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El Mundo ·

El pueblo dicta sentencia al 'lawfare'

Resumen

El periódico que dedicó 169 portadas a Camps por haberse comprado tres trajes se muestra muy alarmado por el lawfare. Corrijo, lo que le preocupa no es el lawfare sino que la gente empieza a creer que la Justicia es una continuación de la política por otros medios. Algo habrán hecho los jueces si los ciudadanos empiezan a tener un opinión negativa del poder judicial; porque lo que está descartado es que la persistente campaña de descrédito que el Gobierno dirige contra la judicatura haya tenido alguna responsabilidad en ello. Creo que se está haciendo una lectura algo retorcida de las encuestas.

El periódico que dedicó 169 portadas a Camps por haberse comprado tres trajes se muestra muy alarmado por el lawfare. Corrijo, lo que le preocupa no es el lawfare sino que la gente empieza a creer que la Justicia es una continuación de la política por otros medios. Algo habrán hecho los jueces si los ciudadanos empiezan a tener un opinión negativa del poder judicial; porque lo que está descartado es que la persistente campaña de descrédito que el Gobierno dirige contra la judicatura haya tenido alguna responsabilidad en ello. Creo que se está haciendo una lectura algo retorcida de las encuestas. Después de haber sobredimensionado durante años la capacidad de manipulación de la derecha sobre la psicología social, ahora hay que despreciar los efectos de la propaganda. Me explico: cualquier desviación reaccionaria de la sociedad se considera un estado inducido. Por eso, los brotes de conservadurismo han de combatirse mediante una decidida intervención mediática, un saneamiento de la conversación pública que depure las toxinas que envenenan a la población. En cambio, las sospechas del paisanaje ante la Justicia se basarían en el puro instinto. Nacerían de una percepción natural, una intuición quizás algo exagerada pero bien dirigida. Así que, en este caso, lo que se requiere es, primero, una decidida autocrítica por parte de los jueces y, luego, las consiguientes reformas del poder judicial, diseñadas por el poder ejecutivo. Esta lógica torturada invita a la confusión: uno no se aclara acerca de qué pulsiones sociales merecen atención y cuáles necesitan reeducación. Conviene, por tanto, dilucidar cuándo una encuesta se convierte en argumento de autoridad y cuándo en el reflejo de una hipnosis. ¿Se puede inocular el virus de la sospecha de forma artificial o el cuerpo social sabe bien olfatear cuando algo huele a podrido en Dinamarca? ¿El ciudadano ve espejismos racistas en su barrio pero es capaz de analizar con gélido criterio los autos judiciales? La respuesta es que no hay una respuesta concreta, porque la lógica imperante es la de la sociología de la oportunidad. El lawfare será lawfare mientras enjuicie a una corrupción de progreso. Después volverá a ser sencillamente Justicia.