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El Mundo ·

Morante de la Puebla, cogido de forma dramática al recibir al cuarto toro de capote

Resumen

El silencio cayó como una losa sobre la Maestranza cuando las cuadrillas corrían hacia la enfermería con Morante de la Puebla desmadejado como un Cristo en sus manos. El Rey de los toreros había caído herido por un exceso de confianza, en los mismos medios, donde caen los valientes. Allí había acudido a parar al cuarto de Matilla, que se había emplazado sobre la misma boca de riego -¡maldita la hora!-, sobrado de fe. Amagó el toro, no sacó los brazos, y no obedeció.

El silencio cayó como una losa sobre la Maestranza cuando las cuadrillas corrían hacia la enfermería con Morante de la Puebla desmadejado como un Cristo en sus manos. El Rey de los toreros había caído herido por un exceso de confianza, en los mismos medios, donde caen los valientes. Allí había acudido a parar al cuarto de Matilla, que se había emplazado sobre la misma boca de riego -¡maldita la hora!-, sobrado de fe. Amagó el toro, no sacó los brazos, y no obedeció. Cuando quiso darse cuenta, lo tenía encima. Quiso escapar pero el certero animal lo atrapó, sin hacer caso el capote. Lo alcanzó por detrás, a la altura de la cadera, hiriéndolo por el glúteo. O eso parecía. Él se echó la mano atrás buscando el agujero en la carne, esa quemazón que provoca la cornada. Quedó tendido en el mismo ruedo el torero que hace cuatro días sublimaba el toreo, con una locura febril. Las cuadrillas se llevan a Morante a la enfermería.Efe Se lo llevaron a la enfermería, dolorido, desmadejado como un Cristo en las manos de los peones. El toro tenía sangre en un pitón, mucha longitud de pitón en muy mala zona. Ya en el quirófano comenzó el proceso de desvestirlo, localizar la cornada, antes de operarlo bajo anestesia general. Tardó mucho la intervención. Hasta pasadas las nueve y media de la noche no se supo nada, el pronóstico tildaba de "muy grave". Y lo era: el toro le había partido el recto. El parte facultativo provocaba escalofríos: "Herida por asta de toro en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforación en cara posterior de recto de 1,5 cm. Lavado de herida, y reparación de pared rectal y aparato esfinteriano. Drenaje aspirativo en espacio postanal y retro rectal". Firmaba la operación el doctor Octavio Mulet. Todo el mundo del toro vive ahora mismo en shock. Este era el temor de su regreso a los ruedos. La temporada dependede de Morante, convertido en un fenómeno de masas. La zona de la cornada es muy delicada, no tanto por los destrozos musculares como por las infecciones. «Bueno, a ver si hacemos algo diferente, aunque ya no sé qué hacer», había dicho Morante de la Puebla en el túnel de cuadrillas. A las 18.45 ya sabía qué hacer, y levantaba sobre el albero un prodigioso quite por gaoneras. No de cualquier manera, sino con un compás alucinante, como dibujó el lance, con la pata p'alante, toreando con el vuelo del capote, qué digo el vuelo, con la palma de la mano. Aguantó un parón sin guiñar un músculo, esperando con la bamba puesta. Una suerte de atragantón, en las últimas décadas, convertida en monumento a la belleza. La sutileza de la revolera con que asió el capote a la espalda, la sutileza del remate airoso. Sutileza pedía el buen aire del toro de Matilla, hechurado, cornidelantero, una pintura con el poder contado. Ya había clavado los pitones en la última de las cuatro mecidas verónicas de un quite anterior. La inteligencia presidió la faena, además de todo lo demás, para no apretarlo, cuidarlo con una precisión y una armonía exactas. Morante puso el pasito más que faltaba, la emoción en el embroque, la preclara visión de entender la mano derecha; por la izquierda, el ajuste fue bárbaro -el toro un punto por dentro- y el trazo adquiría una importancia extraordinaria, sólo a los vuelos. El maestro cimentó la faena en su diestra, redondos esféricos, sin la intensidad final que perdía el toro. El epílogo a pies juntos y enfrontilado fue como ver al Giraldillo por naturales. Después recetó un volapié con tal pureza que ya es la estocada de la feria, en todo lo