"Otra noche de infierno bajo el fuego israelí" en Beirut: "Ya no les importa nada. Bombardean a todos"
ResumenPara acceder al apartamento de Ali Wehbe hay que caminar entre trozos de muros, motocicletas aplastadas por las ruinas y la puerta de metal que cerraba el acceso al edificio, que reposa sobre el asfalto, tras ser arrancada por la explosión. Wehbe y su madre Aida viven en el primer piso. A las 4:00 de la mañana estaban durmiendo. Se despertaron con los disparos al aire de los milicianos que residen en el entorno.
Para acceder al apartamento de Ali Wehbe hay que caminar entre trozos de muros, motocicletas aplastadas por las ruinas y la puerta de metal que cerraba el acceso al edificio, que reposa sobre el asfalto, tras ser arrancada por la explosión. Wehbe y su madre Aida viven en el primer piso. Justo a metros del objetivo israelí. A las 4:00 de la mañana estaban durmiendo. Se despertaron con los disparos al aire de los milicianos que residen en el entorno. Es el singular método que tienen en este país para avisar de un ataque inminente. "Las ráfagas de tiros nos alertaron y salimos corriendo en pijama", cuenta el libanés, de 35 años. Los dos inquilinos del primer piso del número 10 de esta calle de Bashura se encontraban a primera hora de la mañana intentando poner orden en el caos que había dejado el bombardeo israelí de la madrugada. Como escribía el diario local L'Orient Le Jour, Beirut había "vivido otra noche de infierno bajo el fuego israelí". La aviación y los barcos de guerra de Tel Aviv atacaron varios suburbios de la capital libanesa en una ofensiva que dejó al menos 12 muertos y decenas de heridos. Entre los fallecidos figura un presentador de la cadena Al Manar, el órgano de propaganda de Hizbulá, y su esposa, asesinados en su vivienda. "Sus hijos y nietos, entre ellos mujeres y niños, también resultaron heridos", manifestó el movimiento chií en un comunicado. La violenta acometida afectó a barrios como Zokat el Blat, Basta o el citado Bashura, que se encuentra a pocos cientos de metros de la sede del Gobierno libanés y la Plaza de los Mártires, el eje central de la villa. Todos esos arrabales se encuentran lejos de los surburbios sureños donde Hizbulá dispone de instalaciones logísticas y que son golpeados de forma recurrente por los aviones israelíes. Una bola de fuego se eleva desde el lugar donde se produjo un ataque aéreo israelí contra un edificio en el barrio de Bashura, en Beirut.FADEL itaniAfp El periódico local An Nahar reconocía que todo Beirut -sin distinción de barrios habitados mayoritariamente por tal o cual comunidad confesional- "se ha convertido en un campo de batalla abierto para" los uniformados de Tel Aviv. "Ya no les importa nada. Bombardean a todos", señaló Adnan, otro chaval de Bashura, mientras observaba la absoluta devastación que dejó el suceso. Al igual que Ali Wehbe o Adnan, miles de personas se vieron obligadas a huir durante la noche frente al aviso del próximo bombardeo israelí. Los residentes permanecieron durante horas sentados en aparcamientos o al raso, en las calles, hasta que un misil impactó en el habitáculo, poco después de las 5 de la mañana, generando una enorme bola de fuego que se tragó toda la construcción. A las 9:30, cuando la polvareda y el humo generado por los incendios subsiguientes ya se habían disipado casi totalmente, donde antes había una construcción de una docena de pisos ahora sólo quedaba una pila de escombros. Un pequeño fuego seguía ardiendo entre los escombros de lo que había sido el parking subterráneo del edificio. Los servicios de rescate habían apilado las motos arrasadas por la metralla. Otros muchos coches seguían cubiertos por una densa patina de polvo o con las ventanas rotas. A pocos metros del lugar del suceso se podía divisar a uno de los libaneses desplazados -son miles en esta zona tan céntrica- durmiendo en el asiento de su vehículo, incapaz de mantenerse despierto pese al truculento episodio que venía de presenciar. "Termino de recoger y me voy a trabajar" Ali Wehbe era otro de los muchos que afrontaba el truculento evento con la resignación que define a una nación que no cesa de sufrir guerra tras guerra con Israel, desde que se fundó este último estado en 1948. "Tengo que terminar de recoger y me voy a trabajar", precisó. "Esta es nuestra vida cotidiana, desgraciadamente. Tengo que trabajar para pagar las reparaciones del apartamento", agregó. Ali ya había tenido que invertir 5.000 dólares en rehabilitar el lugar en 2024. Se da la circunstancia de que el edificio derruido había sido atacado hasta en otras dos ocasiones. Una en la última guerra y otra el pasado jueves. El libanés señala a un muro agrietado que marcaba la divisoria con una de las habitaciones y otro que