Jordan Bardella: "En Ceuta hubo una invasión migratoria y hay que examinar el papel de Marruecos"
ResumenJordan Bardella (Drancy, 1995) es el joven fenómeno de la política francesa desde que lideró Agrupación Nacional hacia un extraordinario resultado en las elecciones legislativas. Ahora se prepara para gobernar Francia en 2027 como primer ministro: la candidatura a la Presidencia de la República está reservada a Marine Le Pen desde que la Justicia le levantó el veto. En esta entrevista con EL MUNDO defiende una alianza de las derechas y advierte, ante la «invasión» de Ceuta, de que hay Estados que utilizan la inmigración como «arma de chantaje» y reclama «examinar la responsabilidad» de Marruecos. Ha dicho aquí: «En Europa, quiero cambiarlo todo sin romper nada».
Jordan Bardella (Drancy, 1995) es el joven fenómeno de la política francesa desde que lideró Agrupación Nacional hacia un extraordinario resultado en las elecciones legislativas. Ahora se prepara para gobernar Francia en 2027 como primer ministro: la candidatura a la Presidencia de la República está reservada a Marine Le Pen desde que la Justicia le levantó el veto. En esta entrevista con EL MUNDO defiende una alianza de las derechas y advierte, ante la «invasión» de Ceuta, de que hay Estados que utilizan la inmigración como «arma de chantaje» y reclama «examinar la responsabilidad» de Marruecos. Ha dicho aquí: «En Europa, quiero cambiarlo todo sin romper nada». ¿Qué significaría para la Unión Europea que Agrupación Nacional gobernara Francia?Hace mucho tiempo que Francia ya no defiende sus intereses en la escena europea, pese a ser uno de los países que más contribuyen al presupuesto de la Unión. Hoy la UE ya no crea las condiciones para la potencia del continente y de las naciones europeas, sino más bien las de su debilitamiento y su decrecimiento económico. Somos, efectivamente, partidarios de cambiarlo todo sin destruir nada; es decir, de cambiar desde dentro el funcionamiento de la UE, permitiendo que nuestras naciones recuperen determinadas soberanías: por ejemplo, el control del precio de la energía; la posibilidad de controlar nuestras fronteras, o la de simplificar las normas que se aplican a las empresas. Y estamos comprometidos contra el Pacto Verde, que crea las condiciones de un pacto de decrecimiento para la industria europea y la agricultura.Está aquí convenciendo a inversores y dirigentes internacionales de que Agrupación Nacional tiene credibilidad económica para gobernar Francia. ¿Qué garantías concretas debe ofrecer su partido para ganarse esa confianza?En primer lugar, aplicaremos una regla de oro que inscribirá en la Constitución francesa la prohibición, a medio plazo, de presentar presupuestos completamente desequilibrados que debiliten nuestra economía. Se apoyará en un plan para reducir en 125.000 millones el gasto público improductivo y estará acompañada de bajadas de impuestos para reactivar el crecimiento. Pensamos que, para sanear la economía francesa, no basta con reducir el gasto público: hace falta un gran shock de competitividad que permita a Francia recuperar su independencia y su potencia. Y esta política económica se apoyará ante todo en menos normas, menos impuestos sobre la producción y un precio de la energía extremadamente competitivo para impulsar la industria, pero también el despliegue de la inteligencia artificial.Giorgia Meloni ha demostrado que un partido de derecha nacionalista puede llegar al poder, tranquilizar a los mercados y cooperar con Bruselas. ¿Es hoy Giorgia Meloni su principal referencia política en Europa?Giorgia Meloni es una fuente de inspiración en un aspecto esencial: ha demostrado que un movimiento patriótico puede llegar al poder, tranquilizar a los agentes económicos y gobernar con estabilidad. Pero yo no quiero ser una copia de Giorgia Meloni. Quiero construir un modelo francés, adaptado a la historia y a los intereses de Francia. La estabilidad es la idea clave. Creo que la mejor política económica es, ante todo, la que crea estabilidad y previsibilidad a largo plazo. Y ésa ha sido precisamente la posición del Gobierno de Giorgia Meloni que, a día de hoy, es el más duradero de toda la historia política italiana. El enfoque de Italia ante la Unión Europea es algo distinto del nuestro, porque Francia es uno de los mayores contribuyentes netos al presupuesto de la Unión: aportamos más fondos públicos de los que recibimos. Esa realidad política debe darnos una ventaja en las negociaciones y permitir que Francia defienda mejor sus intereses. Y el mensaje que se enviará si ganamos las elecciones con Marine Le Pen y yo soy jefe del Gobierno será que Francia ha vuelto a Europa.