alto. Del encuentro salió con la taleguilla partida. El palco no quiso entregar la segunda oreja; la que ganó no tuvo nada que ver con ninguna otra de la tarde. Ya ves el prestigio de no concederla a estas alturas, con Morante yaciente. Quedó en el ruedo Clandestino, con su casta remontada, cierta expresión de genio, para Borja Jiménez. Ninguno de los tres toros anteriores de Matilla había sido así de levantisco, sino con una nobleza muy notable, con diferentes grados de clase, siempre presente. A Borja el punto de transmisión le encaja, potencia y hace que lo suyo suba: necesita la inyección de la raza más que la clase. El tipo se puso y se impuso desde que se clavó de rodillas, tras dejar la montera en la enfermería (sensible moda que no entiendo). Clandestino repetía mordiéndose la casta, humillado, pidiendo guerra y gobierno. BJ se los dio, guerra y gobierno, digo. Por abajo todo, esa era la clave, desprendió emoción la faena de poder, trepidante, con mucha autenticidad, siempre buscando además la curva; Clandestino también hacía todo por abajo, esa era su gran virtud dentro de la codicia y algunas miradas. La entrega del torero de Espartinas fue absoluta. Sonaba a triunfo clamoroso -ya había cortado una oreja-, a la gloria debida de la otra tarde de Victorino, a la Puerta del Príncipe pendiente, pero otra vez la espada se atravesó en su camino. Un pinchazo desesperante y otro desesperado, tirándose entre los pitones. Sólo iba herido en el orgullo. La estocada al tercer viaje redujo el premio a una vuelta de consolación. Borja Jiménez cortó dos orejas en una íntegra tarde.Efe La corrida de Matilla fue la corrida de la feria. Será muy difícil que salga otra así. Seis de seis con sus virtudes, matices, incluso defectos; y de los seis, esos tres primeros de delicatesen. Almedrito había saltado al ruedo con el ritmo proverbial de su reata; los Almendritos dan en casa de García Jiménez categoría y lujo, ese modo de colocar y volcar la cara y colocarse y volcarse en la muleta. Colorado, chorreado, con buen cuerpo; el cuello como un tobogán por el que bajaban embestidas categóricas. Borja Jiménez, sintió aquello pronto, cuando remató por abajo el animoso saludo por chicuelinas. Después quiso mucho, pero de tanto querer le faltó perder un paso para no ofrecer esa sensación de cierto amontonamiento. La clase de Almendrito se hacía mucha. Bien a falta del punto más. El trofeo se quedó corto como la ovación para el toro en el arrastre. La tarde del sevillano resultó finalmente de enorme integridad, y volvió a entregarse a tumba abierta con un sexto -se corrió turno- que era un tío. No malo, pero sin ritmo. Una nobleza más tosca. Borja se fue a porta gayola, se jugó la vida por cambiados y se vació. Mató con un espadazo defectuoso, pero mató. Otra oreja como premio a su hombría. Tomás Rufo no tuvo su tarde ni con el enclasado tercero ni con el más bruto y noblón sobrero. Como si hubiera perdido el tacto del toreo. Todo es relativo al lado de ver caído al Rey de los toreros. Ficha del festejo: Plaza de la Maestranza. Lunes, 20 de abril de 2026. Novena de feria. Lleno de "no hay billetes". Toros de Matilla (Hnos. García Jiménez y Olga Jiménez), el sobrero incluido (5º bis); todos cuatreños; bien presentados en diferentes hechuras; muy notable conjunto; los tres primeros de nota, especialmente el 2º; enrazado el 4º; de más tosca nobleza el 6º; bruto el noblón (5º bis); todos humillaron.Morante de la Puebla, de azul pavo y oro. Gran estocada (oreja y fuerte petición). Borja Jiménez, de nazareno y oro. Estocada (oreja); dos pinchazos y estocada (vuelta al ruedo); media estocada pasada, tendida y desprendida (oreja y petición). Salió a hombros por la puerta de cuadrillas.Tomás Rufo, de azul marino y oro. Estocada rinconera (silencio); en el quinto, estocada baja (silencio).Parte médico: Morante de la Puebla fue intervenido en una 'herida por asta de toro en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforación en cara posterior de recto de 1,5 cm. Lavado de herida, y reparación de pared rectal y aparato esfinteriano. Drenaje aspirativo en espacia postanal y retro rectal. Pronóstico: muy grave'.