavirus, es hantavirus. -Bueno, sí, vete tú a saber en qué queda esto. Que lo del Covid en España empezó con dos alemanes en La Gomera, y mira cómo acabó.