¿Pero cómo puede construirse una Europa poderosa, un mercado único más integrado y una defensa común sin compartir más poder político?Rechazo el falso dilema entre una Europa impotente y una Europa federal. Necesitamos una Europa más fuerte frente a Estados Unidos, China o Rusia, pero esa fuerza debe surgir de la cooperación entre las naciones, no de la desaparición de las naciones. Estoy a favor de una Europa basada en el crecimiento y también en la protección de nuestras fronteras. Cuanto más se ha profundizado la Unión Europea, más se ha debilitado. Y cada vez que se arroga nuevas competencias o interviene en algo, suele acabar muy mal. Es lo que ocurrió con la agricultura: terminó mal para la agricultura francesa. Y también con la inmigración: desde la crisis de refugiados de 2015 hemos recibido una afluencia masiva de cientos de miles de personas. Necesitamos que Europa escuche la voluntad de los pueblos, respete la identidad de las naciones y abandone una ingenuidad comercial que nos debilita enormemente frente a grandes potencias como Estados Unidos y China. El destino de Europa no es ser vasalla económica de Estados Unidos ni colonia industrial de China; al contrario, debe ser capaz de trabajar unida en los grandes proyectos del siglo XXI, como el espacio o la inteligencia artificial.Europa tiene hoy tres grandes familias políticas de derecha. ¿Su objetivo es que algún día formen una mayoría común?Ya es así. Desde las elecciones europeas de 2024, trabajamos en un nuevo equilibrio dentro del Parlamento Europeo, donde la derecha unida actúa conjuntamente y los patriotas resultan decisivos. Votamos juntos una resolución muy importante, impulsada también en nuestro grupo por el trabajo de los eurodiputados de Vox, que condenaba al régimen venezolano. Desde entonces hemos bautizado esa coalición de derechas y patriotas como la «formación Venezuela». Repetimos esa misma mayoría hace unos meses contra el Pacto Verde, con la directiva Ómnibus, y hace unas semanas con el Reglamento de Retorno, que aprobó, por primera vez en la historia de la Unión, una de las normas más duras contra la inmigración clandestina. Seguiremos trabajando codo con codo por el interés de nuestros países y de nuestras naciones. Me alegra que logremos arrancar a una parte del PPE de la influencia que la izquierda ejercía sobre ese partido desde hacía años. Y me alegra trabajar en el grupo de los Patriotas junto a los eurodiputados de Santiago Abascal, que es un gran patriota español y que espero que algún día llegue a dirigir su país.AfD podría lograr hoy una victoria histórica. Marine Le Pen rompió con ese partido después de las declaraciones de uno de sus dirigentes en las que simpatizaba con los nazis. ¿Puede AfD volver a convertirse en un aliado democrático legítimo?Las posiciones de una parte de AfD nos llevaron a una ruptura política. Tenemos una estrategia y, a veces, convicciones fundamentalmente distintas. Pero hay que respetar el voto de los ciudadanos. No sé qué resultado saldrá de esas elecciones, pero sí es seguro que la presión ejercida por AfD está provocando en Alemania una toma de conciencia sobre el problema que representa la inmigración masiva y desordenada, hasta el punto de haber obligado al Gobierno de Merz a restablecer controles fronterizos. Creo que también hay que escuchar esa ira y ese voto expresados por el pueblo alemán.Acogió inicialmente con satisfacción el regreso de Donald Trump, pero después ha criticado el «vasallaje» europeo hacia EEUU. ¿Cree que Trump sigue siendo un modelo para la derecha europea o se ha convertido también en un problema para Europa?No, ni una cosa ni la otra. Hay que comprender que Donald Trump defiende los intereses de Estados Unidos y que debe tener enfrente a naciones europeas que también defiendan y protejan sus intereses. Entramos en una época que sólo respeta las relaciones de fuerza y desprecia profundamente la ingenuidad. Quienes sean ingenuos o rechacen la propia idea de soberanía e independencia serán