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Sánchez presiona a sus socios a la izquierda para que no se presenten en las provincias medianas

Resumen

Cargos del Gobierno y del partido defienden que el PSOE está en condiciones de ser primera fuerza en las elecciones del 29 de noviembre . Este mensaje —más allá de la intencionalidad evidente de arengar a las tropas proyectando que ' ... hay partido'— entra en contradicción con el panorama que arrojan todas las encuestadoras privadas, que mantienen a Alberto Núñez Feijóo en cabeza. Sin embargo, los números que exhiben los portavoces socialistas dibujan un escenario en el que Pedro Sánchez podría ganar los comicios, aunque luego fuera inviable la gobernabilidad por la falta de pujanza de sus socios.

En público y en privado. Cargos del Gobierno y del partido defienden que el PSOE está en condiciones de ser primera fuerza en las elecciones del 29 de noviembre . Este mensaje —más allá de la intencionalidad evidente de arengar a las tropas proyectando que ' ... hay partido'— entra en contradicción con el panorama que arrojan todas las encuestadoras privadas, que mantienen a Alberto Núñez Feijóo en cabeza. Sin embargo, los números que exhiben los portavoces socialistas dibujan un escenario en el que Pedro Sánchez podría ganar los comicios, aunque luego fuera inviable la gobernabilidad por la falta de pujanza de sus socios. Pero para que este contexto ideal se llegara a materializar tendrían que producirse una concatenación de sucesos paralelos. Por un lado, un corrimiento de tierra en la derecha, esto es, un fuerte ascenso de Vox —en el entorno de los 70 diputados— que vaciara el nicho electoral del PP. Y, al mismo tiempo, un esfuerzo máximo de movilización en el espectro de la izquierda, que capitalizara por completo el PSOE. En esencia, Sánchez, convertido ya de facto en líder de la izquierda, debería concentrar todo el voto progresista para beneficiarse de la pugna divisiva en la derecha. En el partido miran con atención los movimientos que se están produciendo en el espectro de sus socios. Una mirada que pivota entre la preocupación y la oportunidad.En Moncloa han asumido que serán desalojados del poder el 29N y se enfocan en diseñar una campaña que les permita obtener la mayor rentabilidad electoral posible. Esto es, fomentar la polarización, en clara contraposición con Vox, para —renunciando al centro y despreciando al PP— promover un ensanchamiento de sus bases electorales por la izquierda. Para que esto tenga resultado, al PSOE no le interesa que exista una alternativa potente en el espectro progresista y mucho menos, varias opciones que dividan todavía más el voto.A la espera de ver cómo se terminan de concretar las candidaturas —empezando por el propio Frente Amplio— en el PSOE han iniciado una maniobra de presión para que, al menos, no haya una alternativa a su izquierda en provincias decisivas para el resultado final. Se trata de las circunscripciones medianas, las que reparten entre seis y cuatro diputados, y que establecen el equilibrio de fuerzas clave para convertir votos en escaños en el Congreso. Según varios expertos consultados, esta es la única oportunidad que tendrían los socialistas de llegar a recortar la distancia que les separa del PP. Que los populares cayeran por la irrupción de Vox, que sí entraría en el reparto de estas provincias, para lograr que el PSOE fuera la primera fuerza y quien más escaños consiga por ello. Algo que no ocurrió en 2023. Las elecciones se juegan en las provincias de entre seis y cuatro diputados.Las circunscripciones a tener en el radar, aunque con sus propias especificidades, son las que reparten seis diputados: Almería, Córdoba, Guipúzcoa, Gerona, Tarragona y Toledo. Las provincias que tendrán cinco asientos y centrarán principalmente la atención: Badajoz, Huelva, Cantabria, Castellón, Ciudad Real, Jaén, Navarra y Valladolid. Y las que cuentan con cuatro serán Albacete, Álava, Burgos, Cáceres, León, Lérida, Lugo, Orense, La Rioja y Salamanca. En la Moncloa y en Ferraz miran al interior y a territorios muy específicos como Castilla y León o Extremadura. No es casual que Pedro Sánchez vaya a abrir la precampaña este domingo en un acto en Ponferrada (León) junto a Carlos Martínez , líder de los socialistas en la región. En el Ejecutivo tienen ya muy bien definidos cuáles son los lugares donde tienen que echar el resto. Optimizando esfuerzos por la rentabilidad electoral que obtendrían.Estas presiones se dirigen hacia las provincias medianas, porque en los centros de poder socialista confían en que, de configurarse el Frente Amplio, no presente lista en toda España, sino de manera selectiva en núcleos urbanos o grandes ciudades en las que tengan la garantía de convertir votos en escaños y no acaben escapándose por el sumidero de los restos. Esto es, en Moncloa se debaten entre la necesidad de que sus socios sean capaces de armar un proyecto que pueda pujar en las grandes urbes y rivalizar por el electorado progresista, mientras que se repliegue en los pequeños núcleos de población y deje todo el campo al PSOE, como única alternativa en la izquierda.En el Gobierno llevan tiempo trabajando sobre esta idea. Y tienen diseñada la campaña descarnada de 'voto útil' que van a lanzar para el 29N, más parecida a la de las europeas —en pugna abierta con Vox— que a la de julio de 2023 —en tándem con Sumar—. En Moncloa son conscientes de que la reedición de la coalición está sentenciada y priorizan supervivencia del PSOE en las urnas y la del propio Sánchez para el día después . Las opciones de que pueda aguantar la posición —por encima de los 110 escaños— y no registre un descalabro pasan por asfixiar electoralmente a sus socios con los que los números hace tiempo que ya no salen. No hay suma posible para seguir en el poder.En esto se lleva trabajando indisimuladamente durante toda la legislatura. Sánchez se ha lanzado sin disimulo a robarle banderas —muy identificables— a sus socios de coalición y aliados a la izquierda. La última es la vivienda, a lomos del desahucio de Maricarmen, después de ocho años de incapacidad legislativa, pero no es el único caso. También la patrimonialización de políticas con 'sello Sumar' como la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) o la reforma laboral; hasta enarbolar el 'No a la guerra', la regularización masiva de inmigrantes o la regulación de las redes, prohibiendo el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años, en su enfrentamiento con los 'tecno-oligarcas'. Para evitar el descalabro y ante la fuga del votante moderado, el PSOE necesita nutrirse del electorado frontera, el que comparte por la izquierda con sus socios del futuro Frente Amplio.