ha desaparecido, arrancado por el estallido. "Esos los construimos durante las últimas reparaciones por los daños que dejó el bombardeo del 2024. Esta es la tercera vez que han bombardeado este edificio. Israel dijo que había dinero de Hizbulá pero nunca hemos visto nada raro, y vivimos aquí desde el 2005. Ahora estaba vacío pero antes eran viviendas de civiles, como nuestro edificio", aclaró. El bloque de apartamentos derribado se encontraba ubicado en medio de una zona especialmente congestionada. Un entorno de grandes torres de viviendas y calles estrechas. A pocos metros se observa una escuela repleta de desplazados. La imagen que se divisaba desde el último piso de otra de las viviendas cercanas, la residencia de Hamza Hiyasi, de 60 años de edad, era absolutamente estremecedora. Lo único que permanecía erguido sobre los despojos era un trozo de pared. Alrededor se veía actuar a las palas excavadoras y un coche de bomberos. Hamza regresó de Australia hace cuatro años. Vivía allí desde 1988. Ha adornado su vivienda con una gran pintura que rinde homenaje a Sídney y al país oceánico. Llena de canguros, avestruces y la famosa sede de la Ópera de la villa australiana. Esta fue la segunda vez que tuvo que huir de su apartamento pese a que todavía no se ha recuperado de la operación de cadera que afrontó hace unas semanas. De hecho, camina apoyándose en una estructura metálica. "El jueves pasado me hice daño al salir. Me retorcía de dolor", precisó. Hamza es otro de esos libaneses que se adaptan a las circunstancias. Atesora muchas guerras. Por eso sabía que antes de abandonar la casa tenía que dejar abiertas las ventanas y las puertas. Eso evitó que la onda expansiva las reventara. Su piso era uno de los pocos que no presentaba ningún tipo de daño, pese a estar a metros del lugar atacado. Sin embargo, el libanés dice que no tuvo tanta suerte con la casa que construyó en su villa natal, Blida, no lejos de la frontera con Israel. "Me gasté 1,5 millones de dólares y la arrasaron en el 2024", comenta. "Agarré el coche y me fui a Sidón" "Es nuestro destino, sufrir guerra tras guerra con los israelíes", le secunda Adnan. "Atacan edificios civiles para presionar a los civiles. Es pura guerra psicológica", añadió. La desolación de Bashura se reproducía en otras zonas adyacentes. Varias calles de Zikat el-Blat, también a pocos metros del corazón administrativo de la capital, aparecían dominadas por decenas de automóviles machacados por los cascotes caídos de las viviendas asoladas por los cohetes israelíes. Aquí, los israelíes destruyeron dos apartamentos y otra edificación, que también se derrumbó bajo el efecto de la munición. En el barrio de Basta, uno de los testigos del bombardeo israelí fue el ciudadano español Ahmad Zahabi, que reside en un apartamento al costado del que terminó en llamas. "No nos avisaron. Estábamos preparando el desayuno. Sólo vi una gran luz roja, muy potente, y después la explosión. La explosión reventó todos los cristales y provocó el caos. Agarré el coche y me fui a Sidón", relató por teléfono horas después. "Es una locura. (Los israelíes) están bombardeando todo, sin distinción", agregó. Además de Beirut, el ejército israelí reconoció que el hostigamiento de sus fuerzas se extendió a otras muchas regiones del país y especialmente a la localidad sureña de Tiro. La ofensiva se produjo horas después del mensaje que lanzó la noche del martes, el secretario general de Hizbulá, Naim Qassem, donde se felicitó por la "sorpresa" que ha causado la resistencia de los paramilitares en el sur del país ante el intento de invasión israelí. "La resistencia continuará, sin que nos importe los sacrificios, y el campo de batalla decidirá el resultado", aseguró el líder del también llamado Partido de Dios, en tono desafiante. Las palabras del jefe de filas de Hizbulá coincidieron casi en el tiempo con el lanzamiento de una amplia salva de cohetes -más de un centenar, según el medio israelí Yediot Aharonot- contra una decena de localidades del norte de Israel, una acción que nuevamente puso en cuestión las afirmaciones de Tel Aviv sobre el alcance del daño que ha infringido a las capacidades militares de esta formación. Tel Aviv anunció que comenzará a bombardear los puentes que cruzan el río Litani, cuyo curso se ha marcado como objetivo de una invasión terrestre que apenas progresa hasta ahora, ante la resistencia que están ofreciendo los militantes de Hizbulá. Las fuerzas armadas de Israel "han expresado su preocupación por un renovado afianzamiento de Hizbulá" en las aldeas sureñas, "que no esperaba", escribía este miércoles el diario israelí Yediot Aharonot. Para Ali Wehbe esta conflagración se extenderá en el tiempo. "Y va a ser mucho más peligrosa", concluye.