aplastados en la época que viene. Una gran potencia puede ser al mismo tiempo socio, amigo y competidor. EEUU seguirá siendo un país amigo de Francia, pero no necesitamos un modelo. Y lamento profundamente que el presidente estadounidense se haya mostrado desconsiderado y haya optado por increpar a Giorgia Meloni.Ha dicho que Europa no puede financiar la guerra de Ucrania para siempre y que hay que buscar un alto el fuego con Rusia. ¿Cuál sería un precio aceptable por la paz?Es necesario que la familia occidental se ponga primero de acuerdo alrededor de una mesa para llegar unidos a la negociación frente al presidente Putin. Ucrania necesita garantías de seguridad y nosotros hemos propuesto el despliegue de una zona gris y de soldados de Naciones Unidas, cascos azules en la frontera, para garantizar la paz y permitir que Ucrania conserve su soberanía territorial. Pero esta guerra ha causado cientos de miles de víctimas. La prioridad debe ser la paz, la paz y la paz. Me parece irresponsable seguir proponiendo y enviando un dinero que ya no tenemos sin vincularlo a garantías. Y los estadounidenses al menos tuvieron la perspicacia de garantizar ese dinero mediante una contrapartida: la explotación de las tierras raras de Ucrania. Describe la inmigración como una «amenaza existencial» para Francia. Pero usted mismo procede de una familia inmigrante, en parte de origen argelino. ¿Dónde traza la línea entre la inmigración que contribuyó a construir Francia y la «amenaza existencial»?Pertenezco a una generación procedente de la inmigración que, cuando llegó a Francia, hizo todo lo posible por convertirse plenamente en francesa, participar en la nación y en la cultura nacional, asumir los valores del país, empezando por la lengua, y trabajar. Hoy, en cambio, muchas personas que llegan a Europa y a Francia quedan dispensadas de ese esfuerzo. Esa situación no es sostenible. Recibimos cada año a cientos de miles de personas, de las que sólo el 10% tiene contrato de trabajo, y hay 900.000 extranjeros en situación irregular en territorio francés. La situación migratoria está hoy fuera de control. Creo que constituye un desafío enorme para Europa, porque desequilibra los fundamentos de nuestra sociedad: la seguridad, la convivencia pacífica y, evidentemente, nuestra cultura y nuestra identidad. Si llegamos al poder, organizaremos un referéndum sobre inmigración con dimensión constitucional, que reafirme la primacía del Derecho francés sobre el europeo en materia migratoria. Y también necesitamos que Frontex haga aquello para lo que fue creada: proteger las fronteras europeas, y que esté autorizada a realizar devoluciones en caliente.Cuando fue asaltada la frontera de Ceuta, advirtió de que esas imágenes resumían «el futuro de Europa», pero la posibilidad más grave es que no se tratara simplemente de una crisis migratoria, sino de un ataque híbrido contra una frontera europea. ¿Comparte ese diagnóstico?Ante todo, me impresionaron profundamente, como a mucha gente, empezando por el pueblo español, las terribles imágenes de Ceuta, que muestran la completa inundación de una frontera de un país de la Unión Europea y la presión ejercida sobre una de las puertas de entrada a un país de la Unión. Esas imágenes serán el futuro de Europa si no recuperamos el control desde ahora mismo. La inmigración apenas está en el comienzo del comienzo. La primera frontera está precisamente en las puertas de Europa: en Lampedusa, en las costas españolas, entre Grecia y Turquía, entre Bielorrusia y Polonia. Mañana tendremos que proteger las puertas de Europa con medios muy claros y financiar muros, algo que logramos en el Parlamento Europeo hace unos meses. Es la única posibilidad para protegernos de los flujos migratorios. Y también necesitamos cooperación con los Estados de origen y, en este caso, con Marruecos.¿Qué papel cree que está desempeñando Marruecos en esa crisis? La Policía española considera que fue determinante.Hay que examinar la responsabilidad de las autoridades marroquíes. Lo vi hace unos meses entre Polonia y Bielorrusia. La inmigración es utilizada como arma de chantaje diplomático por Estados que quieren desestabilizar las sociedades europeas o apropiarse de territorios europeos. Por tanto, un buen control de la inmigración exigirá, ante todo, conversaciones a veces muy firmes con los países de origen.También atribuyó una responsabilidad directa a Pedro Sánchez e incluso pidió suspender a España del espacio Schengen, como hizo Giorgia Meloni. Si hubiera dirigido entonces el Gobierno francés, ¿qué habría hecho?Lo mismo. Que el Gobierno socialista aplique una política favorable a la inmigración y regularice masivamente a decenas de miles de clandestinos es su derecho, y sólo debe rendir cuentas ante los electores españoles. Pero nosotros, dada la proximidad de nuestras fronteras, no queremos que España sea una puerta de entrada de la inmigración clandestina hacia Francia. Si mañana dirigimos el Estado francés, impulsaremos en Europa una reforma del espacio Schengen para que la libre circulación vuelva a ser un proyecto europeo; es decir, para que quede reservada exclusivamente a los nacionales de los países de la Unión. En concreto: alguien (un sirio, por ejemplo) que obtuviera un permiso de residencia en España no podría circular por todos los países de la Unión. Esta reforma es muy importante y estoy convencido de que podemos lograrla.Desde Ceuta los inmigrantes no pueden viajar libremente a la Península.Técnicamente. Pero ese es el mundo de los dibujos animados. En la vida real, en primer lugar, España regulariza masivamente y, desde el momento en que usted pone un pie en España y obtiene un permiso de residencia, o incluso sin obtenerlo, puede circular por toda la UE. Esta situación no es normal. Y cuando, en un territorio de 84.000 habitantes, tienen 70.000 inmigrantes, eso ya no es un cruce de frontera: es una invasión migratoria.Si el PP y Vox suman una mayoría en las próximas elecciones en España, ¿qué papel debería desempeñar Santiago Abascal?Eso le corresponde decirlo a él. Pero Vox encarna hoy una gran esperanza para el pueblo español. Es el único movimiento político capaz, al mismo tiempo, de proteger la identidad del pueblo español, defender la soberanía y la unidad territorial de España y defender al pueblo español. Vox progresa porque todos los demás partidos españoles han fracasado. Siento mucho respeto, amistad y consideración por Santiago Abascal, que es un combatiente político incansable. Y espero que algún día no sea Vox quien tenga que situarse junto al PP, sino el PP junto a Vox.Marine Le Pen ha llevado al antiguo Frente Nacional hasta las puertas del poder. ¿La misión de Jordan Bardella es continuar el lepenismo o transformarlo en un movimiento de derechas distinto y más amplio?Mi ambición es que Agrupación Nacional se convierta en la casa común de todos los que aman Francia y no quieren verla desaparecer. Debe ser capaz de tender la mano a los huérfanos de la derecha y a quienes ya no se reconocen en Los Republicanos. Se trata de reunir a las clases populares, las clases medias, la élite empresarial y todos los que quieren que Francia se recupere. En estas elecciones presidenciales seremos la voz y el partido de quienes creen que Francia todavía tiene un destino, una identidad, unos modos de vida, unas tradiciones y un saber hacer que debemos defender y proyectar. Y, como he dicho antes, sé que una victoria en Francia tendría evidentemente consecuencias para toda Europa.Ha afirmado que será primer ministro, pero también admite que Marine Le Pen tiene sensibilidades que difieren de las suyas. ¿En qué cuestiones políticas importantes piensa hoy de manera distinta a ella?Marine Le Pen y yo tenemos el inmenso privilegio de llevar ambos sobre nuestros hombros la confianza de millones de franceses. Es la traducción de las últimas elecciones. Tenemos trayectorias distintas. No tenemos la misma edad. En el juego de las siete diferencias siempre podrán encontrarse diferencias. Pero estamos unidos por el amor a nuestro país y por la voluntad de ofrecer a los franceses el renacimiento que esperan. Entre nosotros existe un afecto político y personal, y nos domina el sentimiento de que Francia corre el riesgo de desaparecer. Ese sentimiento borra cualquier matiz o diferencia de sensibilidad.¿Veremos algún día a Jordan Bardella como presidente de la República? ¿Mantiene esa ambición?Eso no lo decido yo. Antes voy a intentar llevar a mi partido a la victoria y, espero, ser el próximo primer ministro de mi país; tener, en cualquier caso, el privilegio y el honor de servir a los franceses y demostrarles que se pueden hacer las cosas de otra manera.